
Froté la lámpara maravillosa por tercera vez.
–¿Qué deseas? –preguntó el genio del turbante.
–Quiero ocupar tu lugar –le respondí.
Desde entonces, cada vez que quiero algo, friego mi lámpara y aparezco.
Ya no tengo pretensiones insatisfechas, eso es bueno. Pero me aflige sentir que, con el tiempo, esta horrible omnipotencia en cautiverio me fue robando el placer de desear y de cumplirle, a quien me llame, sus deseos.
Cuento de Martín Gardella (ver la entrada anterior), publicado en su reciente libro Instantáneas.
1 comentario:
¡Martín, sal ya de la lámpara, so genio! Nuevamente, abrazos a ambos.
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