19 diciembre, 2009

Las voces de Porchia



Los mexicanos tuvieron esa suerte de maestro zen llamado José Juan Tablada, cuyos haikus japonizaron a Octavio Paz antes incluso de que éste viviera en Oriente. El maestro zen de los poetas argentinos, precursor de Juarroz y Pizarnik, no puede ser otro que Antonio Porchia, autor de ese libro irrepetible que es “Voces”, donde el aforismo y la poesía van de la mano:


Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.

Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto.

Cuando me hiciste otro, te dejé conmigo.

A veces hallo tan grande a la miseria que temo necesitar de ella.

Hay caídos que no se levantan para no volver a caer.

Las cadenas que más nos encadenan
son las cadenas que hemos roto.

Comencé mi comedia siendo yo su único actor
y la termino siendo yo su único espectador.


Nacido en Italia, en un pueblo de Calabria, Porchia dio a conocer la primera versión de “Voces” en 1943, en Buenos Aires. Hubo otra edición en 1948. Y otras más en los cincuenta y los sesenta. La mayoría de los escritores van por la vida de libro en libro; otros, más raros, escriben uno solo a lo largo de los años, en sucesivas reimpresiones y versiones. Fue en cierto aspecto el caso de Jorge Guillén con “Cántico”. Fue el caso, literalmente, de Porchia.

Desde hace pocos años existe el sitio web www.antonioporchia.com. Es una especie de tesoro: puede oírse a Porchia recitando (la voz de las voces), hay imágenes y ensayos, hay manuscritos. Hay, incluso, “Voces” inéditas. Por ejemplo: “Cuando eran los tontos de aquel mundo los dueños de aquel mundo, al pasar por aquel mundo sólo pedían a los tontos de aquel mundo, dueños de aquel mundo, que los dejaran pasar. Y casi siempre eran tontos de aquel mundo los dueños de aquel mundo”.

Y hay también una entrevista efectuada a Porchia meses antes de su muerte en 1968. La entrevista es imperdible y Porchia suelta algunas frases nada indignas de su libro:


- ¿Cree en algo?

- Actualmente me cuesta creer. No pude comprobar nada. Siempre me encontré con que las cosas eran otras cosas.

- ¿Está desilusionado de algo?

- No es una desilusión, ni una derrota, pero me cuesta admitir y no admitir. Prefiero callarme, particularmente con las personas que me merecen respeto. No confío en ninguna certidumbre. Las certidumbres sólo se alcanzan con los pies.

- ¿Por qué no se casó nunca?

- Para no comprometerme, para no comprometer.

- ¿Tiene sueños?

- Pocos; los sueños no tienen valor especial para mí. Duermo para descansar, para poder vivir. Cuando sueño algo, después de un tiempo no sé si fue un sueño o si lo pensé, simplemente.


www.antonioporchia.com


1 comentario:

Lucio dijo...

Porchia, un maestro.