01 noviembre, 2010

Jacques Sternberg


Leí por primera vez los cuentos de Jacques Sternberg hace unos 7 u 8 años, viviendo en Francia. Me sorprendieron por su ingenio e imaginación, por su visión impiadosa y sarcástica de la civilización humana, por su intensa brevedad y, entre muchas cosas más, por cómo se vinculaban de diferentes modos con muchos otros grandes cultores de las formas narrativas hiperbreves: desde Cortázar o Arreola hasta Kafka o Fredric Brown.

Traducir los cuentos de Sternberg (prácticamente inéditos en castellano, salvo pocos casos aislados) pasó a ser una especie de sueño personal, que recrucedió con la fundación de la editorial La Compañía. No es exagerado decir que una de las múltiples razones que en su momento me empujaron a crear una editorial independiente fue el deseo de traducir y publicar los cuentos de Sternberg, sueño que se hizo posible gracias a la generosidad de su viuda y de su hijo.

Los "Cuentos glaciales" de Jacques Sternberg están a la venta desde hoy, lunes 1 de noviembre. El viernes pasado el suplemento ADN del diario La Nación (Argentina) publicó un anticipo del libro, y en algunas próximas entradas de este blog yo también ofreceré varias muestras del arte del microrrelato según Sternberg.

(c) Ulf Andersen




Jacques Sternberg nació el 17 de abril 1923 en Amberes, Bélgica. Su padre era un diamantista de origen judío. Según él mismo declaró, en la escuela no se hallaba a gusto y todas las materias se le hacían difíciles. En cambio, le gustaba pasar el tiempo en su habitación, con juguetes lujosos, libros ilustrados del siglo XIX y películas de Chaplin o Laurel y Hardy. También solía jugar al tenis y andar en bicicleta.

Cuando estalló la guerra, su familia dejó Bélgica, pasó por París,
Arcachon, Biarritz y finalmente se refugió en Cannes. Allí, Sternberg descubrió la navegación, una de las pasiones de su vida, y leyó a autores como Katherine Mansfield, Erskine Caldwell, Waldo Frank o William Faulkner.

En 1942, a raíz de la guerra, debieron abandonar la Costa Azul y viajaron a España. En Barcelona los detuvieron. Luego de tres meses de prisión, los enviaron otra vez a Francia, al
campo de concentración de Gurs. La hermana y la madre lograron salir. El padre fue enviado al campo de Drancy y luego lo trasladaron al de Majdanek. Allí murió. Jacques, por su parte, pudo escapar del horror en 1943, durante un traslado.

Pasó unos meses en París, sin escribir ni leer, casi sin recursos. Luego, lo llevó de nuevo a Bélgica un jeep del ejército de Estados Unidos. Entre 1945 y 1954, intentó contar sus experiencias al estilo de Henry Miller o Louis-Ferdinand Céline. “Creí que podría narrar las cosas como ellos […], pero no estaba hecho para algo así”, dijo después. Destruyó las seis novelas nacidas de esos impulsos.


De todos modos, en Bélgica llegó a publicar un relato de su cautiverio en Gurs (La boîte à guenilles
), además de su primer libro de cuentos (Angles morts), ambos bajo el seudónimo Jacques Bert. Se casó, empezó a escribir profesionalmente en la prensa, tuvo un hijo y trabajó como embalador. En 1948 comenzó a escribir sus microrrelatos, que leía dos veces por semana en el cabaret literario La Poubelle; algunos de los textos que leyó allí acabarían incluidos en Cuentos glaciales.

A principios de la década del ’50, volvió a París con su esposa y su hijo. Trabajó como embalador, vendedor, dactilógrafo, publicista y detective. Gracias al apoyo de Jean Paulhan (escritor, director de La Nouvelle Revue Française
) empezó a publicar textos literarios en la revista bilingüe Points.

