27 enero, 2010

Algo no funciona en el mercado del libro electrónico


Recomiendo vivamente la lectura de este texto escrito por Pablo Felipe Arango Tobón en el blog de su librería "Libélula Libros" (Manizales, Colombia).



Entre el 27 y el 28 de diciembre pasados circuló en los periódicos una noticia según la cual subió el valor de las acciones de Amazon en la bolsa Nasdaq debido a la supuesta venta desbordada del lector kindle durante la pasada navidad. Amazon sin embargo, y según lo señalan las mismas publicaciones, se abstuvo como ha venido haciéndolo de suministrar información acerca del número de aparatos vendidos. La negativa como es obvio genera suspicacias y provoca molestia frente a la evidente falta de trasparencia que inunda los mercados: no puede existir razón valida para guardar el dato. Sirve la oportunidad sin embargo para volver a pensar en la pertinencia y futuro del libro electrónico aun cuando otros consideren inútil el debate pues le dan por ganada la batalla frente al libro tradicional, un análisis un tanto menos prejuicioso podría indicar todo lo contrario.

En primer lugar cabe advertir que el libro electrónico es un gadget, es decir un artilugio tecnológico como todos los demás que emocionan y agobian a ciertos consumidores; basta con revisar los comentarios que circulan en internet acerca del mismo y descubriremos que casi todos se presentan en paginas dedicadas a estos elementos. Curiosamente sin embargo no he conocido aun tienda no virtual alguna de elementos tecnológicos, que los ofrezca como sucede con otros, incluso los más novedosos. Debe insistirse entonces que el libro electrónico es un elemento tecnológico creado por la industria tecnológica y que pretende mercadearse como lo que es. Se sustenta en una necesidad satisfecha y pretende resolver requerimientos inexistentes o al menos no planteados de manera genérica. La necesidad de lectura la resolvió el libro de manera ingeniosa y práctica, y no hay quien haya manifestado el deseo de andar con cien o doscientos -y no digamos mil quinientos- libros al hombro. No solo es absurdo sino absolutamente inútil. El libro electrónico, digámoslo de manera clara, no resuelve una necesidad, se sustenta en una ya existente y resuelta, y esta es su primera dificultad.

Debe revisarse entonces la necesidad sobre la que descansa la pertinencia del lector electrónico, que tal como se ha dicho se encuentra ingeniosa y eficientemente resuelta, así como su comparación con el ipod. Los niveles de lectura son bajos, aún en los países más cultos, sobre todo si se comparan con los niveles de audiencia de música. Es decir se lee poco y se escucha mucha más música, sobran incluso los ejemplos, y basta con observar el entorno. Y es lógico que así sea, la lectura implica un nivel de exigencia del lector, la música casi nunca, por esta razón todos, aun los menos oyentes pueden tener interés en el ipod y por tanto alguna tendencia a su compra y utilización. No sucede igual con el lector electrónico. Para querer comprarlo se debe ser primero lector, y por supuesto un lector al que le sirva adquirir un elemento relativamente costoso, es decir un lector que lea al menos varios libros al año. Consideremos las siguientes cuentas: el lector kindle cuesta según la página Amazon quinientos mil pesos (US$259), si al mismo le agregamos al menos cinco libros no pirateados, tendremos que sumar setenta mil pesos más (siete dólares aproximadamente por cada libro), es decir que en total serían quinientos setenta mil pesos, cifra que le permitiría comprar en nuestra librería dieciséis libros, a razón de treinta y cinco mil pesos cada uno, es decir para un lector promedio en Colombia, tal cantidad significaría lecturas para ocho años, dieciséis en México, o para un lector medio en España entre tres y cuatro años y para un lector Francés dos años.

Ahora bien el libro electrónico ha sido creado por la industria de la tecnología, es decir no surge del mundo del libro sino del mismo escenario interesado en crear otros y diversos elementos tecnológicos y la lógica del mercado de estos productos descansa sobre el principio de su constante renovación. No en vano se han vendido más de cien millones de ipods en el mundo. Muchos de los compradores del ipod están y estarán interesados en cambiar su modelo cada año o cada dos años, y ahí reside el negocio, no en el suministro del aparato sino en su constante renovación, por eso precisamente se le agregan utilidades alternas o no coincidentes con su cometido inicial. Basta considerar la forma como se utiliza el ipod y compararla con la posibilidad de utilización del libro electrónico, las diferencias saltan a la vista.

