11 agosto, 2009

La hora del té


Por Eduardo Berti


Hay casos de encuentros entre hombres notables que, aun siendo decepcionantes, resultan útiles a los historiadores llegado el turno de delimitar etapas. Algo por el estilo ocurrió el 1° de noviembre de 1878 cuando Henry James fue a visitar a George Eliot, una autora que admiraba públicamente, aunque no por las mismas causas que su contemporáneo Thomas Hardy, más conservador y provincial, si caben estos términos.

George ELIOT

La escritora acababa de dar a conocer "Daniel Deronda", su última novela, y vivía en Witley con George Henry Lewes, consejero literario y amante. James ya se había entrevistado con ella en 1869, en su primera visita a Gran Bretaña; ahora tenía 35 años, se había instalado desde 1876 en Londres y había cifrado grandes expectativas en esta segunda cita, según puede leerse en sus memorias "The Middle Years".

El encuentro, no obstante, estuvo lejos de lo que James aguardaba: el té nunca fue servido, Eliot aceptó con aire distraído los dos tomos dedicados de "The Europeans" ("Los europeos") y, a punto de despedirlo, Lewes le dio para que leyera en el viaje de retorno, quién sabe si a propósito o por accidente, dos libros que resultaron ser los mismos tomos de "The Europeans".

Existe, a decir verdad, otra versión algo cambiada y menos agradable del episodio; en ella Lewes se limita a devolver los libros murmurando casi molesto: "Lléveselos, por favor, lléveselos". Como sea, en su historia de la novela británica Malcolm Bradbury postula una explicación para la amarga escena. Dice que Lewes estaba muy enfermo y que moriría a las pocas semanas. Dice que la propia Eliot también se hallaba cerca de su muerte, que simbólicamente marcó el fin de la novela victoriana.

En cuanto a James, al año publicó "The Portrait of a Lady" ("Retrato de una dama) y tal vez, aventura Bradbury, "no sea accidental que esa novela abra con una famosa referencia a la hora del té".

2 comentarios:

hugo dijo...

Hola Eduardo:
Quizá la realidad histórica haya sido la de Lewes enfadado, luego, parece, llegó Borges y escribió la versión de la confusión de los libros
¿acaso Bradbury se atrevería a desmentirlo?

hace tiempo que te sigo y hoy me he animado a dejarte un comentario y a enlazarte a mi blog de viejo topo,

salut,
hugo

Eduardo Berti dijo...

Gracias, Hugo, por el comentario y por el enlace... Y bienvenido!