Hizo una edición artesanal del libro de cuentos La géométríe dans l’imposible
, que Eric Losfeld decidió publicar poco más tarde. En 1954, Sternberg editó la novela Le délit y un año después lanzó Le petit silence illustré –considerada muchas veces la primera revista underground francesa–, de la que llegaron a aparecer siete números.

Su carrera comenzaría a consolidarse con La sortie est au fond de l'espace
, una novela vanguardista de ciencia ficción. A ese libro le siguieron otros como Entre deux mondes incertains, L'employé (Prix de l’Humour Noir 1961), Un jour ouvrable o el ensayo Une succursale du fantastique nommée science-fiction.

En 1962 fundó con Alejandro Jororowsky, Fernando Arrabal y Roland Topor el famoso Grupo Pánico, un anti-movimiento que planteaba una renovación de las tendencias surrealistas y dadá.


Tras el éxito de la novela Toi, ma nuit
(20 mil copias vendidas), Alain Resnais lo convocó para escribir el guión de Je t’aime, je t’aime. Sternberg también probaría suerte en el teatro, pero su obra C'est la guerre, monsieur Gruber (escrita en diez días, con una botella de whisky sobre la mesa, según dijo) sería aniquilada por la crítica.

Ya en la década del ’70, reunió en un volumen casi trescientos relatos breves escritos en el transcurso de veinticinco años. Así nació Cuentos glaciales
; para muchos, lo más valioso de su obra y, sin duda, un libro clave en el género de los microrrelatos.

El éxito de la novela Sophie, la mer et la nuit
, publicada en 1975, amplió su fama. Tras editar algunos libros que no tuvieron mayor aceptación, dejó de escribir novelas en 1989. En los años ’90 lanzó cinco libros de cuentos (en muchos casos, microrrelatos) que le otorgaron un reconocimiento importante.

En 2001 publicó el “rompecabezas autobiográfico” (así llegó a definirlo)
Profession, mortel. Al año siguiente se editó su último libro: 300 contes pour solde de tout compte. El 11 de octubre de 2006, a los 83 años, falleció por un cáncer de pulmón. Como tributo al humor negro y absurdo que marcó su carrera, esparcieron sus cenizas en un cementerio.

Según la leyenda, durante su vida recorrió 300 mil kilómetros en su bicicleta motorizada Solex y 30 mil millas náuticas en su velero. Los más de 1.500 textos que escribió lo ubican como el cuentista francés más prolífico de su época.


Pese a todo esto, es prácticamente desconocido para los lectores de lengua castellana, salvo por la inclusión de diez microrrelatos suyos en la fundamental –ya clásica– antología La mano de la hormiga
, de Antonio Fernández Ferrer.

Su obra puede relacionarse con autores como Kafka, Cioran o Bierce, pero también con los Hermanos Marx. Gran admirador de Cortázar, su espíritu anarquista cuestiona con agudeza, desde el absurdo, las convenciones sociales, la publicidad, la religión, el trabajo, la ciencia, la burocracia.

“No sirve de nada aprender cosas. La inteligencia es tener la inteligencia de no aprender nada”.
Toi, ma nuit

“Qué espanto: estar vivo significa, ante todo, preguntarse si uno aún estará vivo dentro de una hora”.
Fin de siècle

“Estamos condenados, los habitantes de la tierra, a la banalidad”.
Nous deux

5 comentarios:

Gervasium dijo...

Evidentemente, otro gran libro de la editorial de Eduardo y Compañía. Qué buena noticia, Berti. Gracias!

Diosesargentino JULIANO dijo...

lo leeremos con ansiedad.

Jesus Esnaola dijo...

Gracias, Eduardo. Es una noticia magnífica. Intenté disfrutarlo en francés, hace unos años, pero mi justito dominio del idioma no me lo permitió.

Un abrazo.

Carina Felice.Fotografías. dijo...

El mejor de los éxitos Eduardo, metáfora de cómo alcanzar los sueños a menudo se nos torna posible.

un cordial abrazo,
Carina.

simpática y puntual dijo...

Lo tengo y lo estoy disfrutando.