Surgen entonces razones o justificaciones adicionales al aparato: reduce el espacio que ocupan los invasivos libros en nuestras viviendas y es ecológico pues no utiliza el papel. El primer argumento es baladí si consideramos las pocas bibliotecas privadas que sobreviven, pero además desconoce el cariño que los diseñadores tienen por los libros, no existe fotografía de habitación o vivienda que aparezca en las revistas de arquitectura que no considere el espacio generoso para los libros. La segunda razón coincide con el afán contemporáneo de encontrar culpables del deterioro ambiental, que deben buscarse además en lugares y consumidores más susceptibles a la crítica, pero es también absurda pues desconoce que la mayoría de los libros se hacen con papel reciclado. Más allá sin embargo de estas apreciaciones debe advertirse que los argumentos esgrimidos a favor del libro electrónico son más románticos e ingenuos que los que formulamos los amantes de los libros: que son bellos, que se pueden palpar, oler, probar, prestar, arrojar, romper, envolver y regalar. Estos últimos son reales, calculados, probados, es decir son ciertos, no meras conjeturas.

Algo no funciona en el mercado del libro electrónico, algo de carácter financiero y de mercadeo que algún tecnócrata escapado del mundo financiero que recién se derrumbó, se resiste a reconocer. Tal vez algún banquero como Alberto Vitale, citado por Schiffrrin*, que obstinado provocó inmensas perdidas en Random House. Es cierto que el mundo contemporáneo está empecinado en hacernos consumir lo que no reclamamos y necesitamos, lo paradójico es que en este caso el optimismo de los productores del libro electrónico es mayor que el de quienes durante años hemos intentado que la gente lea. El futuro del libro electrónico depen-de del incremento en los niveles de lectura, hasta niveles interesantes al propio mercado, pero cuando estos niveles se incrementen se contará con consumidores cultos y formados que probablemente compraran el aparato pero no estarán dispuestos a cambiarlo cada año. Así las cosas el mercado no será interesante para los productores del aparato.

Por lo pronto los lectores empedernidos podremos comprar el kindle y aprovecharlo hasta que sus propios gestores lo vuelvan una antigualla.

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* “...Bob Bernstein fue despedido como parte del plan magistral de S.I. Newhouse, y sustituido por un antiguo banquero incompetente llamado Alberto Vitale, que no paraba de ufanarse de que estaba siempre demasiado ocupado para leer un libro". Una Educación política. André Schiffrin. Peninsula. 2008.


Enlace original:

http://libelulalibros.blogspot.com/2010/01/algo-no-funciona-en-el-mercado-del.html


5 comentarios:

hugo dijo...

Hola Eduardo:

Acabo de leer el artículo y, sin duda, el libro electrónico tiene un largo y no menos accidentado camino por recorrer. Su futuro será el que las grandes editoriales quieran. Hoy por hoy, recelan de aparatejo o están inmersas en dudas hamletianas que se ahondan con la crisis.

Ahora bien, el artículo no contempla un campo que, podría significar un primer logro para el libro electrónico, me refiero al libro de texto. Ignoro lo que sucede en otros países -Argentina, por ejemplo-, pero en España los chicos van cargados con una mochilas de peso inhumano -libros de cada asignatura, libros de ejercicios, cuadernos de cada asignatura y material diverso-. Cada vez que sopeso la mochila de mi hijo adolescente corro el riesgo de que se me resienta mi hernia discal.
Pensemos en un aparatito que contuviera todo aquello que, obligatoriamente han de llevar los chicos que cursan ESO, FP o Bachillerato. Más allá, de liberarlos de un peso horroroso, se les añadiría un plus de responsabilidad: se acabaron los "olvidos" de tal o cual libro. Por otra parte, los padres nos limitaríamos, cada comienzo de curso a conectar el libro electrónico y actualizar contenidos y ejercicios. Todo lo cual supondría un considerable ahorro, etc. etc. etc.

Sí, ya, los Institutos tendrían que contar con una infraestructura de la que, hoy por hoy, carecen, pero creo que si los políticos de turno se pusieran manos a la obra -lo cual es mucho decir y esperar!!!!-, al fín se vería adónde van a parar los impuestos que pagamos.

Lamento desconocer realidades más difíciles -cada país de Sudamérica tiene conflictos sociales que, muchas veces, suponen que si los chicos tienen un cuaderno y un lápiz ya es un logro y un éxito-, hablo del caso español, que es el conozco y, por extensión, del caso de casi todos los países europeos.

Vale, releo y parece que tuviera algún interés empresarial en el desarrollo del libro electrónico. Te aseguro que nada más lejos de mi pedestre realidad.

Comentario extenso, como siempre, por ello te pido disculpas a tí y a tus lectores... tampoco haré "propósito de una enmienda" que no cumpliré.

salut,
hugo

Clara Obligado dijo...

