21 agosto, 2009

Paradojas de Chesterton


Nacido en Londres, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) empezó ganándose la vida como crítico de arte, publicó algunos poemas y alrededor de 1900, cuando tenía 26 años, comenzó a llamar la atención no sólo por su inmensa estatura y por la romántica capa con que solía vestirse, sino por la fuerza y la originalidad de sus ideas.

Según André Maurois, Chesterton escribía alegorías más que novelas o relatos. De idéntico modo, sabía cultivar el arte de la paradoja de forma osada y admirable, con frases como: "Lo más increíble de los milagros es que ocurren". O: "La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo". O: "Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no creen en nada, sino que están dispuestos a creen en todo".

Llamado el "príncipe de las paradojas", Chesterton publicó en 1936 publicó el libro de cuentos "Las paradojas de Mr. Pond", donde cada relato se basa o inspira en una paradoja puntual.

Al margen de este libro en particular, Chesterton solía incluir en todos sus textos ideas desconcertantes como “Todo salió mal porque la disciplina era demasiado buena” o “Es un gran error suponer que el amor une y unifica a los hombres. El amor diversifica, porque el amor se orienta hacia la individualidad. Lo que realmente une a los hombre y los hace parecidos es el odio”.

Las paradojas de Chesterton suelen basarse –aunque no siempre-- en palabras de significados múltiples y ambiguos. Y son tan asombrosas como mordaces. No en vano decía Cicerón: "A eso que lo griegos llaman paradoja nosotros le decimos ‘cosas que maravillan’ ".

Más paradojas de Chesterton:

La paradoja del coraje es que un hombre tiene que descuidar un poco su vida con tal de protegerla.

Una vez conocí a dos hombres que estaban tan de acuerdo que, lógicamente, uno mató al otro.

El optimista cree en los demás; el pesimista, en sí mismo.

Muchos críticos de hoy han pasado de la premisa de que una obra maestra puede ser impopular, a la premisa de que si no es impopular no puede ser una obra maestra.

La imaginación no engendra locura. Lo que engendra locura es la razón.

Una buena novela nos dice la verdad sobre su protagonista; pero una mala nos dice la verdad sobre su autor.

1 comentario:

LEO dijo...

EL HOMBRE QUE FUE JUEVES!