31 octubre, 2009

Fumio Niwa

Fumio NIWA


No conocía al escritor japonés Fumio Niwa hasta haber leído la traducción al francés de “Iyagarase No Nenrei”, que en la versión de Gallimard se titula “L’age des méchancetés” (“La edad de las maldades”, propongo yo), pero que los ingleses han traducido como “The Hateful Age”, que suena más a “la edad odiada” (u odiosa).

El tema central del relato (cuento extenso o novela breve, como se prefiera) es la vejez y el modo en que diversos habitantes de una casa tratan de desembarazarse de una abuela anciana y bastante senil. La biografía de Niwa cobra un especial significado luego de haber leído este libro. Ocurre que el autor vivió 100 años y cinco meses, y que en sus últimas dos décadas sufrió de Alzheimer.

La anciana de “Iyagarase No Nenrei” tiene 86 años de edad y, según escribe Niwa (o, en realidad, según traduzco yo de la traducción francesa), cuando se llega a esa edad “no es un cuerpo de carne y hueso lo que se carga, sino más bien una vida entera”.

Más allá de la trama, que no voy a contar aquí, Niwa ofrece una serie de reflexiones y anécdotas en torno a la vejez. Algunas hacen pensar en aquella famosa película de Shoei Imamura (“La balada de Narayama”), donde se evocaba la antigua creencia japonesa de que los ancianos que han perdido todos los dientes tienen que ser dejados en la cima de una montaña.

El relato de Niwa, escrito a fines de los años cuarenta (finalizada la Segunda guerra mundial), es sintomático, al mismo tiempo, de un problema que sólo se vería con mayor claridad diez o veinte años más tarde: el envejecimiento de la población (no sólo en Japón, sino en el mundo entero) y los cambios en los patrones y las estructuras familiares.

Tras décadas en que se daba por seguro que los hijos y los nietos debían ocuparse de los miembros más viejos de su clan, la juventud japonesa que retrata Niwa ya no parece tan proclive a esta tradición. Más bien todo lo contrario. A tal punto que la idea de un hogar geriátrico les parece una bendición.

Promediando su libro, Niwa cuenta una breve historia. Dice que cuando un hombre casado moría también se grababa en su lápida el nombre de la viuda. Lo frecuente era poner un nombre al lado del otro, aunque coloreando de rojo el de la viuda para indicar que estaba viva. Ahora bien, había viudas que sobrevivían “demasiado” a su esposo. Tanto que, en esos casos, el rojo se iba borrando y ya nadie podía asegurar si la esposa continuaba o no en este mundo.

La abuela del relato de Niwa es una de estas viudas eternas. “Había conservado durante cuarenta años la foto de su marido (…) y ponía flores y prendía inciensos ante ella. Pero había tanta diferencia de edad entre ella y el objeto de su devoción que era posible tomar a este último por su hijo o, más aún, por su nieto”.

Extremadamente prolífico, Fumio Niwa llegó a publicar más de 50 novelas, cientos de relatos y también una decena de ensayos. Se casó dos veces y tuvo una sola hija, Keiko Honda, quien describió su declive físico en un libro llamado Kaigo no hibi (traducido al inglés como Days of Care) y que es, claro está, otro texto acerca de "la edad odiosa".


29 octubre, 2009

Miedo retrospectivo


Una vez me detuve en la calle con un médico, joven todavía y no mal parecido, pero tenía la fisonomía descompuesta y aire huraño.

-¿Qué hay? -le pregunté.

-¿Ves aquella mujer? -me dijo.

-Sí la veo, pero, no es una mujer; es una vieja gorda -repuse.

-Pues oye... ¡fue mi novia hace ocho años!, y estoy espantado y temblando de miedo retrospectivo, al pensar que si me hubiera casado, eso sería ahora mi mujer... y te juro: era bonita y yo la quería mucho; estuve loco por ella... ¡mira si me caso!

Ahí concluyó la conversación.

Eduardo Wilde, “Sueños y visiones” (fragmento), incluido en “Prometeo & Cía” (1899)

28 octubre, 2009

Historia del mundo


En el principio era el caos. Después empeoró.

(No princípio era o caos. Depois piorou)

Jarbas Novelino Barato.


El texto corresponde al blog "Primeiros mil microcontos", donde este profesor de Sao Paulo, Brasil, publica regularmente cuentos y frases de escasas palabras:

http://terceirosmicrocontos.blogspot.com/

26 octubre, 2009

Sara


En el último número de la revista "Ñ", Edgardo Cozarinsky recuerda a Sara, su madre, a partir de una vieja fotografía
.

¿Que edad tenía cuando le tomaron esta foto? ¿Cinco años? ¿Seis?

Había nacido en 1910...

