16 mayo, 2009

Los amantes ejemplares

Tanto se amaban que los ojos celestes de la amada fueron obscureciéndose, y los ojos pardos del amante tomaron lentamente el color del cielo.

Poco a poco la piel de la mujer fue conteniéndolo, y ella adquirió el pelo del hombre. Después el cambio se produjo en las manos, luego en la voz. Hasta que, por último, cada uno se convirtió en el ser que amaba.

Y cuando ya no eran ellos sino sus cambios de uno en el otro, él advirtió —tan sólo él y con su nuevo oído— que la voz de la amada ocultaba escamas oprobiosas. Y ella notó que la sombra del hombre tenía costras y lacras que sólo podían verse con sus ojos actuales. Entonces, el amor se les borró como un papel delgado tomado de repente por las llamas.

Angel Bonomini (1929 - 1994), "El libro de los casos".

1 comentario:

Dámaso Dová dijo...

Qué gran entrada, Eduardo. Qué buen escalofrío.