31 diciembre, 2009

Año viejo, año nuevo



Un optimista se queda despierto hasta la medianoche para ver cómo llega el año nuevo. Un pesimista se queda despierto para estar seguro de que el viejo se va.

William E. Vaughan (1915-1977), periodista, escritor y autor de aforismos conocido también como Bill Vaughan.


29 diciembre, 2009

Realidad, sueños, humor

Ling Yutang en su clásico ensayo "La importancia de vivir", un gráfico que acaso le interesaría a Jessica Hagy (ver la entrada de ayer, 28 de diciembre):


28 diciembre, 2009

Los originales de Jessica

A Vladimir Nabokov le gustaba escribir en esas fichas que muchos usamos para archivar o apuntar información. Hace poco su hijo Dimitri tomó la controvertida decisión de publicar una novela inédita de su padre (The Original of Laura), y una fotografía ha mostrado las muchas fichas que el autor de "Pnin" y "Lolita" fue empleando para plasmar el texto:


Con las mismas fichas que tanto apasionaban a Nabokov, Jessica Hagy realiza un singular sitio web llamado "Indexed", que se reduce a sintéticos y lúcidos diagramas de Venn, gráficos o cuadros sinópticos de contenido filosófico-humorístico.

Algunos ejemplos:


Enlace:
http://thisisindexed.com

25 diciembre, 2009

Equinoccio



El pornográfico espectáculo de una persona que nunca ríe a tiempo.


Rodar: el primer verbo infinito.


Siempre el mismo dilema: no saber uno si realmente vive o está muerto.


El gran turista, el verdadero turista, aplaudiendo a rabiar las columnas de aquel templo.


¡Gran abono el hombre, realmente!


Reír, reír hasta escupir todos los dientes.


Realmente todo es gracioso y simple en un entierro. A excepción del mundo.


Francisco Tario: "Equinoccio"

Copio la siguiente nota biográfica acerca de Tario que aparece en el sitio "Osiazul":

Francisco Tario (México, 1911-1977)

Lejos de cualquier influencia, Francisco Tario —seudónimo de Francisco Peláez— inicia su carrera literaria en 1943 con la publicación de dos libros: la novela Aquí abajo y el volumen de cuentos La noche. La obra de Tario resulta excepcional en la literatura mexicana pues rompe con todos los cánones para crear ambientes, más cercanos a la fantasía y al horror que a la tradición. Sus historias están llenas de seres insólitos, descarnados y extrañamente poéticos. Muchos de los cuentos de La noche son objetos o animales personificados que se convierten en metáfora de la desolación humana. En 1946, Tario publica Equinoccio, libro que logra la comunión del aforismo, del poema en prosa y de la minificción. Sin importarle la crítica o los movimientos literarios, Tario publica otros cuentos en Tapioca Inn, mansión para fantasmas (1952), Una violeta de más (1968), entre otros libros inclasificables como La puerta en el muro, Breve diario de un amor perdido, Y yo de amores que sabía y Acapulco en el sueño. Después de la muerte del autor se publicaron las obras de teatro El caballo asesinado y otras obras de teatro (1988) y el borrador de su novela Jardín secreto (1993). Tario pertenecía a esa especie de autores secretos, sólo para iniciados, cuyos inconseguibles volúmenes pasaban de mano en mano o a través de fotocopias. En 2004 aparece una nueva antología que reúne casi la totalidad de la obra de este autor para el disfrute de las pupilas. (Conseguible en Editorial Lectorum.)

24 diciembre, 2009

Feliz Navidad

No tengo nada en contra de las tradicionales canciones de Navidad. Es más, me sigue emocionando la "White Christmas" de Bing Crosby como la primera vez que la escuché. Pero también me gusta que cada tanto aparezcan nuevas canciones para estas fechas, como en su momento lo fueron la "Happy Xmas (War is over)" de John Lennon o el "Thank God it's Christmas" de Queen.

El canadiense Ron Sexsmith y el estadounidense Sufjan Stevens son dos de mis cantautores predilectos y, a mi juicio, los responsables de algunos de los mejores discos de los últimos diez años: "Retriever" (por citar uno de Sexsmith, tal vez el más "accesible" y efectivo) e "Illinois" de Stevens. Y son también autores de melodías que vienen a renovar el repertorio navideño. En particular Stevens, todo un cultor de canciones dedicadas a Santa Claus.

Estas dos postales musicales no se pueden colgar en el arbolito, pero son mi manera de desear felices fiestas a todos los lectores de "bertigo".










¡Un abrazo para todos y feliz Navidad!

23 diciembre, 2009

Por acá, Santa


La víspera de Navidad, dejo carteles. Corto una caja de cartón y con un marcador rojo escribo: "POR ACÁ SANTA" y dibujo flechas que le indican el camino. Siempre tengo miedo de que se pierda o de que no se moleste en venir, ya que los portones son todo un problema. Cuelgo los carteles de la cerca al final del sendero y sobre los portones de madera y uno adentro de la puerta que da al vestíbulo, donde está el árbol. Le dejo un vaso de cerveza negra y un pedazo de torta sobre la chimenea y me imagino que, para la mañana de Navidad, Santa debe estar borracho como una cuba.

