01 diciembre, 2008

Natación

Virgilio Piñera

He aprendido a nadar en seco. Resulta más ventajoso que hacerlo en el agua. No hay el temor a hundirse pues uno ya está en el fondo, y por la misma razón se está ahogando de antemano. También se evita que tengan que pescarnos a la luz de un farol o en la claridad deslumbrante de un hermoso día. Por último, la ausencia de agua evitará que nos hinchemos.

No voy a negar que nadar en seco tiene algo de agónico. A primera vista se pensaría en los estertores de la muerte. Sin embargo, eso tiene de distinto con ella: que al par que se agoniza uno está bien vivo, bien alerta, escuchando la música que entra por la ventana y mirando el gusano que se arrastra por el suelo.

Al principio mis amigos censuraron esta decisión. Se hurtaban a mis miradas y sollozaban en los rincones. Felizmente, ya pasó la crisis. Ahora saben que me siento cómodo nadando en seco. De vez en cuando hundo mis manos en las losas de mármol y les entrego un pececillo que atrapo en las profundidades submarinas.

Virgilio Piñera, El que vino a salvarme

2 comentarios:

peregrina dijo...

Un comentario al pasar... hace tiempo soy lectora de este blog y hoy me animo a dejar un gracias por tanto talento.

Eduardo Berti dijo...

Gracias, Peregrina.
Te aseguro que en la mayoría de los casos el talento corre por cuenta exclusiva de los autores o los libros que he leído y que quiero compartir a través de este blog.
Un saludo,
E.