12 octubre, 2010

25 años sin Orson Welles

Orson WELLES


Numerosos medios periodísticos se han ocupado de recordar que el pasado domingo se cumplieron 25 años de la muerte de Orson Welles, uno de los artistas más influyentes y versátiles del siglo XX.

Autor de "El ciudadano" (la que muchos consideran como la mejor película de la historia), elegido más de una vez como el mejor director de cine de todos los tiempos, Welles fue un magistral prestidigitador y es mucho más que un azar, quiero entender, que en su última aparición pública (en un programa de TV, horas antes de sufrir el ataque cardiaco que lo mató) se lo viese haciendo un truco de magia.

Welles fue también el director de clásicos como «El tercer hombre» (1949) o «Sed de mal» (1958), pero su nombre se sigue recordando, ante todo, por el temprano episodio que en 1938, antes de la Segunda Guerra Mundial, lo volvió mundialmente famoso: cuando representó por radio una adaptación de "La guerra de los mundos" de H. G. Wells y el realismo causó pánico entre los oyentes de Estados Unidos, quienes creyeron que, en efecto, estaba ocurriendo una invasión extraterrestre.

"Hitler hizo lo mismo que Welles pero no estaba jugando", sostuvo alguna vez Marshall Mc Luhan, analizando el pánico y la sugestión de masas causados por La guerra de los mundos
.

Es evidente que Welles estaba jugando. Lo que aún se discute es con cuánta conciencia. ¿El efecto fue superior a lo que él mismo esperaba? Resulta interesante, en tal sentido, cotejar la postura de Welles después de la transmisión radial, en la inmediata conferencia de prensa, con la que mostrara años después, por ejemplo en un reportaje concedido a la BBC en 1955. En la conferencia de prensa de 1938 el rostro de un Welles hasta cierto punto demasiado compungido transmite inocencia y desconcierto: por más que un grupo de policías había entrado en el estudio de radio, nadie imaginaba el terror que estaba sembrando la emisión. Dos décadas más tarde, Welles contó algo por completo diferente. Dijo que "estaba harto de que todo lo que salía por radio fuese tragado, creído, reverenciado por la gente, lo mismo que hoy ocurre con la televisión".


Todo permite suponer que Welles era muy consciente de lo estaba haciendo. Cuando su adaptación de la obra de H.G. Wells fue transmitida, el 30 de octubre de 1938, no sólo acababa de estrenarse una película que narraba las aventuras de Flash Gordon en Marte (para algunos estudiosos, fueron las imágenes de este film las que cobraron vida en la imaginación de quienes escuchaban el falso relato periodístico de Welles), sino que la radio ya se había erigido en el medio de comunicación por excelencia.


A diferencia de sus antecesores, el presidente Roosevelt empleaba desde 1933 la radio para dirigirse a la nación; lo mismo que uno de sus adversarios políticos más acérrimos, el conservador Huey P. Long, o que varios pastores religiosos. Toda Norteamérica había seguido en directo y con un nudo en la garganta el relato radiofónico del famoso incendio del Zeppelin, en 1937. Y cuatro semanas antes de la travesura de Welles, la misma emisora CBS había transmitido en directo las invasiones alemanas en Europa.





Mi película favorita de Orson Welles es, sin lugar a dudas, "F for Fake" ("F de Falso" o "F de Fraude", según las traducciones). Es la película de un mago o, si se prefiere, de un genial y honesto falsificador que hace suyo el lema de Picasso: "El arte es una mentira que nos hace ver la verdad".

"Film ensayo", según Welles ("falso documental" o "patchwork", según los críticos),"F for Fake", su penúltimo largometraje, fue compaginado entre 1973 y 1974 y, por su estrategia y por su vinculación con el tema del engaño y el ilusionismo, puede entenderse como una suerte de "Guerra de los mundos"
por momentos a la inversa, ya que, en lugar de montar una ilusión, el narrador y presentador de la película (el propio Welles, puesto a cumplir el rol de reportero "on-site") se encarga de explicitar cómo puede fabricarse una farsa o suscitar una sugestión. Y la lección es, claro, una obra maestra.