15 marzo, 2010

Odiadores


En esa época –eso lo recuerdo muy bien- no tenía ni un enemigo de mi obra. Y yo era consciente de que necesitaba que hubiera algunos, porque podían ser muy útiles: un estímulo, un motor para la creación.

Hoy en día, a veces, cuando estoy escribiendo y me hallo en algún punto álgido o epifánico de mi texto, me viene a la cabeza un lector enemigo, uno de esos odiadores que dicen que hago metaliteratura y no sé que otras clasificaciones más, todas tan estereotipadas. Y me digo (mientras inscribo en mi novela alguna frase que juzgo muy propia de mi estilo): “¡Cómo le va a cabrear esto!”. La simple idea de que al odiador le voy a sacar de quicio me estimula de forma grandiosa, me ayuda a seguir adelante, a seguir creando.


Enrique Vila-Matas, fragmento de un extenso y agudo reportaje hecho por Miguel Angel Muñoz para "El síndrome Chejov".

Versión completa: http://elsindromechejov.blogspot.com/



3 comentarios:

Martín dijo...

Que buena esa teoría. Ya me estoy buscando un enemigo. Saludos

LEO MARES dijo...

Los enemigos siempre fueron muy útiles, también (o más) para escribir. Un saludo amigo

Adela dijo...

He ido a la página recomendada. He leído toda la entrevista. Me he dado cuenta que estoy en la luna de Valencia porque no he leído nada, absolutamente nada de Vila Matas, ni siquiera he tenido en mis manos un libro de él. He empezado a odiarte, señor Berti.
(Es broma, por Dios, que gracias por la actualización, al menos así...)
AD.