(...) Me voy a la cama y me cuesta dormir. Soy la única persona de mi clase a la que Santa Claus todavía visita. Lo sé porque el maestro preguntó: "¿A la casa de quién va Santa Claus todavía?", y la mía fue la única mano levantada. Soy distinta, pero cada año siento que hay una posibilidad mayor de que no venga, de que vaya a pasarme lo que les pasa a los otros.


Fragmento del cuento "Hombres y mujeres", de la irlandesa Claire Keegan, incluido en Antártida. Traducción de Jorge Fondebrider.


21 diciembre, 2009

El aro de oro



Yang Hu, un niño de cinco años, le pidió un día a su nodriza que fuera a buscar el aro de oro con el que jugaba. La matrona, sorprendida, dijo: “Pero, ¿a qué aro te refieres? Nunca has tenido nada parecido”. El niño, al oír esto, se dirigió al patio de la casa vecina de la familia Li. Al lado del muro este, bajo un árbol morus, encontró el aro de oro enterrado. La dueña de la casa, asombrada, exclamó: “Éste es un objeto que había perdido mi hijo antes de morir. ¿Por qué te lo quieres quedar?”

La nodriza contó a la señora Li lo que había sucedido. Ésta se sumió en una profunda tristeza; y, a partir de entonces, toda la gente empezó a ver a Yang Hu como un niño extraordinario.

Cuento del chino Gan Bao, correspondiente a su libro "Soushenji" e incluido en la antología "Fantasmas" (edición de Eduardo Berti), editada por Adriana Hidalgo, Argentina.

(Traducido del chino por Baoyan Zhao)



20 diciembre, 2009

Por qué regalar libros


Por segundo año consecutivo decidimos en la editorial La Compañía que, como se acerca fin de año (época de festejos, regalos y balances; tiempo, también, de planificar las lecturas para el verano), era buen momento para preguntarnos por qué regalar libros y, particularmente, los libros de nuestro sello. Traductores, escritores y críticos que han colaborado en ediciones de La Compañía respondieron a la pregunta y éstas son las razones que esgrimieron:


Ariel Magnus:

Lo único que me da verdadero placer comprar y regalar son libros. Es lo que siempre me gusta que me regalen y me permite probarme cuán bien conozco a la otra persona eligiendo el libro que creo perfecto para ella. Y, aunque no le guste, los libros son de los pocos objetos, si no el único, del que nunca podemos tener demasiados. Regalar una traducción tiene además la ventaja de que regalamos no sólo una historia, sino también un mundo distinto, un viaje a otro país y tal vez a otra época. Es un poco como hacerla y, sin duda, es ayudar a que se sigan haciendo y publicando.

Vlady Kociancich:

Hay mil motivos para elegir un libro como regalo. Es un objeto hermoso y, si el contenido es de alta calidad, perdura como el mejor perfume. Siempre es un regalo personal. Algo de quien lo da queda adherido al libro: el impulso de compartir el placer de una lectura o el descubrimiento de un nuevo autor, el recuerdo de cuál es el género o el escritor favorito de la persona que lo recibirá. Pasan los años y uno difícilmente olvide quién le trajo ese primer ejemplar de una obra admirable que desconocía. Los libros de La Compañía que he leído tienen esa virtud hecha a la vez de revelación y permanencia. Clásicos en la intimidad, un Henry James en una cristalina miniatura, un William Goyen casi ignorado que surge en toda la fuerza de sus cuentos, una delicia de Jane Austen, entre otros. Son lindos, además.

Ernesto Schoo:

Un libro es un regalo para toda la vida y, aún más allá, una herencia valiosa. Lo sé por experiencia propia. Los libros de La Compañía son especialmente adecuados: textos (raros, refinados, curiosos) inhallables en otros sellos; ediciones cuidadas hasta el mínimo detalle; de fácil transporte, manuables, que ocupan poco espacio. Los buenos libros viven para siempre en el tiempo. Como él, son infinitos, inagotables y sin cesar renovados.

Liliana Heker:

Cuando uno regala un libro, piensa en el otro –pero de verdad piensa en el otro; sólo así podrá decidir qué historia, cuál imaginería, qué música secreta de las palabras podrán fascinar o sorprender al otro– y piensa también en sí mismo: en el placer singular que el libro por ser regalado le provocó o le va a provocar el día en que lo lea –regalar un libro que uno no desea es un acto casi delictivo–. Los libros que publica La Compañía son particularmente deseables. Uno puede estar seguro de que, buscando entre ellos, va a encontrar el que atraviese victorioso la doble prueba.