El telón de fondo pintado con esfumaturas, el banco de plaza mudado en accesorio, la rosa de trapo que le pusieron en la mano: todo delata el estudio del fotógrafo. Lo que ningún profesional pudo inventar es la belleza: esa mirada que a veces me parece cándida, otras desconfiada; el labio superior tan pleno, no sé si de sensualidad espontánea, aun no calculada, o de cierta displicencia precoz. Debía estar cansada de posar, de mantenerse inmóvil como le pedía la madre transmitiendo órdenes del fotógrafo: me parece que espera el momento de recuperar la libertad. La convención de la época me ha ahorrado la sonrisa "compradora", la aplicada simpatía al gusto norteamericano que más tarde iba a imponerse. Para una familia humilde, visitar el estudio de un fotógrafo era una ocasión importante. Suponía, imponía gravedad.

El blanco y negro no me permite adivinar que "era rubia y sus ojos celestes / reflejaban la gloria del día", la letra que Héctor Pedro Blomberg compuso para La pulpera de Santa Lucía, vals de inspiración rosista que le iba a cantar Elías B., un primer pretendiente de barrio, en Almagro. (La familia había seguido un itinerario frecuente en la colectividad: vivían en el Once cuando ella nació, más tarde se mudaron al Abasto, a la calle Guardia Vieja, finalmente a Acuña de Figueroa.) Esa canción la halagaba pero no se dejó convencer.

Tampoco por un seductor más próspero: la esperaba a la salida del colegio, al volante de un automóvil convertible, que en el Buenos Aires de la época llamaban con una deformación de la palabra francesa voiturette. De nuevo: la halagaba que la siguiera con elogios a su belleza, con invitaciones a subir y un ocasional ramo de flores, pero algunas compañeras ya le habían advertido que se trataba de un director de cine especializado en "películas chanchas".

Le pregunté, cuando advertí que su memoria empezaba a borronearse, el nombre de ese cineasta. Le costó recordarlo pero finalmente acertó con el de Luis Moglia Barth. Le conté que pocos años más tarde iba a realizar el primer film sonoro argentino: Tango. Se perdió la ocasión de una carrera de actriz, le dije con una sonrisa. No hubo nostalgia en su réplica: "Bah, un colorado pecoso..."

(En el año 2009, Fernando Martín Peña descubrió una copia de Afrodita, film que Moglia Barth realizó en 1927, protegidos él y los actores por seudónimos franceses. No hay en él pornografía sino un erotismo discreto, varios senos descubiertos y un elogio del amor sensual que resultaron escandalosos para la época. Me pregunto si el "colorado pecoso" habría dirigido otros films anteriores en la misma vena, si su notoriedad podía haber llegado a oídos de esas amigas que la persuadieron para no escuchar las sirenas de la voiturette).

Porque la belleza juvenil, fresca, vivaz, que descubrí en otras fotos merecía las caricias de la cámara. Con los años iba a convertirse en lo que se decía "una linda señora", atractiva en su viudez aunque siempre desconfiada de galanes atentos y asiduos. Los años no la maltrataron demasiado. Había llegado a los noventa y cinco cuando atacó el Alzheimer y en tres años la destruyó: su cara se hizo mueca, la mirada ausente o asustada

En ese tramo final me tocó revisar un placard de su departamento en busca de documentos que ella no hubiese podido hallar, ni siquiera reconocer. Encontré muchas fotos viejas, suyas, de sus hermanas, de sus padres; entre ellas, esta fotografía de estudio. Se la mostré para estudiar su reacción. ¿Se reconocería? Con voz firme, sin el balbuceo ya habitual, comentó, en tercera persona: "Ese vestido se lo hizo la mamá, las botitas se las regaló una tía." Y tras un silencio, con la mirada siempre fija en lo que había sido casi un siglo atrás: "La madre murió cuando ella tenía trece años.

Ella murió cuando yo ya había cumplido setenta.


Invitación


Edgardo Cozarinsky, el hijo de Sara, presenta este miércoles su nuevo libro: "Lejos de dónde", publicado por Tusquets. La cita es en la Boutique del Libro, Thames 1762 (Palermo, Buenos Aires, Argentina), el miéroles 28 de octubre a las 19:30. El autor dialogará con Verónica Chiavaralli.

24 octubre, 2009

Concurso de silencio

Había una vez un hombre y una mujer a quienes les gustaba comer mochi. Cierto día prepararon una cantidad enorme y se comieron casi todos, salvo unos pocos que dejaron en un armario. "Hagamos un concurso de silencio", decidieron, "y los últimos mochi serán para el ganador".

Esa noche, desgraciadamente, entró en la casa un ladrón que se puso a revolver todas las cosas. El hombre y la mujer advirtieron su presencia, pero ninguno de ellos abrió la boca para no perderse los últimos mochi. El ladrón, al notar esto, se tomó todo el tiempo del mundo para buscar en cada rincón, y así dio finalmente con los mochi que había en el armario.

El ladrón estaba a punto de llevarse el bol de madera cuando la mujer ya no pudo más y exclamó:

-¡El ladrón se lleva los mochi!

Entonces el marido rompió por fin el silencio y dijo:

-¡Gané, los mochi son para mí!

En cuanto a cómo reaccionó el ladrón, señoras y señores, es algo que ignoramos...

