15 noviembre, 2008

Viaje al final de Céline


Por Eduardo Berti

Pocas figuras despiertan al mismo tiempo tantos elogios y condenas como el escritor francés Louis-Ferdinand Céline: elogios que se extienden hasta hoy por una obra revolucionaria, encabezada por la novela "Viaje al final de la noche" (1932) que recibió las loas inmediatas de León Trotsky o Claude Lévi-Strauss; condenas que se renuevan por sus panfletos antisemitas y por su postura pronazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Una serie de libros recién publicados en Francia muestran que Céline sigue suscitando de todo menos indiferencia. La principal novedad es una “caja” con dos volúmenes llamados "Un autre Céline" ("Otro Céline", editorial Textuel), cuyo coordinador es Henri Godard, profesor de la Sorbona. El primero de los libros recorre varias obsesiones del autor: París, el mar y los ríos, la música y la danza. El segundo no sólo rescata dos cuadernos inéditos, escritos en una prisión danesa en 1946, sino también su correspondencia con Lucienne Delforge, la pianista con quien tuvo un breve idilio.

A esto debe añadirse que un pequeño sello acaba de reeditar el panfleto antisemita "Las hermosas banderas" pese a las protestas de la viuda de Céline, Lucette Almanzor de Destouches, una ex bailarina que hoy tiene 95 años. “Es uno de los autores más importantes del siglo, pero parte de su obra sigue prohibida”, dijo Philippe Régniez, el editor, para justificar los cinco mil ejemplares puestos a la venta. También Céline, antes de morir en 1961, pidió que esos textos “malditos” no fueran relanzados para evitar controversias.

Entre 1937 y 1941, Céline escribió varios textos de alto contenido antisemita. Por el primero debió renunciar a su puesto como médico en Clichy. En 1944, sabiendo que corría peligro con la inminente victoria aliada, se refugió en Dinamarca y fue encarcelado en Copenhague. La Resistencia francesa reclamó en vano su extradición. Finalmente fue juzgado in absentia y declarado “desgracia nacional”. En 1946 intentó defenderse: “Los judíos deberían levantarme una estatua por el mal que no les hice y que tendría que haberles hecho”. En un libro llamado Céline secreto, su viuda intentó establecer “un vínculo entre una herida recibida durante la guerra del 14, que volvió a Louis completamente sordo del oído derecho (…) y el carácter alucinatorio de los panfletos”.

No es la primera vez que alguna editorial intenta republicar estos panfletos. En 1975, la viuda de Céline obtuvo el derecho a incautar la edición de "Une certaine France" (Cierta Francia); en 1982 la magistratura italiana ordenó el secuestro de una traducción ilegal de otro panfleto ("Bagatelas para una masacre") del que llegaron a venderse cuatro mil ejemplares.

“Aunque se deteste a Céline, es imposible leer su cuaderno de Dinamarca sin sentir emoción”, ha opinado Phillippe Sollers acerca de "Otro Céline". El veredicto es acertado. Mientras teme ser fusilado y espera un juicio (por “traición”, lo que despierta su ira), Céline escribe: “El deseo de morir no me abandona en ningún momento”. Cuando los guardias le dicen que será enviado a Francia bajo pena de muerte, recibe la noticia sin emoción. “Me da lo mismo”, apunta. “Estoy loco”. Y también: “Quise evitar la guerra (…) y lo perdí todo”.

(Fragmento de un texto publicado el pasado 14/11/08 en el diario "Crítica", de Buenos Aires)

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