20 enero, 2010

Elis como Gioconda

Hace unos años, allá por el 2004, el suplemento "Radar", de Página/12 (Argentina), invitó a varios escritores a que escogieran su canción favorita (o, en rigor, una de sus favoritas) y que la comentaran por escrito. Recuerdo que Rodrigo Fresán optó por "A Day in the Life" de los Beatles, Luis Chitarroni por "It Never Entered My Mind" (Sarah Vaughan), Matilde Sánchez por la maravillosa "Hazey Jane 1" de Nick Drake, Sergio Bizzio por la entrañable "My Sweet Lord" de George Harrison, y Carlos Gamerro por "Gloomy Sunday" (Billie Holiday). A mí me costó bastante decidirme entre varias opciones, pero algo me dijo que nadie iba a votar una canción de la llamada MPB (música popular brasileña) y que, entre varias que me apasionan, podía escribir acaso sobre la versión de “Aguas de marzo” que Tom Jobim y Elis Regina grabaron en su ya legendario álbum a dúo.








Por Eduardo Berti


Si opto por “Aguas de marzo” no es tanto a causa de mi irreductible pasión por Tom Jobim sino, más bien, al hechizo que siempre suscitó en mí su versión por excelencia (la de Tom con Elis Regina); hechizo que radica, sobre todo, en ese instante en que ella se tienta y canta riéndose. Un mal productor, en nombre de no sé qué criterios, habría propuesto grabar de nuevo esa parte. No fue el caso, por suerte. Claro que la canción es perfecta para un arrebato así. Se ha dicho que Jobim no fue un gran letrista y puede que sea relativamente cierto si se lo compara con sus colaboradores más geniales, desde Vinicius hasta Newton Mendonça. La letra de “Aguas...”, no obstante, se cuenta entre mis favoritas. La enumeración de objetos (pan, piedra), imágenes y hasta sensaciones, falsamente simple, falsamente caótica, pone a la vida y la muerte en una danza exuberante que tropieza todo el tiempo contra esas aguas que son, a la vez, fin de algo y promesa de otras cosas. De las cantantes brasileñas (llámense Carmen, Gal o Bebel) me cautiva en especial su timbre sonriente. Pero Elis lleva esto al paroxismo. La letra habla de un “misterio profundo”. El misterio, para mí, siempre fue de qué se ríe Elis (Gioconda de la MPB) cuando primero se pone a deconstruir la letra (momento sublime) y luego arremete con un scat final al filo de la carcajada. Alguien que habló con alguien que estuvo en la grabación del disco me contó que, en rigor, Elis se ríe allí de nervios, de timidez. No lo sé. A mí me gusta imaginar que de pronto, en pleno canto, ella comprendió lo que ocurría: grababa a dúo con el otro Gershwin del siglo una de sus canciones cumbres. Una noche, un ex guitarrista de Piazzolla me contó que, fatalmente, al llegar el turno de “Adiós Nonino”, se le ponía la piel de gallina. En mi caso, debo haber escuchado “Aguas de marzo” por lo menos quinientas veces (la primera a mis doce años, lo recuerdo a la perfección, a fines de febrero y cerca del mar), y no hay vez que la risa de Elis no me mueva a la emoción o incluso, por qué no, a una risa que por supuesto carece de su elegancia y de su alegre afinación.

Enlace original: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/9-1838-2004-11-27.html

1 comentario:

Gervasium dijo...

Vi el título, “Elis como Gioconda”, y recordé que Fito dice en una canción “la sonrisa de Elis”, y también que en el mismo disco nombra también a Jobim, y también que hizo, en algún recital, un cover de “Aguas de marzo”. Lo que son las coincidencias.
En cuanto al misterio de la risa, como vos decís, tu hipótesis es muy interesante. Yo creo que los nervios, la timidez, el pensar demasiado pudieron haberle jugado una mala pasada; pero ahí está la versión definitiva de una canción lindísima.
No sabía de esta encuesta de Página/12. Te agradezco que me la hayas revelado, porque me gustan este tipo de votaciones; siempre recibo con alegría los Cinco libros del blog. Ojalá hubieras nombrado más canciones de tus preferidas. Todavía podés hacerlo.