05 agosto, 2009

El "sol" de Borges

El pasado jueves 30 de julio publiqué en este blog un fragmento de un breve texto de Julio Cortázar acerca del oficio de traducir en el que, entre varias cosas, señala un supuesto error de Borges en una traducción del francés.

Acabo de recibir un magnífico mail de Fernando Sorrentino que agradezco mucho porque pone las cosas en su debido lugar. Lo que Fernando envía es un artículo que él publico en octubre de 2002 con el título "Borges: acusado y absuelto".

Aunque esta misma aclaración figura al pie de la entrada original, he querido publicarla como entrada independiente por su extensión y sobre todo por su exactitud.


"Borges: acusado y absuelto"

Por Fernando Sorrentino



El número 17 de la tercera época de la revista Proa (Buenos Aires, mayo-junio, 1995) registra un breve texto inédito de Julio Cortázar titulado «Translate, traduire, tradurre: traducir».

En él, entre otros temas, compara el placer de traducir con el trabajo de traducir:

Trujamán silencioso, en mi juventud viví tiempos de delicia mientras traducía libros como Mémoires d’Adrien, de Marguerite Yourcenar, o L’immoraliste, de André Gide, y años después los pagué con jornadas de horror o de letargo frente a los informes de algunos expertos de las Naciones Unidas en las esferas (ellos lo escriben así) de la sociología / alfabetización / regadío / medios masivos de comunicación (sic) / biblioteconomía / reactores atómicos de agua pesada, etcétera, que en general merecían su denominación de informes pero en segunda acepción
.

Hay también algunas bromas sobre errores o disparates variados que se deslizan en traducciones y no falta —en su estilo de artificiosa oralidad— la simpática autotomadura de pelo:

He palidecido al releer fragmentos de mis viejas versiones literarias, como en el caso del célebre pero olvidado estudio del abate Brémond sobre plegaria y poesía, donde me equivoqué sobre el esprit en el sentido de ingenio o agudeza y lo traduje derecho viejo como ‘espíritu’, estropeándole el pasaje al buen abate.

Pero enseguida agrega:

Claro que peor le ocurrió a Borges que en un poema creo que de Francis Ponge tradujo sol por ‘sol’ en vez de ‘suelo’, pero ya se sabe que esas cosas pasan en las mejores familias, vide San Jerónimo.


Muy bien. Ocurre que, en toda su vida, Borges tradujo, del francés, tres poemas (o, mejor dicho, un poema y una suerte de prosa poemática):

1. El poema es «Paysage cruel» (constituido por cuatro partes tituladas «Trame», «Moments», «Animale», «Le temps de l’insecte»); esta obra pertenece a Édith Boissonnas (1904-1980).
2. Las prosas poemáticas pertenecen, en efecto, a Francis Ponge (1899-1988) y se titulan «De l’eau» y «Bords de mer».*

La revista Sur, en su entrega dedicada a la literatura de Francia (Buenos Aires, año 16, n.os 147-148-149, enero-febrero-marzo, 1947), incluye todos estos textos en versión bilingüe con páginas enfrentadas: en las pares se halla el original francés; en las impares, la versión española de Borges.

Por exceso de escrúpulo (Cortázar escribió «creo que de Francis Ponge») revisé también el texto de Edith Boissonnas: allí no aparecen los vocablos sol ni soleil.

Tampoco se encuentran en «Bords de mer». Pero sí en «De l’eau», según este detalle:

El vocablo sol figura cinco veces (a = Ponge; b = Borges):

a. Comme le sol, comme une partie du sol, comme une modification du sol.
b. Como el suelo, como una parte del suelo, como una modificación del suelo.
a. (…) se couche à plat ventre sur le sol (…).
b. (…) se acuesta boca abajo en el suelo (…).
a. (…) dans son désir d’adhérer au sol (…).
b. (…) en su deseo de adherirse al suelo (…).

En cambio, soleil sólo se halla dos veces:

a. Cependant le soleil et la lune sont jaloux de cette influence exclusive (…).
b. Sin embargo el sol y la luna le envidian esta influencia exclusiva (…).
a. Le soleil alors prélève un plus grand tribut.
b. El sol le arranca entonces mayor tributo.


Como vemos —y no podía esperarse otra cosa—, no hay ningún error en la traducción de Borges. Queda, por lo tanto, absuelto de culpa y cargo de la acusación de haber cometido tan grosero dislate.

En cuanto a la información suministrada por Cortázar, puede considerarse un ejercicio de literatura fantástica, a la que tan afecto era el imaginativo y cosmopolita narrador.

(*) Transcurrido más de medio siglo, adviértase la abismal diferencia de magnitud literaria que existe hoy entre los encumbrados creadores francófonos y el humilde traductor al español de entonces.

Encontrado en: http://cvc.cervantes.es/trujaman/anteriores/octubre_02/09102002.htm

2 comentarios:

Zeberio Zato dijo...

Qué trabajo más duro el de la traducción, y más cuando hablamos de poesía.

Supongo que ejemplos como Borges o Cortázar nos sirven para valorar correctamente este oficio: dos escritores universales que actuaron como gregarios de otros mucho menos influyentes, y con ello contribuyeron a que otras obras pudieran trascender, sin merma de calidad, el mercado del que provenían.

Rui Manuel Amaral dijo...

Um enredo muito borgiano.