12 septiembre, 2010

Jugar a las diferencias

Brasilia, año 1960. Fotografía de Adolfo BIOY CASARES


Los brasileros resolvieron –habría que saber cuándo, o si les viene de sus padres portugueses– jugar a las similitudes y no a las diferencias. Ven el horizonte repleto de barcos rebosantes de arracimados alemanes, libaneses, japoneses y les gritan «¡Bienvenidos!», abren los brazos, los encuentran hermosos, parecidos a ellos. Con igual espontaneidad los argentinos jugamos a las diferencias y cerrando los puños mascullamos: «¡Foráneos de mierda!».

Adolfo Bioy Casares, "Unos días en el Brasil" (La Compañía)

Más sobre el libro: acá.



1 comentario:

Anónimo dijo...

Veo que el libro de Alberto Manguel te sigue dando vueltas en la cabeza. Gracias por esta nueva cita que merecía estar en "Las tablillas de Gilgamesh".

Abrazos,

Puerto