Guillermo Martínez:

Regalar libros es regalar la posibilidad de una segunda vida. Porque la literatura finalmente es eso: una segunda vida, puertas muy adentro, donde el tiempo, por suerte, es largo y no lineal. Creo que los libros de La Compañía dan la posibilidad de revisitar algunos clásicos en textos insospechados, como si hubieran sido recién descubiertos. Me gusta también que sean en general libros breves, como joyas manuables.

Esther Cross:

En Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes habla de lo difícil que es elegir un regalo para el ser querido. Tiene razón. Pero hay paliativos: si una decide regalar un libro, soluciona gran parte del problema. Por empezar, un libro es un objeto imperecedero y hacer regalos perdurables tiene lo suyo. Además, cuando el libro es bueno, no pasa nunca de moda porque está siempre más allá de lo moderno. Un libro es un regalo generoso de por sí. Hablo de una generosidad extensiva: la persona que recibe el libro puede leerlo y pasárselo a otro sin que nadie se ofenda. Al contrario. Después de todo, una vez que una leyó un libro, no puede perderlo aunque lo regale o lo pierda. Regalar un libro es desearle a alguien un momento excelente, de detención y de inquietud, de imaginación y silencio. Es también una propuesta de libertad (cuándo leer, por qué razones y en qué dosis, qué buscar y qué encontrar) que sólo la lectura hace posible. Por último, debe ser una de las maneras más cordiales de formar parte de la vida del ser querido al ingresar en su memoria de lector con una idea, con una historia, con una noticia diferente de la vida.

www.editoriallacompania.com


19 diciembre, 2009

Las voces de Porchia



Los mexicanos tuvieron esa suerte de maestro zen llamado José Juan Tablada, cuyos haikus japonizaron a Octavio Paz antes incluso de que éste viviera en Oriente. El maestro zen de los poetas argentinos, precursor de Juarroz y Pizarnik, no puede ser otro que Antonio Porchia, autor de ese libro irrepetible que es “Voces”, donde el aforismo y la poesía van de la mano:


Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.

Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.

Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.

A veces hallo tan grande a la miseria que temo necesitar de ella.

Hay caídos que no se levantan para no volver a caer.

Las cadenas que más nos encadenan
son las cadenas que hemos roto.

Comencé mi comedia siendo yo su único actor
y la termino siendo yo su único espectador.


Nacido en Italia, en un pueblo de Calabria, Porchia dio a conocer la primera versión de “Voces” en 1943, en Buenos Aires. Hubo otra edición en 1948. Y otras más en los cincuenta y los sesenta. La mayoría de los escritores van por la vida de libro en libro; otros, más raros, escriben uno solo a lo largo de los años, en sucesivas reimpresiones y versiones. Fue en cierto aspecto el caso de Jorge Guillén con “Cántico”. Fue el caso, literalmente, de Porchia.

Desde hace pocos años existe el sitio web www.antonioporchia.com. Es una especie de tesoro: puede oírse a Porchia recitando (la voz de las voces), hay imágenes y ensayos, hay manuscritos. Hay, incluso, “Voces” inéditas. Por ejemplo: “Cuando eran los tontos de aquel mundo los dueños de aquel mundo, al pasar por aquel mundo sólo pedían a los tontos de aquel mundo, dueños de aquel mundo, que los dejaran pasar. Y casi siempre eran tontos de aquel mundo los dueños de aquel mundo”.

Y hay también una entrevista efectuada a Porchia meses antes de su muerte en 1968. La entrevista es imperdible y Porchia suelta algunas frases nada indignas de su libro:


- ¿Cree en algo?

- Actualmente me cuesta creer. No pude comprobar nada. Siempre me encontré con que las cosas eran otras cosas.

- ¿Está desilusionado de algo?

- No es una desilusión, ni una derrota, pero me cuesta admitir y no admitir. Prefiero callarme, particularmente con las personas que me merecen respeto. No confío en ninguna certidumbre. Las certidumbres sólo se alcanzan con los pies.

- ¿Por qué no se casó nunca?

- Para no comprometerme, para no comprometer.

- ¿Tiene sueños?

- Pocos; los sueños no tienen valor especial para mí. Duermo para descansar, para poder vivir. Cuando sueño algo, después de un tiempo no sé si fue un sueño o si lo pensé, simplemente.


www.antonioporchia.com


17 diciembre, 2009

El país de los sueños


Nuestro maestro tenía la costumbre de dormir la siesta todas las tardes. Nosotros, que éramos niños, le preguntábamos por qué hacía esto. Un vez nos respondió: “Voy al país de los sueños para encontrarme con los viejos sabios, tal como lo hacía Confucio”. Al dormir, Confucio solía soñar que conversaba con los antiguos sabios; luego transmitía estas enseñanazas a sus seguidores. El caso es que cierta tarde muy calurosa nosotros también dormimos la siesta. Al despertar le dijimos al maestro que “habíamos ido al país de los sueños para encontrarnos con los viejos sabios, tal como lo hacía Confucio”. Nuestro maestro quiso saber cuál era, entonces, el mensaje de los sabios. Uno de nosotros le dijo: “Llegamos al país de los sueños, nos encontramos con los sabios y les preguntamos si era verdad que nuestro maestro venía aquí todas las tardes, pero ellos nos respondieron que jamás habían visto a esa persona”.


