12 enero, 2010

Viejo oficio, nuevos modos

Hablábamos hace pocos días de la costumbre de robar libros y hoy mismo el diario Clarín, de Argentina, publica un artículo sobre los "nuevos modos del robo de libros", donde señala que en la Argentina el "ladrón romántico" ya pasó al olvido.



Fuente de la imagen: http://diariodeiqt.wordpress.com


Por Fernando Soriano

De aquellos simpáticos ladrones de una pieza, románticos y sigilosos, subversivos del mercado editorial y su lista de precios, apenas ha quedado alguna huella, cierta reaparición intempestiva en nombre del (supuesto) amor a la literatura. Todo ha cambiado ahora; el robo de libros se alejó bastante de la rebeldía antisistema y terminó por acercarse en sus formas al "crimen organizado", para fomentar la gran oferta en parques y plazas, pero sobre todo en las páginas de la estrella de este siglo: Internet. De una u otra manera, el robo de libros no perdió su intensidad en estos años y sigue siendo el problema de las librerías. Foucault, Borges, Galeano, Cortázar y Bolaño -ladrón confeso-, entre varios de la elite literaria. También los best sellers Dan Brown, Paulo Coelho y cualquier cosa que supere los 50 pesos. Todo desaparece. Todo se roba. (Casi) todo se revende.

"Dejá 15 minutos 'Vigilar y castigar', de Foucault, a la vista y no lo viste más", dice Matías, vendedor en una de las librerías de la avenida Callao, como ejemplo del extraño fervor por "llevarse" la obra del gran filósofo francés ("el más robado de la historia"). "Foucault, como muchos otros, son los más buscados por los lectores y, como consecuencia, por los ladrones, así que nosotros preferimos tenerlos bajo llave", explica el empleado de una librería de Corrientes, y detalla: "Con seguridad y todo, roban mucho. No es tanto en los números finales, pero es más de lo que parece". Según los números de esa misma librería hay un libro robado por cada 99 vendidos. Pero otras, confiesan off the record, han tenido hasta un 25% de error en los cierres. Igual, no existen cifras oficiales: en la Cámara Argentina del Libro carecen de datos al respecto.

Robos hay de todo tipo: aleatorios y apurados, eruditos (como ejemplo, un librero no sabe explicar cómo alguien se llevó la obra completa de Borges de una vez), a pedido del cliente y en equipo: "Viene uno, lo marca y le saca la alarma y otro se lo lleva", detalla Eduardo, otro vendedor. En verano, pero sobre todo en invierno. "Cuanta más ropa llevan puesta, más bolsillos y lugar tienen para esconderlos. Hay situaciones insólitas también. Por ejemplo, una chica una vez entró con un sobretodo en verano, era obvio que vino a robar, así que la enganchamos con ocho libros en la parte de adentro del abrigo", ríe Sebastián, de Losada. "Aunque los ladrones son generalmente amables. Piden disculpas, devuelven el botín y prometen no volver", cuenta Nahuel.

Ricardo, veterano vendedor de la avenida Corrientes, dice que también se roba a las distribuidoras. "Mucho va a parar a Internet", dice. Es cierto que en la Web los libros ofrecidos como nuevos están un 50% menos que en las librerías, aunque es incomprobable su origen. Ricardo se opone a la idea romántica. "Ese ladrón no existió nunca, jamás, a pesar de que varios intelectuales lo hayan hecho. Es cagarse en nuestro trabajo", se enoja. Matías piensa lo contrario. "Existe. Pero si los libros fueran más baratos, si el acceso a la cultura fuera más fácil cambiarían muchas cosas", cree, y ríe con su conclusión: "Claro, eso no le importa a nadie. Por eso roban Foucault".

Aunque quizá sea tan simple como creía el chileno Bolaño: "Lo bueno de robar libros (y no cajas fuertes) es que uno puede examinar con detenimiento su contenido antes de perpetrar el delito".

