08 enero, 2010

La danza de los títulos


La historia es así: el futbolista argentino Diego Buonanotte sufrió el 26 de diciembre de 2009 un grave accidente automovilístico en la ruta 65, en la provincia argentina de Santa Fe; sus tres acompañanates murieron como consecuencia del impacto, mientras que Buonanotte (que era el conductor) fue derivado a un hospital, donde se recuperó.

Ayer, jueves 7 de enero, se conocieron los resultados de los análisis efectuados por los peritos y se comunicó de forma oficial que el grado de alcohol que tenía Buonanotte en su orina era de 0,4mg, inferior al límite de 0,5 permitido por ley, mientras que en la sangre dio cero.

Casi de inmediato, dos de los principales periódicos de la Argentina (Clarín y La Nación) difundieron la misma noticia de manera ostensiblemente distinta.

La Nación tituló:

Mientras que Clarín (al igual que muchos otros periódicos) anunció:

No es ningún secreto que muchos lectores se limitan, por falta de tiempo, a leer únicamente los titulares. En este caso en particular, mi sensación es que los lectores de uno y otro diario recibieron poco menos que una noticia diferente.

El problema que aquí se plantea es interesante.

Objetivamente, La Nación no mintió al decir que había rastros de alcochol en la orina de Buonanotte, pero uno siente que algo faltaba aclarar para que la información fuera más exacta: que esos rastros estuvieron por debajo del límite permitido.

Objetivamente, Clarín no mintió al decir que Buonanotte no estaba alcoholizado. Si bien el empleo del término “alcoholizado” podría lindar con lo ambiguo, la Real Academia se encarga de dejar las cosas en claro:

Desde este punto de vista, es cierto que Buonanotte no estaba “padeciendo los efectos por el abuso de las bebidas alcohólicas" (tampoco había "abusado" de ellas, de acuerdo con lo que marcan las leyes); pero, una vez más, uno siente que algo faltó aclarar para que la información fuera más exacta: que si bien el futbolista no estaba “alcoholizado”, los mismos análisis confirman que sí había consumido alcohol aunque por debajo (bastante cerca) del límite permitido.

¿Cómo tendría que haberse titulado esta noticia?

Intuyendo tal vez que algo no estaba del todo bien, La Nación y Clarín se libraron en los minutos siguientes a una danza de titulares.

El título de Clarín pasó a ser:

El de La Nación:

Estos cambios, sin embargo, ¿remediaron el problema ya planteado? Mi impresión es que no lo hicieron; no del todo, por lo menos.

Suele repetirse que una verdad a medias puede ser una media verdad, pero también una media mentira… El riesgo de algo así no es poco, y lo ocurrido ayer es un caso apasionante para ver y debatir en las escuelas de periodismo.


3 comentarios:

Leo dijo...

¿Estará de más decir, a propósito de este texto de Eduardo, que el periodismo es una cosa que poco que tiene que ver con la verdad, el buen gusto, el buen manejo del idioma...?

Víctor dijo...

La solución, al menos para mi, Eduardo, es leer muchos periódicos, y no uno de solo. Y a partir de las muchas "verdades" que difunden, construir la mía propia. Como aquello de libar de los clásicos, un poquito de cada uno, para hacer la propia miel.

No sé si te lo había dicho antes, pero éste es un muy buen blog, y uno de los que hace ya un tiempo que no me pierdo.

Un saludo.

meg dijo...

Muy buenas precisiones, Eduardo. Como periodista asumo todas las afirmaciones tuyas.

Y es muy difícil saber titular correctamente, ¿eh?. Leemos cada patada al idioma en los periódicos que se consideran líderes en España...

Acabo de descubrirte a través del blog de Luna. Y me quedo. Saludos y feliz semana.