(versión de un conocido cuento Zen)

16 diciembre, 2009

22 escarabajos en un libro


Por Eduardo Berti


En 1968 Leopoldo Marechal publicó el cuento “El Beatle final”, en el que unos ingenieros se proponían fabricar una especie de robot-poeta a partir de la figura de Ringo Starr (el mismo Ringo que, curiosamente, Samuel Delany hace aparecer en su novela de ciencia-ficción “La instersección de Einstein”). Cuatro décadas más tarde, el escritor español Mario Cuenca Sandoval acaba de lanzar “22 escarabajos”, autodenominada primera “antología híspánica del cuento Beatle”, tomando como piedra fundamental aquel relato del argentino y sumándole no sólo otros posteriores (desde “Las notas vicarias” de Hipólito G. Navarro, hasta “Come together” de Rodrigo Fresán o “Rock in the Andes”, de Fernando Iwasaki) sino, ante todo, una docena de textos inéditos firmados por Marcelo Figueras, Andrés Neuman, Care Santos o Iban Zaldua.

“Los mitos son realidades que prometen adaptarse, siempre, al porvenir “, dice Cuenca Sandoval es una jugosa introducción que excede la explicación del proyecto (no “una literatura beatle” como supuesto género, sino la inserción de esa música en el “patrimonio sentimental” de los autores), para internarse en un análisis tan profundo como apasionado: los Beatles “definieron una forma de escribir canciones y, año tras año, la subvirtieron”; los Beatles contribuyeron a la ruptura de toda distinción entre “alta y baja cultura” y convirtieron lo que parecía moda pasajera en algo “que ha provocado que, cuanto más nos alejamos de ellos en el tiempo, más grandes nos parezcan”.

En su papel de antólogo, Cuenca organiza el libro en tres grandes secciones. La primera, “Yesterday”, se centra en la evocación melancólica e incluye relatos como “Café anacrónico”, del ecuatoriano Miguel Antonio Chávez o “33 ladrillos traídos de Liverpool“ del guatemalteco Maurice Echeverría, donde “un cuarentón amante de los Beatles” es interceptado por unos “indígenas-raperos” y acaba profiriendo: “El reggaetón no es más que el fracaso de la civilización tal y como la conocemos: como matar a Lennon otra vez”.

En la segunda parte, “Beatles posmodernos”, la aproximación al universo pop ya no se realiza desde la experiencia sentimental, explica Cuenca, sino que constituye un espacio narrativo, “un cosmos con sus propias coordenadas”. Es el caso del cuento “Back To The Egg”, del peruano Leonardo Aguirre, hecho mitad en inglés y mitad en castellano a partir de frases, versos, títulos y axiomas beatlescos (“I’m sorry, uncle Albert, por la parrafada long and winding” ) y del relato de la española Pilar Adón que tiene como personaje a Prudence Farrow, la hermana de Mia Farrow que inspirara la canción “Dear Prudence”; pero también es el caso de “Degeneración JL” del español Roberto Valencia que multiplica un sinnúmero de Lennons en el mundo como consecuencia de “los grupos de versiones, los émulos y los supuestos discípulos, los fanáticos y los atormentados” y, más aún, del delirante manifiesto “revolucionario” pergeñado por el mexicano Xavier Velasco (“Un fantasma recorre el fin del mundo: el marxismo-lennonismo”) en el que se acusa a los “maccartneístas” de “vivir en el ayer”.

El libro cierra con la sección “Yo soy la morsa”, cuya estrategia dominante es el “relato apócrifo”, es decir: datos de la biografía Beatle en circunstancias imaginarias. El procedimiento, como bien dice Cuenca, tiene algo de las “leyendas urbanas” que Alan Clayson y Spenser Leigh recogieron en su libro “Ringo era la morsa (101 mitos falsos sobre los Beatles)”, pero también remite a un audaz ejercicio hipotético que circula en estos días en la página web “Christopherbird” (www.io9.com): una graciosa ucronía según la cual los Beatles siguieron tocando juntos (a imagen de los Stones) hasta la muerte de George Harrison.

Este segmento final incluye uno de los mejores cuentos del libro: “Los Beatles”, del cubano Eduardo del Llano, donde se muestra a los cuatro músicos dispuestos a componer una canción en torno a otro personaje tan imaginario como Eleanor Rigby, lady Madonna, Michelle o el sargento Pepper. Metódicamente, John hace girar un globo terráqueo y el dedo enjoyado de Ringo termina apuntando a Cuba. El personaje inventado por los Beatles será un tal Eduardo del Llano, nacido en 1962 (“el año en que empezamos a ser famosos”, acota Lennon) y de profesión escritor, no músico ya que “no puede tocar rock’n roll porque el gobierno prohibe esos ritmos subversivos”.