"Concurso de silencio", de Yanagita Kunio


Yanagita KUNIO


Poco conocido en Occidente, Yanagita Kunio es uno de los padres de la etnología japonesa. Nacido en 1875, fallecido en 1962, dejó una obra inmensa, fundó en 1910 el primer grupo de estudios Kyodokai (con el fin de emprender investigaciones en pueblos y aldeas) y fundó tres años más tarde la primera revista de estudios etnológicos de su país: "Kyôdo kenkyû".

En 1930 Kunio publicó, en calidad de "folklorista", un libro de cuentos tradicionales japoneses titulado "Nihon no mukashibanashi" (algo así como "Cuentos del japón de antaño"). El libro fue retrabajado y republicado numerosas veces y es hoy un clásico en Japón. A este libro pertenece el pequeño cuento "Concurso de silencio". Los mochi son unas bolas de arroz cocido, tan apetitosas que hasta los ladrones se tientan con ellas...

23 octubre, 2009

La cabeza en las nubes



Washington, 22 oct (EFE).- Dos pilotos de la línea aérea Northwest Airlines se enfrascaron en una airada discusión y olvidaron que tenían que aterrizar, hecho por el cual la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB) anunció hoy que inició la investigación correspondiente.

La NTSB indicó que el problema ocurrió el miércoles y que los pilotos advirtieron que no habían aterrizado donde debían cuando habían volado más de 230 kilómetros más allá de su punto de destino.

Según dijo la junta, los pilotos revelaron a agentes de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) y la policía del aeropuerto que "estaban enfrascados en una airada discusión sobre política de la línea aérea y que se olvidaron por un momento de la situación".

Fue tal la intensidad de la discusión que ni siquiera respondieron a las llamadas radiofónicas de los controladores aéreos, dijo la junta.

El avión, un Airbus 320, realizaba un vuelo entre las ciudades estadounidenses de San Diego y Minneapolis con dos pilotos, tres auxiliares de vuelo y 144 pasajeros.

22 octubre, 2009

Analfabeto



Alcé la cara al cielo,

Inmensa piedra de gastadas letras:

Nada me revelaron las estrellas


Octavio Paz, “Piedras sueltas”


21 octubre, 2009

Robert Kirby

Me he enterado de que el pasado 3 de octubre murió en Inglaterra el arreglador y músico Robert Kirby, responsable de los maravillosos arreglos de cuerdas de los discos del también maravilloso Nick Drake.

Kirby había nacido en 1948 y luego de trabajar con su amigo Drake, también lo hizo con muchos de los músicos más interesantes del folk y el rock progresivo: desde Mick Audsley y David Ackles hasta John Cale o Richard & Linda Thompson. En los últimos años colaboró con Elvis Costello, Paul Weller y The Magic Numbers, entre otros.

En el año 2005 se había presentado en el Central Park de Nueva York, con una orquesta, a fin de interpretar los arreglos instrumentales hechos para Drake, sobre todo los del álbum "Five Leaves Left".

Que en paz descanse Robert Kirby.


20 octubre, 2009

Imaginantes

Gracias a Magda Díaz Morales conocí a José Gordon y sus Imaginantes: microcápsulas de cultura producidas por la Fundación Televisa, en México. Recomiendo vivamente todos los capítulos, cuya duración ronda el minuto y medio. Tres ejemplos literarios:


Ray Bradbury:






Etgar Keret:





Roger Zelazny:





Más Imaginantes...

19 octubre, 2009

Ecce Homo

Una historia inquietante, publicada ayer en el suplemento "Radar" del diario Página/12, de Argentina:


Dice la leyenda, primero urbana y después filtrada a Internet, que en enero de 2006, la paciente de un reconocido psiquiatra dibujó el rostro de un hombre y lo dejó sobre el escritorio del médico, en Nueva York. No era cualquier rostro: era el que se le aparecía en sus sueños. Ese hombre fantasmal le había dado consejos sobre su vida privada más de una vez, y ella nunca lo había visto en la vida real.

El retrato se quedó ahí, hasta que llegó otro paciente, reconoció la cara y le dijo al psiquiatra que ese hombre también lo visitaba en sueños.

El psiquiatra decidió entonces mandar el retrato a colegas que tenían pacientes con sueños recurrentes. En pocos meses, varios lo reconocieron como visitante nocturno. Todos lo llamaban “este hombre”.

Hasta hoy, más de 2000 personas han reconocido a este hombre como el hombre que se les aparece en sueños, y en varias ciudades del mundo: Los Angeles, Berlín, San Pablo, Teherán, Beijing, Roma, Barcelona, Estocolmo, París, Nueva Delhi, Moscú.

¿Cómo se sabe toda esta historia? Porque un grupo de inquietos subió el retrato del hombre de los sueños a thisman.org, junto con flyers para imprimir y pegar por las calles de las ciudades –servicio que pueden realizar los visitantes de la página– y diferentes versiones de la cara soñada, algunas tontas, otras que dan un poco de miedo. El objetivo es saber quién es este hombre, por qué aparece en sueños recurrentes, y formar pequeñas comunidades que puedan compartir sus historias acerca del visitante.

