02 noviembre, 2009

Los dos lados


Una noche, en el pequeño teatro de Padua, el hombre que vendía las entradas nos ofreció el proscenio (el cual elogió sobremanera), hecho que nos permitió asistir no sólo a la obra de teatro, sino también a la escena que se desarrollaba detrás del escenario. Desde este particular punto de vista fuimos testigos de la importancia del apuntador en el drama (cosa que siempre sucede con el apuntador en el teatro italiano), y de cómo los tramoyistas pasaban a formar parte de los personajes principales. No podíamos evitar el ver cómo la esposa virtuosa, ardientemente perseguida por el villano de la obra, se tomaba sus pausas entre bambalinas para después salir corriendo a escena hecha un mar de lágrimas y de desesperación, y observamos con consternación cómo, detrás del escenario, el marido ultrajado y su enemigo jugaban alegremente a pelearse. El lado más pobre del teatro se hizo patente; vimos la vulgaridad de las pinturas y la irrealidad de los decorados. Y, aun así, puedo afirmar que la obra no perdió ni un ápice de su encanto y que el manejo de la maquinaria, a pesar de su inevitable torpeza, no me impidió disfrutar al máximo. Era tanta la belleza y la verdad que había en la actuación, que me despreocupé de lo engañoso de las cuerdas y los dorados y pronto dejé de prestarles atención. El caracter ilusorio, que me parecía tan esencial en un espectáculo dramático, se reveló como una condición sin importancia.

William Dean Howells, "Vida veneciana" (Traducción de Nuria Gómez Wilmes, prólogo de Henry James)

4 comentarios:

madison dijo...

Que reseña tan interesante, y la portada maravillosa.
Gracias por hablar de este libro.

BLANCO dijo...

Maravilloso párrafo. Alguien dijo que el cine es un montón de mentiras que se reúnen para contar una verdad. Tal vez haya aún más mentiras en el teatro. Y una verdad "mas verdadera". Quizá porque cada función es única e irrepetible; fugaz, y de la que sólo queda constancia etérea en la emoción -o ausencia de emoción- de los espectadores, quienes ya no podrán volver a vivir la experiencia.

Eduardo Berti dijo...

Gracias Blanco, gracias Madison.
Un saludo para los dos.

costa sin mar dijo...

así mano
así!!!!!!!!