13 diciembre, 2009

Abordaje


No crean, para mí tampoco fue fácil. Verla tan hermosa y llorando, como suplicándome un minuto más. Al menos un abrazo más. Se iba a España y sabrá Dios si algún día vuelva. Tal vez nunca la vea de nuevo. Sollozaba, como si no hubiera remedio posible, y, yo, claro, yo que no soy de palo, pues me quebré. Porque tal vez muchos crean que soy un insensible, pero no, soy un hombre de carne y hueso. Nadie sabe lo que sufro yo en momentos como esos. “Siga, señorita”, fue lo último que le dije mientras le devolvía el pasaporte para atender al siguiente pasajero.

Esteban Dublín

Más cuentos del colombiano Esteban Dublín en: http://estebandublin.blogspot.com

3 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Eduardo, para mí es un enorme privilegio que hayas publicado uno de mis cuentitos en tu espacio, uno de los mejores blogs literarios que conozco, si no el mejor. Te agradezco inmensamente.

Mario dijo...

Me hago seguidor.
He llegado casi sin querer, pero queriendo me quedo aquí, enquistado. Leyendo. Y disfrutando con las recomendaciones.

Gracias.

Eduardo Berti dijo...

De nada, Esteban. El cuento se lo merece, a mi entender.

Y bienvenido, Mario. Un abrazo,