10 septiembre, 2010

El genio


Froté la lámpara maravillosa por tercera vez.

–¿Qué deseas? –preguntó el genio del turbante.

–Quiero ocupar tu lugar –le respondí.

Desde entonces, cada vez que quiero algo, friego mi lámpara y aparezco.

Ya no tengo pretensiones insatisfechas, eso es bueno. Pero me aflige sentir que, con el tiempo, esta horrible omnipotencia en cautiverio me fue robando el placer de desear y de cumplirle, a quien me llame, sus deseos.


Cuento de Martín Gardella (ver la entrada anterior), publicado en su reciente libro Instantáneas.

1 comentario:

Víctor dijo...

¡Martín, sal ya de la lámpara, so genio! Nuevamente, abrazos a ambos.