Hay teorías, claro, sobre por qué puede darse este fenómeno: la teoría del arquetipo (el rostro pertenece al inconsciente colectivo y se les aparece en tiempos de estrés a sujetos sensibles); la teoría religiosa: que este hombre sería el Creador; la teoría del surfista de sueños, que es la más simpática pero la menos científica, y reza que este señor sería real, alguien con la capacidad de entrar en los sueños de la gente gracias a habilidades psicológicas especiales. Y otras más.

Pero la teoría que más fuerza toma es la de que el señor de los sueños es parte de una campaña de marketing viral, o que sencillamente, si uno soñó con esta cara, es porque tiene una mente particularmente influenciable y suspectible, impresionable.

Por qué marketing viral: bueno, el sitio está teniendo un posicionamiento importante en la web, y de a poco aparece en numerosos tweets y blogs. Mucha gente no cree que sea una campaña ni un chiste lyncheano inquietante, y sencillamente le tienen miedo a este hombre cejijunto. Otros lo desdeñan. Pero lo cierto es que nadie sabe la verdad. Salvo algunos bloggers que aseguran conocer al autor del sitio: sería Andrea Natella, un italiano “sociólogo especializado en marketing” que habría registrado el dominio en enero de 2009. Es, además, el fundador de “Guerrilla Marketing”, un colectivo que plantea “un conjunto de técnicas de comunicación no convencionales que consiguen máxima visibilidad con mínima inversión”.

Puede ser. Debe ser. Pero sería tanto mejor, le daría un poco de misterio y densidad a este mundo que el hombrecito tenebroso fuera real. Y viniera esta misma noche a asegurarnos que conoce esta teoría de Andrea Natella, que es mentira, que él existe. Y que, claro, nunca explique quién es. Ni por qué viene. Ni si alguna vez se va a ir.



16 octubre, 2009

Axolotl


Hace casi treinta años, Claude Namer (uruguayo radicado en París) y el periodista Alain Caroff filmaron con una cámara 16 milímetros unas imágenes callejeras de Julio Cortázar. "Leímos su obra con atención y marcamos los lugares concretos de la ciudad de París que aparecen mencionados en sus cuentos y en sus novelas. Cuando le mostramos la lista, aceptó entusiasmado", recuerda Namer.

El rodaje duró una semana. "Lo pasábamos a buscar por la casa donde vivía por entonces, en la rue Saint Honoré, cerca de Les Halles, y le proponíamos diferentes itinerarios". De esta manera visitaron la isla Saint-Louis, atravesaron la île de la Cité, caminaron por los muelles que bordean el río Sena y descendieron al metro "donde Cortázar volvió a exponer esa teoría tan suya de que el tiempo transcurre allí abajo de otra forma" o, mejor dicho, "todo ocurre bajo el signo de la más implacable ruptura", como escribe en "Manuscrito hallado en un bolsillo" (Octaedro).

A menudo Cortázar sugería un plano o una puesta de cámara o una esquina no prevista en el esquema original. "Cortázar era un gran caminador, le encantaba la calle", dice Namer, para quien la mayor prueba de esa relación vital está plasmada en otro cortometraje, rodado casi al mismo tiempo que el suyo, en este caso por un holandés llamado Eric Van Zuylen. Las imágenes, recogidas por Tristan Bauer en su largometraje sobre el escritor, muestran a Cortázar frente a un muro que es un caos de afiches publicitarios. Pegados unos sobre otros, torcidos o hechos jirones, los afiches construyen sin querer un discurso que el argentino descifra, cautivado.

"Cortázar conocía las calles de París mejor que muchos franceses. De hecho, Rayuela es un verdadero himno de amor a la ciudad, tal vez el mayor canto a París que se haya escrito en los últimas décadas", sostiene Namer, a quien el novelista le contó que lo que más le atrajo de la ciudad, a su llegada en 1951, fue la vida cotidiana. "Prefería conversar con el panadero y el carnicero, en vez de frecuentar capillas literarias".

AXOLOTL

Empujados por un cuento en especial ("Axolotl", incluido en Final del juego), Namer y Caroff quisieron llevar a Cortázar al Jardin de Plantes donde se desarrolla su acción. En el relato, un hombre visita todos los días los acuarios del Jardin de Plantes y pasa horas boquiabierto frente a una pecera, siguiendo los movimientos de los axolotl, unos peces exóticos. El cuento concluye con un inquietante cambio de punto de vista, un "salto a otro lado" típicamente cortazariano: el hombre se ha vuelto axolotl, se ve a sí mismo tras el vidrio y piensa: "Me consuela pensar que acaso va escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl".

"Pese a nuestros pedidos, Cortázar no quiso pararse frente a la pecera donde estaban los axolotl", dice Claude Namer. Algo similar informa Mario Goloboff en su biografía. El escritor había juramentado no acercarse nunca más a esos peces. "Tuvimos que fingir la toma", confiesa Namer. "Fuimos al Jardin de Plantes pero Cortázar terminó recorriendo un pabellón cualquiera, no el de su cuento".