El año 2010 promete abundantes efemérides y tributos beatles. Se cumplirán treinta años de la muerte de Lennon y cuarenta de la separación de la banda; se anuncia una versión en 3D de “Submarino amarillo” y, tal vez, una película con la vida de Brian Epstein, su famoso maganer. La antología “22 escarabajos” (cuya salida ha coincidido con la traducción de la novela “Beatles” del novelista noruego Lars Saabye Christensen, quien usa al grupo como leitmotif para contar los años sesenta) plantea un homenaje diferente, alejado de toda hagiografía pero no desprovisto por ello de emoción y compromiso.

Alguna vez Gabriel García Márquez dijo que “la única nostalgia común que uno tiene con sus hijos son las canciones de los Beatles”. Cuenca Sandoval recoge esta frase para añadir que “la nostalgia de sus canciones es anterior a la disolución de la banda (…), algo que se encuentra más allá de la nostalgia por un época que la mayoría de los autores de esta antología ni siquiera conocieron”.

Publicado el martes 15 de diciembre de 2009 en el diario "Crítica" de Buenos Aires, Argentina.

Enlace original

Diccionario Neuman de barbarismos Beatle


En paralelo a la antología “22 escarabajos”, el blog antologiadelcuentobeatle.blogspot.com ofrece algunos textos adicionales (o “bonus”) como este diccionario de Andrés Neuman.

ABBEY ROAD: paso de cebra donde Phil Spector debió ser atropellado antes de producir Let it be.

BEATLEMANÍA: concepto cuya definición se entendería, si no fuera por los gritos.

DYLAN: droga que más influyó en John a mediados de los 60.

FAN: individuo razonable, hasta que conoce a los Beatles.

HELP!: petición de auxilio tras sufrir repetidos accidentes de esquí.

IGUALDAD: desequilibrio por el cual Ringo cobra lo mismo que Paul.

JESUCRISTO: estrella que se atrevió a declarar que era casi tan popular como los Beatles.

LESTER: fórmula mágica para que una película con los mejores músicos del mundo no sea sólo un musical.

MAHARISHI: inspiración que produce una verdad trascendental, por ejemplo el Álbum Blanco.

ONO: apellido que, como él mismo indica, despierta dudas y negaciones.

PEPPER: único sargento con más autoridad que un general.

REVOLVER: arma sonora cargada de futuro.

X: opinión de Pete Best sobre sus ex compañeros.

YEAH: conjunción afinada.


Versión completa en:
http://antologiadelcuentobeatle.blogspot.com/2009/10/diccionario-neuman-de-barbarismos.html

15 diciembre, 2009

Sorry


Un chino que empezaba a estudiar inglés chocó en plena calle con un turista británico y quiso disculparse en su idioma: I am sorry. El británico respondió: I am sorry too. El chino, convencido de que tenía que ser sumamente educado, dijo: I am sorry three. Desconcertado, el británico quiso saber: What are you sorry for? El chino, para no ser menos, le dijo: I am sorry five.

Xin Ran, "Miss Chopsticks" (la traducción es mía)


13 diciembre, 2009

Abordaje


No crean, para mí tampoco fue fácil. Verla tan hermosa y llorando, como suplicándome un minuto más. Al menos un abrazo más. Se iba a España y sabrá Dios si algún día vuelva. Tal vez nunca la vea de nuevo. Sollozaba, como si no hubiera remedio posible, y, yo, claro, yo que no soy de palo, pues me quebré. Porque tal vez muchos crean que soy un insensible, pero no, soy un hombre de carne y hueso. Nadie sabe lo que sufro yo en momentos como esos. “Siga, señorita”, fue lo último que le dije mientras le devolvía el pasaporte para atender al siguiente pasajero.

Esteban Dublín

Más cuentos del colombiano Esteban Dublín en: http://estebandublin.blogspot.com

11 diciembre, 2009

Alarde

Un día recordé inesperadamente una escena de Plaideurs de Racine, en la que el abogado defensor, ansioso por hacer alarde de sus conocimientos, comienza su discurso de la siguiente manera: "Antes de la creación del mundo...", a lo que el juez, con un toque de hastío templado por cierto humor, sugiere: "Pasemos directamente al Diluvio Universal".

Marie L. Shedlock: "El arte de contar cuentos"

10 diciembre, 2009

Burroughs compra un loro


El sitio www.ubu.com es una verdadera caja de sorpresas en lo que se refiere a cine y arte de vanguardia, ya que allí es posible hallar (en muy buena calidad) trabajos de artistas tan variados y singulares co
mo Orson Welles, Jean Cocteau, Laurie Anderson o John Cage, sin hablar de las vanguardias de principios de siglo XX, el "underground" de los años 60, los "videoartistas" posteriores a los 80, etcétera.

