10 diciembre, 2008

Maestros impostores

Jean Echenoz


Por Eduardo Berti

Enrique Vila-Matas no necesita demasiada presentación para los lectores de lengua castellana. El francés Jean Echenoz, en cambio, es menos conocido: nació en 1947, obtuvo el premio Médicis en 1983 con "Cherokee", novela traducida por Anagrama (al igual que tantas otras, como "Ravel", "Nosotros tres" o "Al piano"), se terminó de consagrar en 1999 con "Me voy", premio Goncourt, y es en la actualidad una de las máximas figuras de la editorial De Minuit, la misma que supo congregar a los principales exponentes del “nouveau roman”: Beckett, Butor, Duras, Simon, Robbe-Grillet, etcétera.

Un pequeño libro recién editado en Francia se ocupa de transcribir un diálogo sumamente sabroso entre Vila-Matas y Echenoz. Se titula "De la impostura en literatura", ofrece una versión bilingüe del texto (español/francés) y fue publicado, en convenio con la revista "Número Cero", por el sello Meet que dirige Patrick Deville, también director de la Casa de Escritores y Traductores de Saint-Nazaire.



Vila-Matas y Echenoz, que en estos días volverán a verse las caras en una charla conjunta en el marco del Meeting (festival anual que organiza la Meet), cuentan en el libro que se conocieron, allá por los ochenta, en un bar de Barcelona llamado Aviador, decorado con hélices, gorras de la RAF y demás motivos aeronaúticos. La corriente de simpatía fue inmediata. Con el tiempo, una frase que Echenoz dejó caer en alguna entrevista fue a parar (debidamente transformada) a las páginas de "París no se acaba nunca", de Vila-Matas. Y en un futuro (si cumplen lo prometido casi al final de su charla) tal vez podamos verlos presentando en conjunto un libro inexistente, puesto que ambos confiesan deplorar el ritual de las presentaciones oficiales. “Es como si fuera una sanción que te imponen por haber publicado, como si quisieran advertirte que no se te ocurra volver a hacerlo” (Vila-Matas). “Equivale a andar persiguiendo a su propio libro, a tener que darle una existencia pública, social, que no estaba prevista en lo más mínimo en el proyecto” (Echenoz).

En paralelo a esta conversación con Vila-Matas, Echenoz acaba de lanzar en Francia un nuevo libro: "Courir" (Correr), inspirado en la vida del recordado maratonista Emil Zatopek (1922-2000), alias “La Locomotora Checa”, cuatro veces madalla de oro en los Juegos Olímpicos. Desde luego, no se trata de una típica biografía novelada sino de un ejercicio de escritura que elude las fechas exactas y aborda el tema mediante detalles y ángulos impensados.

“Captar, robar, apropiarse, desviar, romper en mil pedazos la percepción del mundo y reunir esos pedazos en un orden diferente para intentar dar una imagen reconstruida de ese mundo” es, según le dice Echenoz a Vila-Matas, el profundo sentido de la literatura. “Lo que podríamos llamar la imaginación de un novelista quizá no sea otra cosa que el trabajo de esta misma reconstrucción”.

Vila-Matas, por su parte, señala que muchas veces le han preguntado por qué trabaja tanto con frases de otros autores y cuenta cuál es su respuesta usual en estos casos: “Practico –les digo- una escritura de investigación. Leo a los demás hasta volverlos otros. Este afán de apropiación incluye mi propia parodia (…) Puede parecer paradójico, pero he buscado siempre mi originalidad de escritor en la asimilación de otras voces”

Originalmente publicado en el diario "Crítica" de Buenos Aires, Argentina

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