16 junio, 2010

El bar de Newton


Newton era un amigo mío, brasileño, embajador en México, que un día viene y me dice: "¿Así que vas a Amsterdam? Yo salgo para allá en estos días. ¿Por qué no nos vemos el jueves 17 a la noche en un barcito que está en la calle Canal esquina tal? Es el lugar más alegre y divertido que puedas imaginarte. No dejes de ir". El día convenido voy y me siento solo ante una mesa. Newton no había llegado todavía. Miro a mi alrededor y aquello parecía un velorio: la gente inmóvil, bebiendo en silencio como autómatas... ¡el ambiente más aburrido del mundo! Y de pronto todo se despierta; oigos voces, suena una música, hay risas... Miro y ¿saben a quién veo? A Newton. El bar está en un sótano y Newton venía bajando la escalera. Cuando la gente lo vio llegar armó aquel barullo, una algarabía que duró hasta el amanecer. El bar es bonito, pero Newton no se imagina lo aburrido que es cuando él no está. Era él quien llevaba la alegría.

Gabriel García Márquez, "Cómo se cuenta un cuento" (Taller de guión)

3 comentarios:

Jesus Esnaola dijo...

Ostras Eduardo, es estupenda esta anécdota. Y dice tanto de la condición humana... Me has dejado una idea revoloteando la cabeza que si consigo convertir en algo te avisaré, lo siento, es tu castigo por escribir cosas interesantes.

Un abrazo

Eduardo Berti dijo...

Me alegra mucho, Jesís, que esta anécdota te haya dejado una idea revoloteando. Pero no es mía, atención. Es de un tal Gabriel García algo...

Jesus Esnaola dijo...

Sí, lo sé Eduardo, si leí el libro hace un montón de años, pero no la recordaba, debe de ser el alzheimer galopante que empiezo a sufrir, mi mujer se enfada conmigo cuando digo estas cosas pero es verdad que tengo una memoria horrible de un tiempo a esta parte. El día menos pensado la olvido a ella.

Un abrazo