09 julio, 2009

El avión y el paracaídas

Toda forma narrativa propone algún modo de invadir el espacio. En este sentido, el cuento se movería igual que un dardo y la novela, igual que un radar. Toda forma narrativa propone además un modo de manipular el tiempo. Desde esta perspectiva, la novela sería un todavía y el cuento, un de repente; las novelas dibujan un esquema temporal, van enlazando un conjunto de transiciones; los cuentos trazan un corte, fabrican un estado abrupto.

La novela es la luz del día, O de la luna llena. El cuento, sólo un golpe de linterna. O un fósforo en nuestra habitación a oscuras.


Escribir una novela se parece a pilotar un avión. Con su envergadura poderosa, su estructura compleja, su instrumental detallado. Escribir un cuento se parece, en cambio, a tirarse en paracaídas: un aparato frágil, poco margen de maniobra, sensación de vértigo. Y, hasta tocar tierra, uno jamás está seguro de si el maldito mecanismo ha funcionado.

Andrés Neuman, “El último minuto”


1 comentario:

Anónimo dijo...

La imagen es triste. Un cuentista lanzándose en paracaídas... Qué valiente. Lo suyo es proponerse escribir un cuento que supere de por sí la gravedad terrestre, y la otra, y escribirlo. La otra imagen, la del novelista radar, no es más que la parodia de murciélago o el remedo de topo que es el amigo tratando de dar en el blanco con sus muchos rodeos de verborreico.