Entre las perlas de ubu.com hay varias películas realizadas o protagonizadas por escritores, y "William S. Burroughs Buys a Parrot " es una de las más curiosas, sin lugar a dudas:


video


Copio la ficha y el siguiente comentario del sitio Metraje Encontrado (link)
Título: William S. Burroughs buys a parrot
Director: Antony Balch
Año: 1963
Duración: 01:30
Color: Color
País: USA

Diez años antes de dar el salto al cine comercial con Horror Hotel, el director inglés Antony Balch se hizo íntimo de William Burroughs y le dio las claves para llevar la técnica cut-up al medio cinematográfico, mientras viajaban por todo el mundo. De aquella época, existen muchos trabajos conjuntos que acreditan su simbiótica relación y tal vez destaque entre ellos William S. Burroughs buys a parrot: un corto mudo que documenta la compra de un loro y toda su negociación previa.

09 diciembre, 2009

Historias encontradas


"Historias encontradas" es una antología hecha con pequeños cuentos hallados en libros más extensos: novelas, ensayos, misceláneas. En mi entrada del pasado lunes 7 hablo más a fondo de cómo armé este libro, que acaba de editar Eterna Cadencia en la Argentina.

Un ejemplo de las más de cien historias encontradas:



LA ENVIDIA

Cierta vez, mientras el demonio atravesaba el desierto de Libia, llegó a un lugar donde un grupo de amigos suyos trataba de atormentar a un santo ermitaño mediante imágenes de los siete pecados capitales. Pero la fuerza de voluntad de aquel santo hombre era demasiado poderosa para ellos, de modo que éste pudo desbaratar fácilmente sus diabólicas intenciones.

Tras observar el miserable fracaso de estos diablillos, el demonio avanzó dispuesto a darles una lección. “Lo que están haciendo es muy torpe”, les dijo. “Permítanme un momento.” Y le susurró al santo: “Tu hermano acaba de ser nombrado obispo de Alejandría”.

En el acto, una mueca de maligna envidia nubló el rostro sereno del ermitaño.

“Esta –explicó el demonio a sus diablillos–, es la clase de cosa que suelo recomendar.”

Arthur Conan Doyle (en "Memoirs and adventures")

07 diciembre, 2009

Unas muñecas rusas


Por Eduardo Berti

Hace más de 20 años, cuando empecé a escribir los cuentos breves y ultrabreves que terminaron integrando mi libro La vida imposible, el género del microcuento estaba bien definido pero yo no lo sabía. No lo sabía porque era joven, iniciaba mis lecturas y esas lecturas aún no me habían conducido a autores que hoy valoro especialmente; no lo sabía, ante todo, porque aun cuando la micronarrativa ya estaba madura, su circulación era más secreta y no había alcanzado ni el reconocimiento ni la visibilidad que tiene desde mediados de los noventa.

No sé si volveré a incursionar en el género del microcuento. Lo indudable, en todo caso, es que al mismo tiempo que me volví un autor de microrrelatos (al menos por un libro) me convertí en un ferviente y curioso lector de ellos. Curioso, digo, porque mi actividad de escritura me indujo a investigar al respecto, cosa no tan extraña si se considera que comúnmente los escritores trabajan así y, a diferencia de un investigador universitario que escoge un tema a priori, suelen partir de una inquietud relacionada primeramente con el hacer.

Una consecuencia de mi pasión por lo que hoy se llama micronarrativa han sido dos antologías que fui construyendo, casi sin darme cuenta, durante más de una década: Los cuentos más breves del mundo (de Esopo a Kafka) y, ahora, la flamante Historias encontradas.

Con la primera de estas dos antologías, publicada hace un año en España (por la editorial Páginas de Espuma), intenté discernir y recorrer, con ejemplos de lo más variados, cuáles son los múltiples ancestros que reconoce la corriente del cuento superbreve. Qué ocurría con la microficción mucho antes del siglo XX, mucho antes de Kafka o de Chejov.

Una de las paradojas de la micronarrativa es que, así como muchos la tienen por el género más nuevo bajo el sol, sus fuentes y raíces son sumamente antiguas, ya que entre las formas que la prefiguran abundan las que pertenecen a la tradición oral o a la literatura en un estado casi primigenio: fábulas, apólogos, leyendas, anécdotas, casos o incluso chistes.

En su libro Teoría del cuento (1979), Enrique Anderson Imbert señaló que el origen de las formas breves puede rastrearse en los inicios de la literatura, hace ya cuatro mil años, en calidad de relatos intercalados, como digresiones relativamente autónomas. Se trata, en líneas generales, de textos enmarcados en un discurso mayor y que casi siempre consignan hechos inhabituales o extraordinarios.

