02 junio, 2010

La misa del diablo


En su libro “Leyendas españolas de todos los tiempos¨, el novelista y cuentista José María Merino recopila casi doscientas leyendas de su país que le parecieron memorables. En un breve prólogo, Merino escribe que "la historia, la de los grandes asuntos y monumentos y los hechos notorios, pero también la de los lugares pequeños y los sucesos menudos, es la memoria desde la vigilia y la razón, pero la leyenda es la memoria desde la intuición y el sueño, una memoria soñada en la que se conservan sombras y signos sin los que ni la gran historia ni la pequeña se podrían entender del todo”. Un ejemplo de su libro es el siguiente texto:


En las proximidades de Aínsa, Huesca, vivía en época medieval el barón Artal de Mur, que empleaba en cazar por aquellos ásperos parajes la mayor parte de sus ocios. Una de sus jornadas de caza descubrió un jabalí y lo persiguió con sus perros hasta que el animal, acorralado, no tuvo escapatoria. Mas cuando el cazador se disponía a clavarle su lanza, el jabalí, con voz claramente humana, se dirigió a él pidiéndole que no lo matasen y asegurándole que no se arrepentiría de ello. Lo prodigioso del caso detuvo el brazo del barón, que perdonó la vida al animal y sujetó a sus perros para que lo dejasen escapar.

Aquella misma noche, en la fortaleza del barón, entre los leños ardientes de la chimenea, apareció un ser rodeado de llamas. Era el Diablo, y le dijo al barón que era él mismo quien, aquella mañana, había andado por el monte en figura de jabalí, a punto de ser cazado por el barón. En señal de gratitud po rhaberle perdonado la vida, el Diablo de prometió al barón que su hijo, que se encontraba lejos de casa luchando en la guerra contra los árabes, regresaría sin sufrir un solo rasguño, pues él lo tomaba bajo su protección. Y como prueba de su promesa, el Diablo dejó sobre la mesa un tizón encendido

El barón se quedó dormido, y cuando despertó atribuyó a un curioso sueño aquella aparición pero, sobre la mesa, el tizón se había convertido en un pedazo de oro puro. El hijo del barón regresó a casa sano y salvo, y el barón de Artal, considerando la buena voluntad que el Diablo había mostrado con él, decidió celebrar, una vez por año, una misa por su alma. La tradición se mantuvo durante varios siglos.

1 comentario:

Víctor dijo...

Si el recopilador es Merino, poco más hace falta decir. Sigo con tus recomendaciones, Eduardo. Un saludo.