15 octubre, 2009

Escribir según Walt Whitman


Un escritor no puede hacer nada más necesario ni más satisfactorio por los hombres que revelarles las posibilidades infinitas de sus almas.

Casi todas las obras de arte cansan. Sólo las grandes obras maestras no cansan nunca y jamás deslumbran de entrada.

Cuando uno escribe, nada confunde más que los consejos. Si alguien desea tener en claro lo que está haciendo debe, ante todo, jurar que nunca seguirá ningún consejo.

Frases de Walt Whitman, recogidas por Horace Traubel en su libro "With Walt Whitman in Camden" (conversaciones con el poeta).

13 octubre, 2009

Chang-Yong


Cuando el viejo Chang-Yong estaba a punto de morir, Lao Tzu se acercó a su lecho: “¿No tienes nada que revelarme?”. Abriendo la boca, el moribundo preguntó: “¿Todavía tengo lengua?”. Lao Tzu asintió. "¿Y mis dientes?”. “Todos los has perdido”. Chang-Yong volvió a preguntar: “¿Te das cuenta de lo que esto significa?”. “Quizás quieres decirme”, repuso Lao Tzu, “que los fuertes perecen y los débiles sobreviven”. “Así es”, dijo el maestro, “y con esto hemos agotado todo lo que hay que decir sobre el mundo y sus criaturas”. Y murió.


"Chang-Yong", de Hsi Kang.


Traducción de Octavio Paz (texto incluido en su “Chuang Tzu”, publicado por Siruela)



12 octubre, 2009

El libro de la vida

Alphonse de LAMARTINE


Muchas tumbas en Francia llevan grabado el siguiente poema:

Le livre de la vie est le livre suprême
Qu’on ne peut ni fermer ni rouvrir à son choix.
On voudrait revenir a la page où l’on aime,
Et la page où l’on meurt est déjà sous nos doigts.

No en todos los casos se indica, sin embargo, que este poema corresponde a Alphonse de Lamartine (1790-1869), cuyas "Méditations" marcaron para muchos el inicio del romanticismo poético francés.

Una traducción posible de los versos es la siguiente:

El libro de la vida es el libro supremo
Que no podemos abrir ni cerrar a nuestro antojo.
Querríamos volver a la página en que amamos,
Y la página en que morimos está ya bajo nuestros dedos.

No fue este, sin embargo, el único caso en que Lamartine se valió de un libro como símil. En otro de sus poemas ("Las estrellas") puede leerse que "La noche es el libro misterioso de los contempladores" (La nuit est le livre mystérieux des contemplateurs).



10 octubre, 2009

Un poema chino



Le pidieron a un famoso poeta japonés que explicara el modo de componer un poema chino.

"El típico poema chino se compone de cuatro versos", explicó. "El primer presenta los hechos; el segundo verso los amplía; el tercer verso da un giro e introduce una idea completamente novedosa; por fin, el cuarto verso lo resume todo".

Le pidieron que diera un ejemplo. El poeta recitó:

La dos hijas de un mercader de seda vivían en Kyoto,
La mayor tenía veinte años, la menor tenía dieciocho.

Un soldado puede matar con su sable.
Pero aquellas dos jóvenes atravesaban a los hombres con sus ojos
.



09 octubre, 2009

Belles Latinas


Desde el pasado 5 de octubre hasta el sábado 17 se realizará, con epicentro en la ciudad francesa de Lyon, la octava edición del festival "Belles Latinas", dedicado a la literatura latinoamericana y organizado por la revista Espaces Latinos, que dirige el siempre activo Januario Espinosa y que en 2009 celebra sus primeros 25 años de vida.

Los 18 escritores invitados (y es un honor ser uno de ellos) visitarán 28 ciudades principalmente de Francia, presentándose en librerías, universidades y diversos centros culturales.

Entre los invitados se cuentan, este año, Roberto Ampuero (Chile), Luisa Ballesteros Rosas (Colombia), Eduardo Berti (Argentina), Carmen Boullosa (México), Antonio Caballero (Colombia), Alicia Dujovne Ortiz (Argentina), Wendy Guerra (Cuba), Mauricio Hasbún (Chile), Pedro Mairal, Ernesto Mallo y José Muñoz (los tres de Argentina), Carmen Posadas (Uruguay), Juan Manuel Roca (Colombia), Carlos Salem y Ana María Shua (Argentina), Cristovao Tezza (Brasil) y Alejandro Zambra (Chile).

Más información en: http://www.espaces-latinos.org/Belleporta2009.php

07 octubre, 2009

Mercedes Sosa

El legado de Mercedes Sosa es de vital importancia en estas horas de Argentina, una enseñanza moral plena de luz. Con sutileza y precisión desarrolló una obra que marcará por siempre la historia de la música popular de este continente. Su voluntad de libertad fue expuesta en cada recodo del largo camino que forjó a través de muchas décadas en diferentes álbumes y escenarios del mundo. Desde Matus a Violeta Parra, desde Ramirez a Atahualpa Yupanqui, desde Teresa Parodi a Djavan, desde Peteco Carbajal a Spinetta, desde Félix Luna a Charly García, toda ella fue, es, una clase de lo que debiera ser una nación. Una mujer integradora de esencias, una perfumista de la canción en la búsqueda, no del aroma perfecto, sino del aroma del lugar.

