22 diciembre, 2008

El reloj



Los chinos ven la hora en los ojos de los gatos.

Un día, un misionero que se paseaba por un barrio de Nankín advirtió que había olvidado el reloj y le preguntó a un muchacho qué hora era.

El niño del Imperio Celeste dudó al principio; después, recomponiéndose, contestó: «Voy a decírselo». Al instante reapareció con un gato gordo en sus brazos y tras mirarlo, como se dice, en el blanco de los ojos, afirmó sin titubear: «Falta muy poco para el mediodía». Lo que era cierto.

Yo, si me inclino hacia la bella felina, la bien nombrada, que a un mismo tiempo es el honor de su sexo, el orgullo de mi corazón y el perfume de mi espíritu, lo haga de noche o de día, a plena luz o en la sombra opaca, en el fondo de sus adorables ojos siempre veo con claridad la hora, siempre la misma, una hora vasta, solemne, grande como el espacio, sin división de minutos ni segundos: una hora inmóvil que no está marcada en los relojes, y que es, no obstante, leve como un suspiro, rauda como una mirada.

Si algún ser inoportuno me viniera a molestar mientras mi mirada reposa en esa encantadora esfera; si algún Genio malvado e intolerante, si algún Demonio del contratiempo viniese a decir: «¿Qué miras con tanta atención?, ¿qué buscas en los ojos de esta criatura?, ¿acaso ves en ellos la hora, mortal pródigo y holgazán?», respondería sin vacilar: «Sí, en ellos veo la hora. ¡Es la Eternidad!»

¿No le parece, señora, que este madrigal es tan meritorio y tan enfático como usted? En realidad, tanto placer me dio bordar esta pretenciosa alabanza que nada he de pedirle a cambio.~

Charles Baudelaire: "Poemas en prosa"
(Traducción de Eduardo Berti)

2 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Genial, Eduardo. El texto y la traducción.

Esteban Dublín dijo...

Feliz Navidad y mejor año nuevo, estimado Berti.