Un comentario en el mismo sentido que el que me precede, mi querido Eduardo: los escritores solemos confundir los libros con la literatura, dos conceptos que evidentemente no siempre van juntos. Me gusta la idea de poder borrar algunos libros, ya que tengo prejuicios a la hora de tirarlos, y me gusta también pensar que ambos soportes pueden convivir. Como decía una persona bastante avezada en estas lides, Billy Gates, "el libro es un buen soporte". También lo es, para algunos textos, el soporte electrónico. Un abrazo, Clara

Eduardo Berti dijo...

Es muy cierto lo que dicen Hugo y Clara. A tal punto que deja abierto un tema: los libros electrónicos parecen más propicios a reemplazar cierta clase de libros (de consulta, de estudio, de información puntual) del mismo modo que, acaso, en su momento formatos como el VHS o el DVD suplieron sobre todo cierta clase de cine de entretenimiento y no otro tipo de cine que uno sigue queriendo ver en pantalla grande...

El tema, en fin, es muy amplio. Y muy novedoso en el terreno del libro, a tal punto que (no es casual, creo) la mayoría de los ejemplos que encontramos provienen del mundo del cine o de la música.

En cualquier caso, el debate es apasionante. Y no tengo dudas de que hay en el intento de vendernos este nuevo "gadget" algo comparable a la aparición de internet: hasta que no se creó, ante todo, el email, internet no empezó a encontrar sus verdaderas razones de ser.

hernán dijo...

Será
este
el futuro del libro de papel?

Quiero recordarles que todos los libros de dominio público en gutenberg.org se pueden cargar en un e-reader. Otra cosa, no solo las tiendas virtuales los venden. Aquí en Estados Unidos todas las librerías Borders, que es una cadena nacional, tiene en venta los e-readers de Sony. Uno puede sostenerlos y probarlos. Leer en ellos es una experiencia muy agradable (aunque todavía están muy caros para mi bolsillo).

Victoria Novillo Saravia dijo...

Estimado Eduardo,

He leído tu artículo y lamento no poder coincidir en absolutamente nada. El lector electrónico es uno de los inventos mas geniales de la década.
Para poder apreciar esto, hay que saber que el lector electrónico tiene una nueva tecnología, diferente de las notebooks o de la mismísima Ipad de Apple. Se trata del e-ink, una pantalla sin backlight, que consume un mínimo de electricidad al cambiar de página, y que es casi tan mate como una hoja de papel. Esto significa no solo que no daña los ojos, sino que la batería dura semanas, y el aparato es muy liviano. La razón por la cual nadie pensó en cargar con 1500 libros al hombro, no es porque no lo quisiéramos, sino porque era físicamente imposible. Yo llevo toda mi biblioteca en la cartera, incluidos documentos de trabajo, lo que me permite aprovechar mas el tiempo y disfrutar de la lectura en momentos en que no hubiera podido tener un libro a mano, como en el autobús o esperando en un consultorio.
De la misma manera, la razón por la que los arquitectos no diseñan espacios sin bibliotecas, es porque todos necesitábamos donde poner los libros, lo cual era hasta ahora inevitable. Desde que compre mi Kindle, regale todos los polvorientos mamotretos y donde había estantes ahora hay hermosos cuadros...
Las ventajas no terminan ahí. El maravilloso dispositivo enriquece la lectura con diccionarios, traductores y motores de búsqueda que en un click nos resuelven cualquier duda.
Como si esto fuera poco, tiene conectividad wireless, que me permite recibir Le Figaro, The New York Times o The Economist aún estando en el medio del desierto, incluso antes de que dichas publicaciones impresas lleguen a sus kioscos.
El tema ecológico no es menor. Periódicos y libros consumen la mayor parte de la producción de papel. Mi pronostico es que los lectores electrónicos bajaran de precio hasta masificarse, de forma tal que las publicaciones tradicionales quedaran reducidas a un mínimo.
Los románticos que dicen que el libro impreso es insustituible, es porque en primer lugar, nunca tuvieron un Kindle o un Nook en las manos. Y en segundo lugar, porque no miran la historia: Los escritores que escribían con pluma, pasaron al bolígrafo, y a la maquina de escribir. Qué mas romántico que el típico escritor en su maquina de escribir? Luego aparecieron las PC, y las notebooks... Qué mas romantico que un escritor escribiendo en su notebook en su cabaña de la montaña? El mismísimo García Márquez dijo que desde que probo su primera PC, no sólo la adoptó para siempre sino que la cambia todos los años.
Si los escritores han evolucionado en sus medios de escribir, por que se empeñan en creer que los lectores no podemos evolucionar en nuestra manera de leer?