Sanmartiniana, desprejuiciada por naturaleza, logró lo que ningún dirigente pudo poner en funcionamiento en la historia de esta tierra. Escuchó a todos, se vinculó con todos, cantó con todos, nos emocionó a todos. Escuchar, vincular, cantar, emocionar. Verbos inusuales, alejados de la vida política. Ella, como nadie, nos da una idea del significado de nación que nos carga de responsabilidad y obliga a pensar en la infelicidad de un país que no puede realizarse en plenitud. Sin embargo, su obra sí que lo logra.

Fragmento de una carta abierta de Fito Páez en homenaje a Mercedes Sosa, fallecida el pasado fin de semana en Buenos Aires, Argentina.


06 octubre, 2009

Raros libros nuevos



Reportaje sobre la editorial La Compañía publicado en Uruguay por la revista "Bla".

La editorial argentina La compañía llegó al mercado uruguayo con varias características notorias: autores peculiares, textos exquisitos y un diseño al revés del pepino

“Una editorial independiente que cree en la literatura”. Así se presenta desde su página web La Compañía, una nueva casa editora responsable de la publicación en español de títulos como La madriguera, el último relato de Franz Kafka, y Fantasmas de la antigua China, del escritor irlandés/japonés Lafcadio Hearn. Estos títulos sintetizan el espíritu de las dos clases de libros que publica esta editorial: obras poco conocidas de autores fundamentales y obras de singular importancia de autores muy poco o casi nada conocidos.

La editorial fue fundada en Argentina en 2007 por Eduardo Berti, David Fajn y Eduardo Milewicz, con el objetivo de rescatar “textos olvidados o inéditos de escritores importantes, textos de gran calidad de escritores poco frecuentados por los lectores de lengua española”. Así llegaron Hearn y Kafka, y así se editaron El punto de vista, una historia contada a través de la correspondencia entre madre e hija, de Henry James, y La misma sangre y otros cuentos, del gran narrador texano (y casi desconocido en Latinoamérica) William Goyen. A lo largo de los poco más de dos años desde su fundación, el sello amplió su catálogo con gemas como Cuaderno de notas, que reúne las anotaciones que Anton Chéjov escribió a lo largo de 13 años en diferentes cuadernos, y Nabokov y su Lolita, de la escritora rusa-estadounidense Nina Berberova, autora de La acompañante.

Al leer la ficha técnica de cualquiera de estos libros de edición cuidada y elegante, el lector se entera de que el nombre completo de la firma es La Compañía de los Libros. “En la página web de nuestra editorial puede leerse esta frase: ‘Se dice a menudo que los libros nos hacen compañía, y es verdad (Samuel T. Coleridge)’. Pero el nombre remite, para nosotros, a más cosas”, apunta Eduardo Berti, fundador y director editorial de La Compañía. “Creo que la obra de un editor es su catálogo y me gusta pensar en ese catálogo como una especie de elenco o ‘compañía’ de libros. Y también, me parece, ‘compañía’ nos sonaba a una empresa creada por un grupo de amigos o compañeros…”.

Los compañeros ssintonizaron con la intención de Berti y se asociación a él para concretarla. “Muchas veces me apenó o me frustró que tal libro o tal autor no estuviera traducido o, en su defecto, que estuviese fuera de circulación desde hace mucho tiempo. La actividad de La Compañía consiste en tratar de paliar estos ‘huecos’, haciendo una tarea de ‘rescate’. Publicar cosas que no veíamos publicadas en castellano, que es una manera (creativa) de intervenir en el debate de ideas”, explica Berti vía correo electrónico. La troupe de La Compañía se completa con apariciones estelares de los escritores que traducen y/o escriben los prefacios y los posfacios de las obras.

Textos y autores. No hay ningún estudio de marcado ni nada similar en cuanto al trabajo de la selección de textos y autores. “Los libros los elegimos de forma bastante caprichosa. Porque nos gustan. Porque nos parece incomprensible que tal autor o tal título no sea conocido en castellano. Diría, incluso, que hay algo hasta egoísta en la selección: que opto por libros que deseaba tener en castellano en mi biblioteca”, confiesa Berti.

Satisfacer esa clase de caprichos no siempre es sencillo conseguir los derechos de algunos autores. “Pero, más que de las dificultades que escapan a nuestra voluntad, hablaría de nuestras propias exigencias. Queremos que las traducciones sean cuidadas y de gran calidad (algo que no siempre ocurre con los así llamados ‘clásicos’); queremos que los textos vayan acompañados de uno o dos comentarios críticos. Para ello hemos convocado a muchos escritores y traductores que admiramos: Esther Cross, Pablo De Santis, Leopoldo Brizuela, Marcos Mayer, Guillermo Martínez, Ernesto Schoo, Vlady Kociancich, Pedro B. Rey, Luisa Borovsky, Martín Kohan y Ariel Magnus, entre otros. Por suerte, la respuesta ha sido excelente. Porque estas personas aportan más que sus excelentes traducciones y su prestigio; aportan sus ideas, sus miradas y sus lecturas”.

