02 diciembre, 2008

Virgilio Piñera


Por Eduardo Berti


Versión resumida de un artículo publicado en el “Suplemento cultural del diario La Nación”, Buenos Aires, 6 de mayo de 2001



Durante años, la obra del escritor cubano Virgilio Piñera (1912-1979) fue divulgada y conocida de forma incompleta. Mientras que en su país se lo estimaba principalmente como dramaturgo, autor de piezas de estética absurda como "La boda", "Dos viejos pánicos" o "Falsa alarma", escrita dos años antes de que Ionesco estrenara en 1950 "La cantante calva", en la Argentina o en España venía prestándosele más atención a su faceta de cuentista, sobre todo a partir de la inclusión de su relato "En el insomnio" en la antología de "Cuentos breves y extraordinarios" hecha por Borges y Bioy Casares a mediados de los cincuenta.

Nacido en el pequeño pueblo de Cárdenas, criado en Guanabacoa y Camagüey, Piñera recién se instaló en La Habana --ciudad que comparó más de una vez con "un sepulcro"-- al cumplir los 28 años. Poco antes, en 1936, Juan Ramón Jiménez había incluido un poema suyo en la “Antología de la poesía cubana”.


Entender por qué Piñera llamó “Cuentos fríos” a su primer conjunto de relatos resulta clave para aproximarse a su literatura. "Son fríos (...) porque se limitan a exponer los puros hechos", explicó en su momento. Su prosa lacónica y distante nada tenía que ver con el barroquismo por entonces en boga”. Aunque también es cierto lo afirmado por José Bianco: que Piñera en el fondo "no es menos barroco" que Carpentier o Lezama, sólo que su barroquismo no proviene del estilo sino de "la acción misma" de sus ficciones.

Si se da por válida la línea divisoria que trazara Italo Calvino entre los escritores de llama y los de cristal (estos últimos, "exactos, lógico-geométrico-metafísicos"), Lezama pertenecería al primer lote y Piñera al segundo. Y en más de un sentido: Lezama era obeso, glotón y vivía rodeado de libros, como lo retrata Cabrera Infante en “Vidas para leerlas”; Piñera era vegetariano, a pesar (o precisamente a causa) de lo carnívoro de su literatura, y proclamaba que los libros "están todos en mi cabeza".

Entre 1946 y 1958, aunque con interrupciones, Piñera vivió en Buenos Aires. Fiel a su espíritu libre, frecuentó a escritores de capillas diferentes, incluso antagónicas: Borges, Bianco, Girondo, Macedonio, Sábato, Mallea y Gombrowicz, entre ellos. Borges fue el primero en publicar en la Argentina un cuento suyo, en la revista “Anales de Buenos Aires” de mayo de 1947, pero la amistad con Gombrowicz parece haber sido la más sólida e influyente. Fue Piñera quien presidió el comité que efectuó la traducción colectiva de la novela “Ferdydurke”. Más tarde, en 1952, cuando Piñera publicó los “Cuentos fríos”, Gombrowicz suscribió un prefacio entusiasta: "Piñera quiere hacer palpable la locura cósmica del hombre que se devora a sí mismo mientras rinde tributo a una lógica insensata". Y agregó: "Debemos cuidarnos no desfigurar esta obra pegándole el rótulo 'de procedencia kafkiana' ".

Piñera dijo, a propósito de su literatura: "Soy tan realista que no puedo expresar la realidad sino distorsionándola, es decir haciéndola más real y vívida".

Pero acaso la mejor definición haya corrido por cuenta de su amigo Rodríguez Feo: "Lo impresionante de su obra es que el lector está constantemente experimentando el mismo sentimiento de terror y de incertidumbre que aflige al héroe. Lograr este objetivo es una de las tareas más arduas que puede proponerse el escritor de ficción."