Llegamos entonces al punto de partida de los Cuentos encontrados: mi costumbre (mi manía, ¿por qué no?) de subrayar, de coleccionar las historias breves que voy encontrando dentro de libros más extensos. Porque no es lo mismo, por supuesto, un cuento que nació autónomo (como las fábulas esopianas y otros materiales que conforman Los cuentos más breves del mundo) que un microrrelato que está enmarcado dentro de un texto mayor. Y porque la evolución del género (desde esos primeros pasos que citaba Anderson Imbert) no ha hecho, en absoluto, que desaparecieran las digresiones autónomas.

Los cuentos que conforman Historias encontradas provienen, en líneas generales, de tres clases de libros: en su mayor parte de novelas y relatos; en segundo lugar, de misceláneas (florilegios) o de ensayos. Pero en todos los casos se trata de “relatos hallados” o, si se prefiere, de historias semiocultas o sembradas por el autor en el agitado mar de un texto bastante más vasto.

Algunos de estos relatos poseen una clara autonomía; en otros, eso no ocurre de manera tan explícita y es, en consecuencia, un lector quien ha osado recortarlos, quien ha cedido a la tentación de abrir la “jaula” del libro donde estaba encerrada tal o cual historia a fin de soltarla a volar o, siendo menos dramáticos, de ponerla por un rato en primer plano.

Muchos de estos cuentos “encontrados” se hacen eco de una historia mayor, del gran relato que los contiene (remedándolo con variantes, como un espejo en miniatura); otros, por el contrario, son independientes o únicamente ilustrativos de un momento o un detalle en particular. Ambas prácticas existen, por cierto, desde hace siglos.

Cada historia, puede decirse, encierra otras historias. Como muñecas rusas, las novelas o los cuentos que más hemos disfrutado podrían haberse prolongado de manera casi infinita; sólo que el narrador, nunca más afín a un escultor, tomó la decisión de fijar límites, se vio obligado a hacer recortes.

Al mismo tiempo, los narradores saben o presienten que, como decía Bioy Casares, por las digresiones penetra la vida. La jerarquía de ciertos libros, de ciertas novelas, puede detectarse no sólo por el brillo innegable de su historia central, sino también por el atractivo de sus “materiales de segundo plano”, de sus “historias menores”. No es de extrañar, en consecuencia, que de ciertos monumentos literarios nos quede, pasado un tiempo, la memoria de tal o cual relato digresivo, tanto o más que un recuerdo integral.


Versión abreviada del texto publicado el pasado domingo 6 de diciembre en el suplemento Radar Libros del diario Página/12, Buenos Aires, Argentina. Texto completo:

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3625-2009-12-06.html



05 diciembre, 2009

Tener un nombre

Silvina OCAMPO

Cualquier cosa que no existe y tiene un nombre termina por existir; en cambio, cualquier cosa que existe y no tiene un nombre termina por no existir.

Silvina Ocampo (“Ejércitos de la oscuridad”)

04 diciembre, 2009

Teleguía



Una noche los televisores de California trasmitieron un programa emitido en Alemania años antes de que se inventara la videocinta. Acaso todas las imágenes pasadas y futuras flotan sin tiempo en el espacio: basta un leve desperfecto para que se introduzcan en el receptor.

En la ciudad de México existe un aparato que sólo recoge programas del porvenir. Hechos aún no ocurridos, objetos inimaginables en este 1975, personajes que todavía están por nacer aparecer con naturalidad en la pantalla. Lo más terrible, dicen, es contemplar los noticieros futuros.

El dueño ha decidido que nadie más observe lo que cruza por su pantalla. Temeroso ante lo que nos espera dentro de uno o diez años, se ha deshecho del aparato y guarda silencio acerca de sus revelaciones. Basta mirar su rostro para entender que nuestras congojas no han terminado. Tal vez lo peor esté por sucedernos todavía.

José Emilio Pacheco, "La sangre de Medusa y otros cuentos"

02 diciembre, 2009

Diario del infierno


Petter MOEN

Por Eduardo Berti

El 9 de abril de 1940, los habitantes de Oslo se encontraron con la bandera nazi flameando en el Parlamento. Su asombro fue mayúsculo porque Noruega se había declarado neutral tanto en la Primera como en la Segunda guerra mundial. La ocupación, pese a no contar con ningún apoyo popular, fue posible a raíz de un gobierno colaboracionista.

La resistencia noruega no tardó en organizarse e incluyó prácticas sutiles como llevar un clip en el ojal (el clip es un invento noruego) a modo de símbolo de unión contra los ocupantes o como viajar a pie en los transportes públicos, negándose a compartir asiento con un alemán o con un colaboracionista. En respuesta a estas y otras expresiones de repudio, los nazis llegaron a incautar todos los aparatos de radio del país o a promulgar una absurda ley que prohibía usar clips.

