Toda forma narrativa propone algún modo de invadir el espacio. En este sentido, el cuento se movería igual que un dardo y la novela, igual que un radar. Toda forma narrativa propone además un modo de manipular el tiempo. Desde esta perspectiva, la novela sería un todavía y el cuento, un de repente; las novelas dibujan un esquema temporal, van enlazando un conjunto de transiciones; los cuentos trazan un corte, fabrican un estado abrupto.
La novela es la luz del día, O de la luna llena. El cuento, sólo un golpe de linterna. O un fósforo en nuestra habitación a oscuras.
Escribir una novela se parece a pilotar un avión. Con su envergadura poderosa, su estructura compleja, su instrumental detallado. Escribir un cuento se parece, en cambio, a tirarse en paracaídas: un aparato frágil, poco margen de maniobra, sensación de vértigo. Y, hasta tocar tierra, uno jamás está seguro de si el maldito mecanismo ha funcionado.
Andrés Neuman, “El último minuto”
El avión y el paracaídas
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1 Comentário:
La imagen es triste. Un cuentista lanzándose en paracaídas... Qué valiente. Lo suyo es proponerse escribir un cuento que supere de por sí la gravedad terrestre, y la otra, y escribirlo. La otra imagen, la del novelista radar, no es más que la parodia de murciélago o el remedo de topo que es el amigo tratando de dar en el blanco con sus muchos rodeos de verborreico.
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