02 septiembre, 2010

Kath Bloom

Hace quince años, en Buenos Aires, fui a ver al cine Before Sunrise, aquella hermosa película de Richard Linklater con Ethan Hawke y Julie Delpy (a la que siguió una muy buena secuela, en 2005) y quedé impactado por la música que sonaba en esta escena:




Leyendo los títulos finales, no tardé en averiguar que la canción se llamaba "Come Here" y que su cantante y compositora era una tal Kath Bloom de la que no había oído hablar hasta ese momento.

Meses después, gracias una beca, pude pasar unas semanas en Nueva York y fui especialmente a la hoy extinta zona de pequeñas disquerías de la calle Bleecker, en busca de algo de Kath Bloom. Los que atendían allí sabían mucho de música, no cabe duda, pero todos, sin excepción, me miraron extrañados: "¿Kath... qué?".

Llegué a pensar que Bloom no existía, que acaso Linklater le había hecho cantar ese tema a alguna conocida y que habían empleado un seudónimo o algo semejante.

Por un tiempo olvidé el asunto hasta que cierta tarde, buscando figuritas difíciles en esa caja de pandora que es Internet, se me ocurrió googlear a Kath Bloom.

No sólo comprobé que existía, sino también que era una leyenda del folk, que su carrera había comenzado en los años setenta (en gran medida junto con el guitarrista Loren Mazzacane Connors) y que, tras una suerte de pausa o de silencio artístico, había vuelto a grabar y lanzar discos como "Terror" (2008) o la compilación "Finally".

Las ironías de la vida: el domingo pasado, en Madrid, a muy pocos pasos de mi casa, pude ir a ver en vivo a Kath Bloom, la misma que parecía no existir en su país natal.

Fue un concierto especial (en la terraza de la Casa Encendida, mientras el sol se ocultaba) y Bloom demostró y hasta reforzó en vivo lo que yo ya pensaba tras haber escuchado algunos de sus trabajos discográficos: que es un artista exquisita y original, con el raro don de conmover en el acto.

Todas las comparaciones son desafortunadas, pero a veces de cierta utilidad. Así, podríamos decir que Bloom posee algo del intimismo confesional de Joni Mitchell, de la sofisticada simpleza de Neil Young y de la melancólica emoción de Nick Drake. Tiene una voz increíble (que le ha granjeado la completa admiración de Devendra Banhart), es una excelente compositora y aunque se ha escrito que es una guitarrista intuitiva (autodidacta, según cuentan sus biografías), al mismo tiempo no extraña saber que su padre fue un destacado oboista (Robert Bloom) y que en su infancia ella estudió cello de forma clásica.

Esa fascinante mezcla de clasicismo y libertad, de tradición y experimentación es, en buena medida, lo que también hace que la música de Kath Bloom sea tan especial.



El concierto de Madrid fue una excusa para presentar su nuevo álbum ("Thin Thin Line"), editado por el sello Caldo Verde (éste es su sitio) y que consigue superar a su predecesor "Terror" o, al menos, no palidecer en absoluto al lado de él.

Si alguno de ustedes tiene la fortuna de estar en Inglaterra en estos días, la pequeña gira de Bloom prosigue por allí durante esta semana. Si no es el caso, busquen ya mismo cualquiera de sus últimos discos.

http://www.caldoverderecords.com/kb/03.mp3

(When I see you coming my way / I pretend I’m not at home / see you turn around so slowly / and I cry / I’m all alone)