16 octubre, 2009

Axolotl


Hace casi treinta años, Claude Namer (uruguayo radicado en París) y el periodista Alain Caroff filmaron con una cámara 16 milímetros unas imágenes callejeras de Julio Cortázar. "Leímos su obra con atención y marcamos los lugares concretos de la ciudad de París que aparecen mencionados en sus cuentos y en sus novelas. Cuando le mostramos la lista, aceptó entusiasmado", recuerda Namer.

El rodaje duró una semana. "Lo pasábamos a buscar por la casa donde vivía por entonces, en la rue Saint Honoré, cerca de Les Halles, y le proponíamos diferentes itinerarios". De esta manera visitaron la isla Saint-Louis, atravesaron la île de la Cité, caminaron por los muelles que bordean el río Sena y descendieron al metro "donde Cortázar volvió a exponer esa teoría tan suya de que el tiempo transcurre allí abajo de otra forma" o, mejor dicho, "todo ocurre bajo el signo de la más implacable ruptura", como escribe en "Manuscrito hallado en un bolsillo" (Octaedro).

A menudo Cortázar sugería un plano o una puesta de cámara o una esquina no prevista en el esquema original. "Cortázar era un gran caminador, le encantaba la calle", dice Namer, para quien la mayor prueba de esa relación vital está plasmada en otro cortometraje, rodado casi al mismo tiempo que el suyo, en este caso por un holandés llamado Eric Van Zuylen. Las imágenes, recogidas por Tristan Bauer en su largometraje sobre el escritor, muestran a Cortázar frente a un muro que es un caos de afiches publicitarios. Pegados unos sobre otros, torcidos o hechos jirones, los afiches construyen sin querer un discurso que el argentino descifra, cautivado.

"Cortázar conocía las calles de París mejor que muchos franceses. De hecho, Rayuela es un verdadero himno de amor a la ciudad, tal vez el mayor canto a París que se haya escrito en los últimas décadas", sostiene Namer, a quien el novelista le contó que lo que más le atrajo de la ciudad, a su llegada en 1951, fue la vida cotidiana. "Prefería conversar con el panadero y el carnicero, en vez de frecuentar capillas literarias".

AXOLOTL

Empujados por un cuento en especial ("Axolotl", incluido en Final del juego), Namer y Caroff quisieron llevar a Cortázar al Jardin de Plantes donde se desarrolla su acción. En el relato, un hombre visita todos los días los acuarios del Jardin de Plantes y pasa horas boquiabierto frente a una pecera, siguiendo los movimientos de los axolotl, unos peces exóticos. El cuento concluye con un inquietante cambio de punto de vista, un "salto a otro lado" típicamente cortazariano: el hombre se ha vuelto axolotl, se ve a sí mismo tras el vidrio y piensa: "Me consuela pensar que acaso va escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl".

"Pese a nuestros pedidos, Cortázar no quiso pararse frente a la pecera donde estaban los axolotl", dice Claude Namer. Algo similar informa Mario Goloboff en su biografía. El escritor había juramentado no acercarse nunca más a esos peces. "Tuvimos que fingir la toma", confiesa Namer. "Fuimos al Jardin de Plantes pero Cortázar terminó recorriendo un pabellón cualquiera, no el de su cuento".


4 comentarios:

Magda Díaz Morales dijo...

El trabajo de José Gordon, "Imaginantes", es excelente. Respecto al tema del que hablas en el texto, me parece que puede gustarte este breve video:

Encuentro con el azar

Víctor dijo...

Eduardo: ¿se pueden ver por ahí esas imágenes? ¿Puedes dejar algún enlace? Muchas gracias, de un cortazaradicto.

Magda, muy interesante el enlace que dejaste. Me encanta eso del cortAZAR.

Eduardo Berti dijo...

Muchas gracias, Magda, por el dato de "Imaginantes". Voy a poner algo de este ciclo en el blog, sin dudas.

Hola, Víctor: Estuve buscando algún enlace a esas imágenes, pero no encontré ninguno. Lo que sí existe en Youtube es la película de Tristan Bauer, al menos algunos fragmentos.

Víctor dijo...

Gracias, Eduardo. Voy a ver qué encuentro.

Un saludo.