15 febrero, 2010

Puntualidad


Todos los veranos regreso al lugar que un día ocupó mi pueblo, sumergido desde hace treinta años bajo las aguas del pantano. Me siento en la orilla, o en un roquedo, y cada mañana, a las diez en punto, escucho un sonido que sube desde las profundidades, un tintineo sordo, conmovedor, helado como una pena. No, no es el tañido de las campanadas de la iglesia, me digo siempre, se parece más al timbre de la bicicleta del cartero.

Ángel Olgoso, "La máquina de languidecer"

3 comentarios:

Víctor dijo...

Me compré "La máquina de languidecer" hace poco y he de reconocer que es uno de los libros de microficción que más me ha gustado últimamente. Aunque llegas tarde (al menos para mí) en la recomendación, Eduardo, se agradece que descubras autores tan buenos como Olgoso.

Un saludo.

MANUEL IGLESIAS dijo...

Olgoso es un autor muy bueno, insisto en el comentario precedente. Aqui en Zamora sabemos de pueblos y aldeas sumergidas por pantanos, sus fantasmales restos al aire en épocas de sequía. A poco que uno esté atento se escucha hasta el ruido del viento en los viejos olmos que los sombreaban. Un saludo

Esteban Dublín dijo...

Magnífico.