14 diciembre, 2008

Odon von Horváth, hijo de su tiempo

Odon von Horvath


Por Eduardo Berti


El escritor de lengua alemana Edmund Josef von Horváth (más conocido como Odon von Horváth) había nacido en diciembre de 1901 y había experimentado desde muy pequeño un miedo casi atávico a los rayos. En París, una noche de junio de 1938, ya convertido en un autor teatral de renombre, Horváth advirtió que se avecinaba una tormenta eléctrica y decidió intrerrumpir su caminata por los Campos Elíseos para refugiarse en un lugar que por muchas razones le inspiraba protección: el Teatro Marigny. Minutos más tarde, al ganar de nuevo la calle, se le cayó encima un árbol (seguramente un árbol debilitado por un rayo) y lo mató de forma instantánea.

Hijo de un diplomático húngaro también llamado Edmund (que en magyar equivale a Odon), Horváth tenía 8 años de edad cuando su padre fue ennoblecido (de allí la «h» final en su apellido), tenía 29 cuando recibió el Premio Kleist y tenía casi 32 cuando, con la llegada al poder de Adolf Hitler y la consecuente prohibición de sus obras teatrales, decidió emigrar a Viena, ciudad que luego cambió por París.

Aunque era ciento por ciento «ario», Horvath se autoimpuso un exilio sumamente crítico, sólo interrumpido por un viaje fugaz. Al parecer, pensó al principio (lo mismo que otros intelectuales alemanes) que el nazismo tenía los días contados. Así que volvió con la idea de plasmar algunos guiones de cine y de estrenar alguna obra, pero todo terminó abruptamente luego de que la policía alemana allanara su lugar de residencia. Para el poder Horváth era un «autor degenerado» y, en consecuencia, sus libros fueron quemados.
Casi enseguida, Horváth se casó con la cantante judía Maria Elsner; el matrimonio duró tan poco que hoy se estima que sirvió principalmente para que ella obtuviera la nacionalidad húngara y huyera así de la persecución nazi.

Horváth pintó como pocos escritores la amargura y las contradicciones de la clase media alemana en tiempos del surgimiento del nazismo. Las dos novelas que publicó en el último año de vida («Juventud sin Dios» y «Un hijo de nuestro tiempo»), y que escribió de forma arrebatada, en siete u ocho meses, brillan por su implacable laconismo y anuncian un mundo entonces inminente, en el cual el alma del hombre –puede leerse- «se volverá tan rígida como el rostro de un pescado».

El narrador de «Juventud sin Dios» («Jugend Ohne Gott») es un joven docente a quien el director del colegio no le pide que corrija a un alumno si éste dice que los negros son infrahumanos, y sí en cambio le recuerda que su obligación es "educar para la guerra". Parte de la acción transcurre en una especie de campamento paramilitar donde se produce un crimen misterioso.

En «Un hijo de nuestro tiempo» («Ein Kind unserer Zeit», título que hace pensar en «Un héroe de nuestro tiempo», del ruso Lermontov), un muchacho sin trabajo, un «hijo» de la crisis del ’29, se enrola en el ejército tentado por la idea de ganar dinero fácil, pero conoce finalmente un mundo de horror y muerte. Se trata, acaso, del primer retrato a fondo, desde la literatura, de un soldado nazi. La gran pregunta que intenta responder von Horvath es cómo logra el ejército de Hitler nutrirse de combatientes entusiastas.

«Hace falta que escriba este libro. ¡Es urgente! No tengo tiempo para escribir grandes novelas porque soy pobre y debo trabajar para comer… Yo también soy un hijo de nuestro tiempo», le escribía Horváth, en 1937, a un amigo.

No perder tiempo. Ser directo. Enviar el mensaje con urgencia. Los amigos de Odon von Horváth recordaban que éste, en su juventud, había protagonizado una historia bastante insólita: estaba paseando por los Alpes cuando de súbito se topó con un hombre muerto hacía tantos meses o años que, más que cadáver, era casi un esqueleto. Así y todo, junto al muerto había un bolso intacto. Horváth abrió el bolso y halló una tarjeta postal que decía: "Estoy pasándola muy bien”, o algo semejante. Los amigos quisieron saber qué había hecho con la postal. "Fui al correo –les explicó- y la despaché. ¿Qué otra cosa podía hacer?”.~

7 comentarios:

Gustavo Valle dijo...

Eduardo, gracias por desempolvar a este personaje. Sospecho que no hay nada traducido, ¿o sí?
saludos
G.

Margarita dijo...

En España, la editorial Espasa-Calpe ha publicado "Juventud sin Dios" (2001) y "Un hijo de nuestro tiempo"(2002).

Saludos

Eduardo Berti dijo...

Hola, Gustavo. Sé que las dos novelas principales ("Juventud sin Dios" y "Un héroe de nuestro tiempo") fueron editadas, no hace tanto, por Espasa, en la siempre querida colección Austral.
Un abrazo grande.

Eduardo Berti dijo...

Vaya, no había visto el comentario de Margarita cuando envíe el mío!
Gracias, Margarita!

Margarita dijo...

Eduardo, una pequeña corrección a tu comentario: es "Un hijo de nuestro tiempo", como aparece a lo largo de tu artículo. El título "Un héroe de nuestro tiempo", como bien indicas en tu texto, es de Lérmontov.

Es un placer leerte.

Eduardo Berti dijo...

Gracias, Margarita. Y, sí, claro: me hice un lío con el título de Lérmontov.

Jerjes Loayza Javier dijo...

¡Hola! Es bueno encontrar esta valiosa información. En Lima, Perú se estreno el año pasado Don Juan regresa de la guerra, una obra teatral fascinante e este autor, en la cual un soldado regresa de la primera guerra mundial consitiuyendose como un anti-don Juan o si quieren, un Don Juan deconstruido, marginal, contagiado de enfermedades en las trincheras, derrotado y en busca de su amada a quien abandono, pero a quien siempre le escribia cartas. es una obra bajo la ifluencia del Expresionismo alemán que deja muy clara la evidencia de los años veintes (orgullo,demencia,optimismo y demencia de un sentimiento destructivo). Me fascina este autor. Gracias por comentarlo. Saludos desde Perú.