Ocho títulos se han publicado desde 2007 hasta ahora. Y este año saldrán tres libros más. En breve, Catálogo de juguetes, de la italiana Sandra Petrignani (“un inventario poético-narrativo de los juguetes de la infancia, desde la casa de muñecas o el barrilete hasta el monopatín o el metegol”, señala Berti). Después, en noviembre, los dos últimos libros de 2009: Felicidades, una antología de cuentos de cumpleaños que incluye a León Tolstoi, Raymond Carver, el estonio Mati Unt y el uruguayo Juan José Morosoli, entre otros. Y William Goyen volverá con Ángeles y hombres, convirtiéndose en el hasta ahora único autor del que La Compañía edita un segundo libro. No es para menos.

“Éste era un autor que yo, en lo personal, quería publicar y difundir; me entusiasma mucho la edición de este segundo libro y espero que potencie el buen funcionamiento del primero”, confiesa Berti. “Ya para el año que viene tenemos varios proyectos confirmados: libros inéditos (o muy raros) en castellano de Dostoievski, Dickens y otros, una traducción de Machado de Assís hecha por Marcelo Cohen, y un libro de cuentos del escritor belga Jacques Sternberg”.


http://www.revistabla.com/portal/periscopio.php


05 octubre, 2009

Doble labor


Cuánto se sorprendería el público si supiera que todo escritor digno de ese nombre es el más severo crítico de su libro antes de que éste caiga en manos de los reseñadores. El hombre que ha escrito una página con todo su fervor es el mismo que al día siguiente se sienta y la juzga sin piedad. ¡Qué fascinante debe de resultar un arte que exige y obtiene esa doble labor!

Wilkie Collins, "La túnica negra" (traducción de Damián Alou)


04 octubre, 2009

Juguetes


El nuevo libro de la editorial La Compañía es "Catálogo de juguetes", de la escritora italiana Sandra Petrignani, con traducción de Guillermo Piro y posfacio de Giorgio Manganelli.

El "Catálogo de juguetes" presenta un inventario de 65 juguetes y juegos propios de los niños italianos que nacieron y crecieron, como la autora, entre los años ’50 y ‘70. Sin embargo, Petrignani logra que su “objeto de estudio” adquiera valor universal y pueda ser leído como un texto que narra el paso de la infancia a la adolescencia.

Patrick Curry comentó en el Times Literary Supplement que había terminado la lectura de esta obra con un gran sentimiento de melancolía, como si hubiese concluido su infancia por segunda vez. Por su parte, la revista italiana L’Europeo afirmó que Catálogo de juguetes lleva al lector a lo más hondo de su memoria y restaura el mágico territorio del juego.

En efecto, es imposible no sentirse tocado cuando Petrignani habla del flipper, el oso de peluche, la hamaca, el metegol, la Barbie, el View Master, las figuritas o el yo-yo. Seguramente el viaje a zonas olvidadas, secretas y universales sea lo que le concedió a Catálogo de juguetes (inédito hasta ahora en castellano) un lugar privilegiado no sólo en la obra de Petrignani sino también en la literatura italiana contemporánea.

El siguiente es un texto escrito por Petrignani, especialmente para la revista ADN del diario argentino La Nación, y publicado ayer sábado.


Por Sandra Petrignani


La idea original del Catálogo de los juguetes era escribir una historia de mi infancia, una infancia de la década de 1950. Yo tenía un hijo chico, Guido, a quien el libro está dedicado, y observando su modo de jugar y su relación con los juguetes, me pareció entender que se había originado una gran fractura en el mundo infantil. Yo, que pertenecía a la generación del baby-boom (era una babyboomer con todas las de la ley), de las manifestaciones estudiantiles, de la revolución sexual, etcétera, había sido una chica mucho más parecida a los chicos que me habían precedido que a aquellos que habían venido después. Quiero decir que si bien los nacidos después del final de la última Guerra Mundial encontraron un mundo totalmente distinto del anterior, en lo que respecta al mundo de los juguetes la revolución debe fecharse uno o dos decenios después. Yo nací en 1952; mi hijo, en 1983. Entre él y yo los juguetes han perdido (casi) completamente el "aura", es decir, su sustancia mágica. De algún modo se convirtieron en objetos equivalentes a los demás, parte del gran sistema de consumo.