Enlace original: http://www.clarin.com/diario/2010/01/12/um/m-02118336.htm

4 comentarios:

El Gato dijo...

Está bien, pero hablemos también del otro robo.

¿Por qué un libro de edición nacional, tapas blandas y encuadernación pésima sale $50 o más? ¿Por qué ese mismo libro, algunos meses después, aparece en mesas de saldos a un precio de $10 y 20? ¿Y por qué, por último, ese mismo libro, en esa misma librería de saldo termina un año o 18 meses después a $5?

Puestos a buscar responsables, las primeras, desconocedoras miradas apuntarían a las editoriales, pero si es la librería la que se queda con entre el 40 y el 48% del precio de tapa resulta claro por qué es que no puede haber un nivel de precios estándar entre los $20 y $30, digamos.

Otra cuestión es esa obscenidad de libros de más de $120 y hasta $200 que no tienen cómo justificar ese valor ya que los costos de impresión y encuadernación son realmente bajos. ¿Derechos de autor? Difícilmente. Y ni hablar en el caso de que la obra ya pasó a bien público.

Y puestos a hablar de precios: ¿Alguien vio lo que sale un libro de Eudeba? ¡¡De Eudeba!! ¿No tendrían que hacer ediciones que estuvieran al alcance de todos, voto a Spivacov? ¿O es que necesitan pagarle los derechos de autor a Aristóteles? En cuyo caso (no dejemos que el pobre tipo se quede sólo con la magra pitanza que le pasa el Magno), ¿no debería el Estado subvencionar en parte esas ediciones?

Nunca robé un libro en una librería, soy demasiado pelotudo para ello. En cambio siento que ellos generalmente me están robando cuando les compro uno.

Gervasium dijo...

El Gato tiene razón. Lo que no sé es hasta dónde las librerías son las que determinan el precio con tanta libertad, como él dice. Fuera de ese reparo, la pura verdad... Como la "Marcha de la bronca":

Bronca porque roba el asaltante, pero también roba el comerciante.

Eduardo Berti dijo...

Los libros argentinos están muy caros, es indudable. Creo que hay muchas causas y una de las principales es lo caro (carísimo) que está el papel. También es cierto que, como cada vez se vende menos, el PVP por ejemplar tiene casi obligadamente que subir. Me explico: hay gastos fijos a la hora de hacer un libro (derechos de autor, corrección, maquetación, etc) y esos costos no repercuten lo mismo en una tirada de mil ejemplares (cifra cada vez menos infrecuente) que en una tirada de 3 mil, como era usual no hace tanto. A eso se suma lo que dicen ambos, Gato y Gervasium, sobre la "parte del león". El porcentaje de lo que se llevan distribuidor + librería ha crecido últimamente. Antes rondaba el 50%, ahora el 60%. Y se comenta que hay presiones para siga subiendo. A la editorial le queda sólo un 40% del que hay que descontar un 10% (aprox) de derechos de autor más todos los gastos adicionales: desde el traductor (si hubiera) hasta el largo proceso de fabricación. Esto no justifica, de todos modos, ciertos excesos. Si seguimos así, pronto los libros importados de España o de México volverán a ser más baratos que los "made in Argentina". Es más, creo que no se aumentan más los precios porque se siente que (a) el bolsillo de la gente no da para más y (b) se volvería a la situación pre-hiperdevaluación en que un Anagrama importado era más barato que un libro argentino...
En fin, el tema es largo y complejo. Y el debate que plantea El Gato es totalmente necesario, sí.
Con estos precios pronto será realidad esa canción humorística de Leo Maslíah en que el tipo le dice a su esposa: "El año aque viene, mi amor, si nos van bien las cosas y ganamos mucho dinero, me voy a comprar un libro".
Saludos!

Gervasium dijo...

No recuerdo si ya te pregunté en relación con esto, o si lo hizo otro lector del blog, qué sabías de la Ley del libro.