14 agosto, 2009

Ultimas palabras

Hace ya tiempo hablé aquí mismo acerca de un libro llamado "Escritores contra escritores" (El Aleph, 2006) de Albert Angelo.

El mismo autor ha publicado por la misma editorial, en 2007, una curiosa antología llamada “El libro de los finales”. Se trata de una recopilación de epitafios, despedidas y últimas palabras de escritores, filósofos, artistas, dignatarios y demás hombres más o menos famosos.


El capítulo titulado “Ultimas palabras” incluye algunas perlas:

1.
Rodeada de todos los miembros de su familia, lady Nancy Astor (1879-1964), la primera mujer en la cámara de los Comunes, llegó a decir: “¿Me estoy muriendo o es mi cumpleaños?”

2.
Antón Chéjov (1860-1904) pidió champán justo antes de morir. Le sirvieron una copa. “Se la bebió a pequeños sorbos, de manera tranquila y silenciosa”, escribe Angelo, pronunció: “Hace mucho que no tomo champán”, puso la copa en la mesita al lado de la cama y dejó de respirar.

3.
Nostradamus (1503-1566) fue visionario hasta el final. Se cuenta que cuando su criado se despidió con un “¿Nos veremos mañana, maestro?", él repuso: “Mañana ya no estaré aquí”.

4.
Antes de morir, el estadounidense William Saroyan (1908-1981) llamó a la agencia Associated Press y dictó sus últimas palabras: “Todo el mundo tiene que morir, pero siempre creí que en mi caso se haría una excepción. ¿Y ahora, qué?”.

5.
Estando Karl Marx (1818-1883) en su lecho de muerte, su criada le preguntó si tenía algunas últimas palabras para decir. La respuesta (y tal parece que fueron, en efecto, sus últimas palabras): “¡Vamos, fuera! ¡Las últimas palabras son para estupidos que todavía no han hablado lo suficiente!”.

4 comentarios:

Gervasium dijo...

Borges y Bioy planearon una antología de últimas palabras más o menos famosas. Uno de los probables títulos era, creo, "Libro del coraje". Algunas de las frases compiladas aparecieron en los diarios de Bioy que publicó Daniel Martino.

Casualmente, otra forma literaria que los divertía, "los epigramas de escritores contra escritores" (ver "Descanso de caminantes", p. 503), es el tema del otro libro de Angelo.

Gracias, Eduardo.

Tomás D. Rubio dijo...

En: El malpensante, de Bufalino encontramos esta breve colección:

Últimas palabras. "Oíd una cosa terrible: en tres días seré fusilado por los fusileros de Dios" (Radiguet); "Viejo tonto" (Toulouse-Lautrec, al padre que lo asistía en la agonía y, para no aburrirse, cogía moscas al vuelo); "Ya no es tiempo para esto" (san Ignacio, a un amigo que le había llevado un libro); "Temo que mis frases comienzan a volverse gramaticalmente insensatas" (Gide); "Por lo que parece, me estoy convirtiendo en Dios" (Vespasiano); "Bah, me acordaré de este planeta" (Villiers de l'Isle-Adam); "Máteme, de lo contrario usted es un asesino" (Kafka); "Oh, ya empiezo a aburrirme" (Francis de Croiset); "Fasano, me siento mal" (De Amicis); "Rápido, una escalera" (Gogol); "El problema está resuelto" (Enrico Cairoli); "Vienen guerras: En guardia... Vienen guerras" (Gorki); "Sudo" (Garibaldi); "Morir a los cincuenta años, !qué vergüenza!" (Petrolini); "Feliz estadía" (Maiakovski, en el billete de adiós); "¡Yo moriré! ¡Vamos! Hablaremos más tarde, con calma" (Laforgue); "Ya dejen de joder" (Léauteaud)...

Anónimo dijo...

Acaba de llegar una maravilla a la librería: La felicidad de los pececillos Cartas desde las antípodas (Acantilado), del belga Simon Leys. En la página 48:
"Pero las palabras del final más lamentables son las de Pancho Villa. Cogido por sorpresa en el momento de su ejecución, suplicó a un periodista que se encontraba allí presente: "¡No deje que acabe así! ¡Escriba usted que he dicho algo!" Pero éste, en lugar de inventar, como es su costumbre, se limitó a referir esta falta de inspiración en toda su desnudez. ¡Como para fiarse de los periodistas!"

Saludos,
Tomás David Rubio

Eduardo Berti dijo...

Qué bueno!