02 diciembre, 2009

Diario del infierno


Petter MOEN

Por Eduardo Berti

El 9 de abril de 1940, los habitantes de Oslo se encontraron con la bandera nazi flameando en el Parlamento. Su asombro fue mayúsculo porque Noruega se había declarado neutral tanto en la Primera como en la Segunda guerra mundial. La ocupación, pese a no contar con ningún apoyo popular, fue posible a raíz de un gobierno colaboracionista.

La resistencia noruega no tardó en organizarse e incluyó prácticas sutiles como llevar un clip en el ojal (el clip es un invento noruego) a modo de símbolo de unión contra los ocupantes o como viajar a pie en los transportes públicos, negándose a compartir asiento con un alemán o con un colaboracionista. En respuesta a estas y otras expresiones de repudio, los nazis llegaron a incautar todos los aparatos de radio del país o a promulgar una absurda ley que prohibía usar clips.

Entre las figuras de la resistencia noruega se destacó Petter Moen, un empleado de una compañía de seguros que fue primero el director del diario ilegal “Noticias de Londres” (en el que transcribía las informaciones emitidas por la BBC, desde Gran Bretaña) y que terminó coordinando la prensa libre y clandestina de este periodo, hasta que la Gestapo lo detuvo el 3 de febrero de 1944.

Una vez preso, Moen se las ingenió para llevar un diario de su cautiverio en los cuarteles centrales de la Gestapo, en la Mollestrasse de Oslo. Lo hizo con ayuda de un clavo, que arrancó de una miserable cortina, y fue escribiendo en hojas ennegrecidas de papel higiénico, las que archivaba dentro de la rejilla de ventilación de su celda. Trabajaba a ciegas, sin posibilidad alguna de releerse o corregir. Escribía en letras mayúsculas. Desgranaba frases breves, como jadeos.

Empezó consignando: “Me han interrogado dos veces. Latigazos. Delaté a Vic. Soy débil, Merezco desprecio. Me aterroriza el dolor. Pero no tengo miedo a morir”. Tres días después, el domingo 13 de febrero, apuntó: “Esto es el infierno. El carcelero se burla de mis movimientos, lentos y encorvados. ‘¡Corre erguido!’ es su orden”. Y así llegó a completarun texto que hoy, en forma de libro, abarca más de 150 páginas. Un testimonio único.

El 6 de septiembre de 1944, al cumplirse siete meses de su detención, Moen fue enviado en barco a Alemania junto con otros cuatrocientos prisioneros; pero el barco chocó dos días más tarde contra una mina, se hundió frente a la costa de Suecia y sólo cinco personas sobrevivieron. Tras la liberación de Noruega, uno de estos sobrevivientes dio aviso del diario de Petter Moen que, en efecto, fue hallado en su escondite, intacto, apenas humedecido.

Nacido en Drammen, en 1901, Moen había crecido en un hogar profundamente religioso. Esto se refleja en varios tramos del texto, en disquisiciones teológicas o en los rezos cada vez más desesperados que el autor va transcribiendo.

Descifrar el diario (cuyo original hoy se encuentra en los archivos del Museo de la Resistencia Noruega, en Oslo) fue una tarea colosal. Para ello fue clave la asistencia del filólogo Andrea Riis, colaborador de Petter Moen en los tiempos de la clandestinidad. El diario se inicia una semana después de su detención y se divide en dos partes, correspondientes a las dos celdas que ocupó el autor durante su cautiverio.

El diario de Moen se publicó en Noruega en 1949 y, casi de inmediato, en Estados Unidos y en la mayoría de los países europeos, pero inexplicablemente permanecía sin traducir al español. Fue la argentina Viviana Paletta (cofundadora, con la española María Moreno, de la editorial Veintisiete Letras, que funciona en Madrid), quien resolvió hacer justicia. El libro acaba de ser editado con traducción y epílogo de Cristina Gómez Baggethun y prólogo del filósofo y ensayista chileno Martín Cerda.

Paletta cuenta que su primer contacto con el diario de Moen se debió, precisamente, a que Cerda lo menciona en su ensayo La palabra quebrada, publicado el año pasado por la misma Veintisiete Letras. En ese texto, escrito originalmente en 1982, nueve años antes de su muerte, Cerda califica al diario de “estremecedor” y cita una idea de Ernst Jünger (tomada de su Tratado del rebelde): que las obras más radicales de la literatura actual han surgido de los objetivos menos literarios: cartas, diarios íntimo, papeles “nacidos en las grandes cacerías humanas, emboscadas y desolladeros de nuestro mundo”.

En su epílogo al diario de Moen, Cristina Gómez Baggethun narra los pormenores de la ocupación nazi de Noruega y también su desenlace. Al finalizar la guerra, casi 100 mil personas fueron juzgadas y 22 mil resultaron sentenciadas a penas de cárcel por haber asistido a los ocupantes. Entre los juzgados estuvo nada menos que un premio Nobel: el escritor Knut Hamsun. “El hecho de que a día de hoy no haya una sola calle o plaza en todo el país que lleve su nombre, a pesar de que sigue siendo uno de los pilares de la literatura nacional, da cierta idea de las profundidad de las heridas causadas por el conflictos”, observa Baggethum.

Disponible por fin en castellano, el diario de Moen viene a sumarse a otros escritos fundamentales sobre la segunda guerra mundial, desde los testimonios de Ana Frank o Primo Levi hasta el diario anónimo “Una mujer en Berlín”, que acaba de ser adaptado al cine por el alemán Max Färberböck.

(Publicado originalmente en el diario "Crítica" de Argentina, el sábado pasado)

2 comentarios:

El Pobrecito Hablador del Siglo XXI dijo...

Perdona la invasión
Únete si te apetece a esta iniciativa , y pásalo
EL DIA 13 DE DICIEMBRE ANTONIO MACHADO RECITA Y HABLA EN LA RED
Copia en tu blog el dia 13 de diciembre un poema o un texto de Antonio Machado, o escribe sobre él. ¡Consigamos una jornada machadiana vírica!

costa sin mar dijo...

me gustó un chorro el texto pero tiene erratas