Es por eso que pensé en escribir el libro bajo la forma de una meditación sobre objetos-juguetes particulares (cada capítulo un juguete), para recrear el aura perdida y el sabor lejano de mi infancia, tan distinta de la de mi hijo y sus amiguitos. Utilicé el método proustiano de la memoria involuntaria, los juguetes se convirtieron en mis magdalenas. Recuerdo que, literalmente, me rodeaba de juguetes: los pocos que me acompañaban desde chica (un osito, las bolitas, una vieja cafeterita, la Barbie) y los de Guido. Y cuando entre mis amigos se corrió la voz de mi proyecto, todo se volvió una competencia por recordarme este o aquel juguete, este o aquel juego, un indagar hacia atrás que contagiaba y emocionaba. Incluso los juguetes que nunca había tenido (el trencito eléctrico, por ejemplo) resucitaban en mí recuerdos inmediatos. Volvía a ser chica, volvía a la casa de un compañero de la escuela, varón, que me mostraba su trencito que corría intrépido sobre ruedas. Lo veíamos desaparecer dentro de las pequeñas galerías y detenerse en la estación minúscula que lo esperaba con los faroles encendidos. Revivía el sentimiento de exclusión (mi compañero no quería que yo tocara nada, sólo podía mirar) y el encanto de imaginar a las personas que no veía, tantos liliputienses escondidos dentro de aquellos minúsculos vagones.

Escribir el libro fue una emoción continua de ese orden: revivir momentos perdidos y recrear al mismo tiempo la relación con esas cosas especiales que son los juguetes y, a través de ellos, la relación con los adultos, con el crecimiento, con los miedos infantiles y la milagrosa experiencia de lo mágico que tienen todos los chicos.

Confrontando luego aquellas emociones mías con el mundo en que vivía mi hijo, entendía que yo había alcanzado a vivir la infancia con una ingenuidad y una libertad que a los chicos de hoy no se les conceden casi nunca, al menos en las sociedades del bienestar. Por ejemplo, me daba cuenta de hasta qué punto los chicos de entonces formábamos una banda, de distintas edades y hasta de clases sociales distintas. Jugábamos libres, en la calle, en las plazas, sin el control continuo de la mirada adulta sobre nosotros. No estábamos cargados de ocupaciones como los chicos de hoy: lecciones de natación, de inglés, de esto y de aquello. Vigilados siempre por madres, abuelas o baby-sitters , porque se mueven en un mundo mucho más peligroso que lo que era el nuestro.
Creo haber reconocido dos elementos que trastornaron definitivamente el mundo de los juguetes: la irrupción de la electrónica y el negocio de la infancia. En ambos casos el juguete se convirtió en algo complejo. Nosotros podíamos jugar durante horas lanzando piedritas hacia arriba y atajándolas con las palmas o con el dorso de las manos; un chico de hoy, en cambio, se aburriría en cinco minutos. Los chicos son más solitarios y necesitan aparatos para hacerse compañía: TV, computadora, PlayStation. Tienen con los juguetes una relación de propiedad coleccionista, más que afectiva. Ya no existe esa muñeca precisa, aquel único osito, sino una serie de muñecas, de ositos, en una multiplicación sin fin, creada y estimulada por la industria y la publicidad, que logran hacer del chico un consumidor esclavo de necesidades inducidas.

De todas formas, éstos son discursos sociológicos, reflexiones a las que inevitablemente me ha conducido la escritura de este libro, pero que no explican lo esencial, ni la suerte del libro en Italia y en el exterior. Creo que lo atractivo es justamente el uso que hice del juguete como médium, el proponerlo como objeto especial, mágico, sagrado. Es una manera de entrar en contacto con la parte infantil del ser humano, porque el comportamiento de los chicos puede cambiar y el mundo cambia en torno a ellos, pero lo que no cambia es la parte más tierna y secreta que resiste dentro de nosotros y que, en la edad infantil, estuvo más cerca del gran misterio del que todos venimos y al que todos estamos destinados a volver.


[Traducción: Matías Alinovi]

02 octubre, 2009

Cinco libros: Pía Bouzas

Estoy pidiéndole a diversos escritores y artistas que recomienden cinco libros de ficción a los lectores de este blog y por qué no, de paso, al autor del mismo. No se trata, para nada, de un ránking ni mucho menos de una lista canónica. Se trata, más bien, de cinco libros que repentinamente ellos quieran proponer y compartir con los demás.


El voto de Pía Bouzas:




Aquí van cinco libros (o cinco autores, en realidad) que me interesan muchísimo y que leo y releo con renovado placer.

Doris Lessing, Las abuelas
John Cheever, Parecía un paraíso
Clarice Lispector, Revelación de un mundo (recopilación de sus crónicas)
Anton Chejov, La gaviota
Bryce Echenique, Un mundo para Julius



Pia Bouzas nació en Buenos Aires, en 1968. Publicó el libro de cuentos El mundo era un lugar maravilloso (2004). Otros relatos suyos fueron incluidos en las antologías Cuentos Olímpicos, Tiempo de nuestros mayores (Páginas de Espuma 2004, 2006) y en Buenos Aires no duerme (1998). Próximamente aparecerá publicado su segundo libro de cuentos, Extranjeras, que fue finalista del premio Casa de las Américas (Cuba, 2008) y mención del Fondo Nacional de las Artes (Argentina). Desde abril de este año es uno de los editores de la revista virtual Cuatrocuentos.