06 diciembre, 2008

La buena vida según Hemingway


Hemingway y Fidel Castro: dos potencias se saludan.


Por Eduardo Berti

En 1948, con 28 años recién cumplidos, un tal Aaron Edward Hotchner, de formación abogado pero de vocación escritor y periodista, viajó a Cuba enviado por la revista Cosmopolitan para convencer a Ernest Hemingway de que escribiera un “ensayo tonto” sobre el futuro de la literatura. En los años previos, Hotchner había logrado que Dorothy Parker o John Steinbeck, entre otros, reanudaran sus colaboraraciones para Cosmo. Pero Hemingway era su ídolo personal, de modo que apenas pisó Cuba le envió “como un cobarde” un mensaje diciéndole que había venido con una “misión vergonzosa” y que se conformaba con recibir un rechazo por escrito. Para su sorpresa, Hemingway lo llamó casi enseguida; le dijo: “No puedo dejar que aborte su misión, porque quedar mal con la organización Hearst es como que a uno lo echen de una colonia de leprosos”, y le dio cita en un bar llamado La Florida. Ese encuentro marcó no sólo el nacimiento de una profunda “amistad aventurera”, según Hotchner, sino de un texto inmortal (“A través del río y entre los árboles”) que el estadounidenese entregó en vez del artículo sobre el futuro de la literatura.

En los años cincuenta, Hotchner recorrió Europa con Hemingway. Anduvieron sobre todo por España, viendo las corridas de San Fermín y admirando al torero Antonio Ordóñez. Luego de la muerte de su ídolo, Hotchner publicó en 1966 el libro “Papa Hemingway”. Le siguieron el relato autobiográfico “King of the Hill” (filmado en 1993 por Steven Soderbergh), sendas biografías de Doris Day y Sofía Loren, un libro sobre los sesenta y los Rolling Stones, e incluso un exitoso emprendimiento empresarial con el actor Paul Newman: los productos Newman’s Own.

Tras “Hemingway y su mundo” (1989), Hotchner decidió hace poco consagrar un tercer libro a su amigo Ernest. Se titula “La buena vida según Hemingway”, acaba de ser editado en España por Belacqua (en traducción del novelista colombiano Juan Gabriel Vásquez) y será pronto distribuido en América Latina. El libro se compone de excelentes fotos y de centenares de anécdotas, observaciones y opiniones acerca de todo lo que apasionaba al premio Nobel (literatura, deportes, mujeres, viajes), frases que Hotchner fue recogiendo y apuntando con devoción y que, en su mayoría, por distintas razones, quedaron afuera de “Papa Hemingway”. Un Hemingway en estado puro, podría decirse.




Algunos ejemplos:

BEBIDA. He bebido desde los quince años y pocas cosas me dan más placer. Cuando te pasas el día trabajando duro con la cabeza y sabes que al día siguiente volverás a hacerlo, ¿qué puede removerte las ideas y hacerlas cambiar de nivel mejor que el whisky? Cuando estás mojado y tienes frío, ¿qué otra cosa te calienta? Antes de un ataque, ¿quién puede decirte algo que te genere la momentánea sensación de bienestar que produce el ron? La bebida sólo es mala cuando escribes o peleas. Eso se debe hacer en frío. Pero beber siempre me mejora la puntería. La vida moderna es a menudo una opresión mecánica, y el licor es el único alivio mecánico.

BOXEO. Si peleas contra un buen gancho de izquierda, tarde o temprano acabará tirándote al suelo. Pondrá la izquierda donde no puedas verla, y te caerá encima como un ladrillo. La vida tiene el mejor gancho de izquierda hasta ahora conocido, aunque muchos dicen que el mejor era el de Jack Britton. Jack se mantenía en puntas de pie y se movía de un lado al otro y nunca se dejaba dar un buen golpe. Cuando peleó con el gran Benny Leonard, le preguntaron cómo lo había derrotado tan fácilmente. Pues te lo voy a decir, dijo Jack. Este Benny es un boxeador muy astuto. Siempre está pensando mientras pelea. Y mientras él pensaba, yo le pegaba.

CAZA.
Para disparar bien, primero debes calmarte por dentro, como si estuvieras en una iglesia y creyeras en algo… y luego hacer el tiro.

ESCRIBIR. El problema del escritor no cambia. Es cómo escribir con la verdad y, habiendo encontrado lo verdadero, cómo proyectarlo de tal manera que se vuelva parte de la experiencia de quien lo lee.

FAULKNER. Pobre Faulkner. ¿De veras cree que las grandes emociones vienen de las palabras grandes? Se cree que no conozco las palabras de diez dólares. Claro que las conozco. Pero hay palabras más viejas y simples y mejores, y son las que uso yo.

INICIOS. Cuando un escritor comienza suele encantarle lo que hace, y al lector en cambio no le gusta nada; después de un tiempo, al escritor le gusta un poco y al lector le gusta un poco; finalmente, si el escritor vale algo, lo que hace no le gusta nada, y en cambio al lector le encanta.

LIBROS. La prueba definitiva de un libro es cuánto material bueno le puedes quitar.

MUERTE. ¿Y si ya no puedes estar a la altura, ni involucrarte, si ya has agotado todas las fantasías? Un campeón no puede retirarse como los demás. ¿Cómo demonios puede retirarse un escritor? El público no se lo permitirá. Cuando un hombre pierde el centro de su ser, pierde su ser. ¿Retirarse? Es la palabra más sucia de la lengua inglesa. Es empezar a retroceder hacia la tumba. Si no puedo existir en mis términos, la existencia es imposible. Así es como yo he vivido y así debo vivir… o no vivir.


Artículo publicado hoy mismo en el diario "Crítica", de Buenos Aires, Argentina.

http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=15212

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