30 julio, 2010

El montículo de los pájaros


En una aldea de Kashima, en la provincia de Hitachi, un hombre llamado Medama no Rinnai había escogido, entre todos los oficios posibles, el que consiste en cazar innumerables pájaros, y lo cumplía sin treguas, sin preocuparse siquiera por las tormentas de las noches de invierno, con la complicidad de los jóvenes vecinos.

Su mujer le aconsejaba que renunciara, pero él no acataba. Una vez, afligida, ella se acostó sola y, puesto que no podía dormir, se puso a meditar sobre la impermanencia de este mundo. De pronto, sus dos hijos que dormían a su lado comenzaron a hablar en sueños y el cuerpo de ella tembló treinta y siete veces de miedo.


Tarde en la noche, regresó su marido.


-Esta noche tuve suerte –dijo.


La mujer, entre sollozos, repuso:


-Sé que esta noche has cazado treinta y siete pájaros, entre ellos ocho medianos y tres grandes. ¿Hasta cuándo vas vivir así?


Rinnai examinó su cesta y comprobó, con estupor, que la cantidad de pájaros era ésa. Su mujer le contó entonces de los temores nocturnos de sus hijos. El también se puso a temblar y enterró esa misma noche sus utensilios de caza bajo un montículo. Ese sitio aún existe y se llama el “montículo de los pájaros”.

El montículo de los pájaros (Ihara Saikaku)




En materia de literatura japonesa, suele decirse que tres escritores marcaron el fin del siglo XVII y los inicios del siglo XVIII: un poeta (Basho, reputado por sus haikus), un dramaturgo (Chikamatsu, el “Shakespeare japonés”) y un narrador : Ihara Saikaku. Se sabe poco de la vida de Saikaku. Se cree que empezó como poeta, antes de volcarse a la narrativa ; se afirma que era comerciante en Osaka y que, tras la muerte de su mujer y de su única hija, hizo un periplo por todo el país que años más tarde deparó una suerte de guía de viaje: Hitomé tamaboko. Como novelista, su obra principal es “Vida de un hombre” (Kôshoku Ichidai otoko), publicada en 1682, a la que sigue dos años después una especie de secuela llamada “Vida de otro hombre” y, luego, “Vida de una mujer”. Llegó a escribir un par de obras teatrales, entre ellas Koyomi ("El almanaque"). Pero ante todo es recordado por sus cuentos, que en su conjunto conforman una especie de “Comedia humana”. En 1685 editó los cautivantes “Cuentos de provincia” (35 relatos divididos en cinco libros), en 1687 “El gran espejo del amor entre hombres» (40 cuentos bastante más extensos, repartidos en ocho libros) y el mismo año “La tradición de la vía de los guerreros” (32 cuentos en ocho libros), a los que siguieron “Historias de guerreros fieles a sus deberes” o “Nuevos cuentos para reír”, entre otros. El propio Saikaku ilustró varios de sus libros, pero en la mayoría fue Yoshida Hanbei el ilustrador.


Más acerca de Saikaku, aquí.


1 comentario:

Jesus Esnaola dijo...

Estupenda entrada, Eduardo. Tanto por su mitad ficticia, de esos cuentos que me devuelven al cuento tradicional, venga de donde sea, que tanto he adorado de niño y no tanto, como por su parte más académica e instructiva, dándonos pie a buscar y profundizar en virtud de nuestras ganas.

Gracias.