26 febrero, 2010

El imitador de voces



Dos cuentos hiperbreves de "El imitador de voces", de Thomas Bernhard (traducción de Miguel Sáenz).


CORREO

Años aún después de haber muerto nuestra madre, el correo nos traía cartas dirigidas a ella. El correo no se había enterado de su muerte.


GIGANTE

En el cementerio de Elixhausen, unos obreros, que tenían el encargo de construir una sepultura para el propietario de una quesería que había muerto, desenterraron, a una profundidad de sólo setenta y cinco centímetros, el esqueleto de un hombre que debió de medir dos metros sesenta y cuatro y que, probablemente, fue enterrado ciento cincuenta años antes. En Elixhausen, al parecer, por lo que se recuerda, sólo han vivido siempre personas muy pequeñas.

3 comentarios:

hugo dijo...

Hola Eduardo:
(espero que esta vez tenga más suerte con el comentario ya que algún agujero negro se llevó el anterior).

Tengo con Bernhard una larga relación de encuentros y alejamientos. Después de leer "Helada" -gran novela de ritmo narrativo tan agobiante como envolvente-, "El malogrado" -¡excelente novelita corta! y aquella especie de biografía maldita -que Anagrama "nos legó" en los ochenta-, de la cual me quedo con el primer tomo, "El Aliento", llevo casi veinte años sin recaer en Bernhard.

De estos dos hiperbreves -por más que el segundo es casi un microrrelato-, me quedo con el primero por la cuestión temática -la vida después de la muerte producto de la inercia admnistrativa-. Sin embargo, el segundo tiene, para mi, un atractivo doble. Por una parte, la complejidad sintáctica de la primera oración, con esa primera frase de relativo que desaloja al verbo principal casi a la cuarta línea y luego lo que le cae al pobre complemento directo -me imagino a Sáez, acordándose de los antepasados de Bernhard a la hora de traducir la frasecita-. Por otra parte, existe una cuestión temática interesante: un muerto ocupará el sitio de la sepultura de otro muerto, un muerto pequeño, típico de Elixhausen, irá al lugar que, hasta entonces, fue dominio de tremendísmo gigante. Es como si la excepción quedara definitivamente desalojada por la "normalidad". Terrible.

Eduardo, he de confesarte que no he podido resistir la tentación de volver a mirar el corto de Richter y vuelvo a encontrarle cosas que ayer no advertí. Supongo que eso pasa con la obras de arte y lo de Richter lo es con ganas.

salut,
hugo

Anónimo dijo...

Eduardo: Sáenz, no "Sáez".

Saludo.

Eduardo Berti dijo...

Claro que sí. Error mío. Y está corregido. Muchas gracias.