Entre las figuras de la resistencia noruega se destacó Petter Moen, un empleado de una compañía de seguros que fue primero el director del diario ilegal “Noticias de Londres” (en el que transcribía las informaciones emitidas por la BBC, desde Gran Bretaña) y que terminó coordinando la prensa libre y clandestina de este periodo, hasta que la Gestapo lo detuvo el 3 de febrero de 1944.

Una vez preso, Moen se las ingenió para llevar un diario de su cautiverio en los cuarteles centrales de la Gestapo, en la Mollestrasse de Oslo. Lo hizo con ayuda de un clavo, que arrancó de una miserable cortina, y fue escribiendo en hojas ennegrecidas de papel higiénico, las que archivaba dentro de la rejilla de ventilación de su celda. Trabajaba a ciegas, sin posibilidad alguna de releerse o corregir. Escribía en letras mayúsculas. Desgranaba frases breves, como jadeos.

Empezó consignando: “Me han interrogado dos veces. Latigazos. Delaté a Vic. Soy débil, Merezco desprecio. Me aterroriza el dolor. Pero no tengo miedo a morir”. Tres días después, el domingo 13 de febrero, apuntó: “Esto es el infierno. El carcelero se burla de mis movimientos, lentos y encorvados. ‘¡Corre erguido!’ es su orden”. Y así llegó a completarun texto que hoy, en forma de libro, abarca más de 150 páginas. Un testimonio único.

El 6 de septiembre de 1944, al cumplirse siete meses de su detención, Moen fue enviado en barco a Alemania junto con otros cuatrocientos prisioneros; pero el barco chocó dos días más tarde contra una mina, se hundió frente a la costa de Suecia y sólo cinco personas sobrevivieron. Tras la liberación de Noruega, uno de estos sobrevivientes dio aviso del diario de Petter Moen que, en efecto, fue hallado en su escondite, intacto, apenas humedecido.

Nacido en Drammen, en 1901, Moen había crecido en un hogar profundamente religioso. Esto se refleja en varios tramos del texto, en disquisiciones teológicas o en los rezos cada vez más desesperados que el autor va transcribiendo.

Descifrar el diario (cuyo original hoy se encuentra en los archivos del Museo de la Resistencia Noruega, en Oslo) fue una tarea colosal. Para ello fue clave la asistencia del filólogo Andrea Riis, colaborador de Petter Moen en los tiempos de la clandestinidad. El diario se inicia una semana después de su detención y se divide en dos partes, correspondientes a las dos celdas que ocupó el autor durante su cautiverio.

El diario de Moen se publicó en Noruega en 1949 y, casi de inmediato, en Estados Unidos y en la mayoría de los países europeos, pero inexplicablemente permanecía sin traducir al español. Fue la argentina Viviana Paletta (cofundadora, con la española María Moreno, de la editorial Veintisiete Letras, que funciona en Madrid), quien resolvió hacer justicia. El libro acaba de ser editado con traducción y epílogo de Cristina Gómez Baggethun y prólogo del filósofo y ensayista chileno Martín Cerda.

Paletta cuenta que su primer contacto con el diario de Moen se debió, precisamente, a que Cerda lo menciona en su ensayo La palabra quebrada, publicado el año pasado por la misma Veintisiete Letras. En ese texto, escrito originalmente en 1982, nueve años antes de su muerte, Cerda califica al diario de “estremecedor” y cita una idea de Ernst Jünger (tomada de su Tratado del rebelde): que las obras más radicales de la literatura actual han surgido de los objetivos menos literarios: cartas, diarios íntimo, papeles “nacidos en las grandes cacerías humanas, emboscadas y desolladeros de nuestro mundo”.

En su epílogo al diario de Moen, Cristina Gómez Baggethun narra los pormenores de la ocupación nazi de Noruega y también su desenlace. Al finalizar la guerra, casi 100 mil personas fueron juzgadas y 22 mil resultaron sentenciadas a penas de cárcel por haber asistido a los ocupantes. Entre los juzgados estuvo nada menos que un premio Nobel: el escritor Knut Hamsun. “El hecho de que a día de hoy no haya una sola calle o plaza en todo el país que lleve su nombre, a pesar de que sigue siendo uno de los pilares de la literatura nacional, da cierta idea de las profundidad de las heridas causadas por el conflictos”, observa Baggethum.

Disponible por fin en castellano, el diario de Moen viene a sumarse a otros escritos fundamentales sobre la segunda guerra mundial, desde los testimonios de Ana Frank o Primo Levi hasta el diario anónimo “Una mujer en Berlín”, que acaba de ser adaptado al cine por el alemán Max Färberböck.

(Publicado originalmente en el diario "Crítica" de Argentina, el sábado pasado)

01 diciembre, 2009

La realidad del tiempo



El tiempo no tiene ninguna realidad. Cuando nos parece largo es largo, y cuando nos parece corto es corto; pero nadie puede saber qué cantidad de longitud ni de brevedad tiene.

Thomas Mann: “La montaña mágica”.