Brasilia, año 1960. Fotografía de Adolfo BIOY CASARESLos brasileros resolvieron –habría que saber cuándo, o si les viene de sus padres portugueses– jugar a las similitudes y no a las diferencias. Ven el horizonte repleto de barcos rebosantes de arracimados alemanes, libaneses, japoneses y les gritan «¡Bienvenidos!», abren los brazos, los encuentran hermosos, parecidos a ellos. Con igual espontaneidad los argentinos jugamos a las diferencias y cerrando los puños mascullamos: «¡Foráneos de mierda!».
Adolfo Bioy Casares, "Unos días en el Brasil" (La Compañía)
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1 comentario:
Veo que el libro de Alberto Manguel te sigue dando vueltas en la cabeza. Gracias por esta nueva cita que merecía estar en "Las tablillas de Gilgamesh".
Abrazos,
Puerto
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