20 diciembre, 2009

Por qué regalar libros


Por segundo año consecutivo decidimos en la editorial La Compañía que, como se acerca fin de año (época de festejos, regalos y balances; tiempo, también, de planificar las lecturas para el verano), era buen momento para preguntarnos por qué regalar libros y, particularmente, los libros de nuestro sello. Traductores, escritores y críticos que han colaborado en ediciones de La Compañía respondieron a la pregunta y éstas son las razones que esgrimieron:


Ariel Magnus:

Lo único que me da verdadero placer comprar y regalar son libros. Es lo que siempre me gusta que me regalen y me permite probarme cuán bien conozco a la otra persona eligiendo el libro que creo perfecto para ella. Y, aunque no le guste, los libros son de los pocos objetos, si no el único, del que nunca podemos tener demasiados. Regalar una traducción tiene además la ventaja de que regalamos no sólo una historia, sino también un mundo distinto, un viaje a otro país y tal vez a otra época. Es un poco como hacerla y, sin duda, es ayudar a que se sigan haciendo y publicando.

Vlady Kociancich:

Hay mil motivos para elegir un libro como regalo. Es un objeto hermoso y, si el contenido es de alta calidad, perdura como el mejor perfume. Siempre es un regalo personal. Algo de quien lo da queda adherido al libro: el impulso de compartir el placer de una lectura o el descubrimiento de un nuevo autor, el recuerdo de cuál es el género o el escritor favorito de la persona que lo recibirá. Pasan los años y uno difícilmente olvide quién le trajo ese primer ejemplar de una obra admirable que desconocía. Los libros de La Compañía que he leído tienen esa virtud hecha a la vez de revelación y permanencia. Clásicos en la intimidad, un Henry James en una cristalina miniatura, un William Goyen casi ignorado que surge en toda la fuerza de sus cuentos, una delicia de Jane Austen, entre otros. Son lindos, además.

Ernesto Schoo:

Un libro es un regalo para toda la vida y, aún más allá, una herencia valiosa. Lo sé por experiencia propia. Los libros de La Compañía son especialmente adecuados: textos (raros, refinados, curiosos) inhallables en otros sellos; ediciones cuidadas hasta el mínimo detalle; de fácil transporte, manuables, que ocupan poco espacio. Los buenos libros viven para siempre en el tiempo. Como él, son infinitos, inagotables y sin cesar renovados.

Liliana Heker:

Cuando uno regala un libro, piensa en el otro –pero de verdad piensa en el otro; sólo así podrá decidir qué historia, cuál imaginería, qué música secreta de las palabras podrán fascinar o sorprender al otro– y piensa también en sí mismo: en el placer singular que el libro por ser regalado le provocó o le va a provocar el día en que lo lea –regalar un libro que uno no desea es un acto casi delictivo–. Los libros que publica La Compañía son particularmente deseables. Uno puede estar seguro de que, buscando entre ellos, va a encontrar el que atraviese victorioso la doble prueba.

Guillermo Martínez:

Regalar libros es regalar la posibilidad de una segunda vida. Porque la literatura finalmente es eso: una segunda vida, puertas muy adentro, donde el tiempo, por suerte, es largo y no lineal. Creo que los libros de La Compañía dan la posibilidad de revisitar algunos clásicos en textos insospechados, como si hubieran sido recién descubiertos. Me gusta también que sean en general libros breves, como joyas manuables.

Esther Cross:

En Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes habla de lo difícil que es elegir un regalo para el ser querido. Tiene razón. Pero hay paliativos: si una decide regalar un libro, soluciona gran parte del problema. Por empezar, un libro es un objeto imperecedero y hacer regalos perdurables tiene lo suyo. Además, cuando el libro es bueno, no pasa nunca de moda porque está siempre más allá de lo moderno. Un libro es un regalo generoso de por sí. Hablo de una generosidad extensiva: la persona que recibe el libro puede leerlo y pasárselo a otro sin que nadie se ofenda. Al contrario. Después de todo, una vez que una leyó un libro, no puede perderlo aunque lo regale o lo pierda. Regalar un libro es desearle a alguien un momento excelente, de detención y de inquietud, de imaginación y silencio. Es también una propuesta de libertad (cuándo leer, por qué razones y en qué dosis, qué buscar y qué encontrar) que sólo la lectura hace posible. Por último, debe ser una de las maneras más cordiales de formar parte de la vida del ser querido al ingresar en su memoria de lector con una idea, con una historia, con una noticia diferente de la vida.

www.editoriallacompania.com


1 comentario:

Gervasium dijo...

Casualmente, acabo de recibir "Fantasmas" como regalo de Navidad anticipado. Lo había mirado en alguna librería. Estaba por comprarlo. Gracias, Eduardo.