22 noviembre, 2008

Parientes de tinta y sangre


El escritor estadounidense William Dean Howells tuvo hace cien años la idea de que doce autores escribieran los doce capítulos de una novela en la que se narraría la historia de una familia. Entre los autores llegó a contarse Henry James (retrato, abajo) y el texto fue primero publicado en la revista Harper's Bazaar.





Por Eduardo Berti


Hace cien años, a fines de 1908, la editorial estadounidense Harper &Brothers publicó una de las novelas más singulares que se hayan escrito en la historia de la literatura; se llamó The Whole Family ("La familia entera") y en primera instancia podría definirse como un acabado ejercicio de perspectiva, ya que doce autores se ocuparon de contar, a lo largo de doce capítulos, la historia de un núcleo familiar desde sus diferentes puntos de vista.

La idea había sido concebida por el escritor y crítico William Dean Howells (1837-1920), que por entonces gozaba de una sólida reputación y que, en décadas pasadas, como editor de Atlantic Monthly y otras publicaciones, había presentado al gran público estadounidense a autores todavía en ciernes como Emily Dickinson, Frank Norris o Abraham Cahan.

Los doce textos de The Whole Family , que conforman un mosaico, fueron publicados primero en la revista Harper´s , aunque sin firma, de modo que los lectores de la revista enviaban cartas tratando de adivinar el nombre de cada autor. El encargado de abrir el fuego, en diciembre de 1907, fue el propio Howells, mediante un capítulo que exponía los hechos básicos, no a través de la primera persona del padre (curiosamente Howells, promotor de la idea, empleó una primera persona ajena a la familia), sino de un vecino cercano, un periodista llamado Ned Temple: "En cuanto supimos la grata noticia -supongo que la noticia de un compromiso nupcial siempre debe ser vista como grata-, se decidió que yo sería el primero en hablar acerca de ello, y que debía hablar con el padre", reza la frase inicial.

Si bien existen varios libros de ficción escritos a dos manos (lo que los franceses llaman double pupitre , o "doble escritorio"), por ejemplo las colaboraciones entre Borges y Bioy, entre Charles Dickens y Wilkie Collins, entre Joseph Conrad y Ford Madox Ford, entre Colette y Willy, o entre Fruttero y Lucentini, mucho más extraño es el caso de novelas con más de dos autores. Hace algunos meses se editó en España Primeras noticias de Noela Duarte , concebida "a seis manos" por José Ovejero, Antonio Sarabia y José Manuel Fajardo. Pero las novelas de autoría colectiva tuvieron su verdadero auge hace un siglo, como explica June Howard en el ensayo Publishing the Family , un estudio sobre la literatura y la cultura popular estadounidenses que toma como excusa o, mejor dicho, como punto de partida la novela The Whole Family . "La ficción de producción colectiva fue muy usual a fines del siglo XIX e inicios del XX, aunque muy pocos de esos libros tuvieron éxito o incluyeron escritores que hoy sean recordados", sostiene allí Howard.

El primer caso relevante quizás haya sido S ix of One by Half a Dozen of the Other (1872), una novela sobre tres parejas que hacen un viaje conjunto a tres ciudades de los Estados Unidos; el libro contó con seis autores, pero sólo dos de ellos son recordados en la actualidad: Edward Everett Hale y, ante todo, Harriet Beecher Stowe, autora de La cabaña del tío Tom . Poco después, a principios del siglo XX, un cuarteto de escritores (Mary y Jane Findlater, Allan McAulay y Kate Douglas Wiggin) plasmó dos novelas en colaboración: The Affair at the Inn (1904) y Robinetta (1910). Y también existen casos como el de A House Party (1901), donde Paul Leicester Ford sentó el marco narrativo (inclemencias del tiempo que obligan a doce personas a permanecer encerradas y a contarse historias para no aburrirse) de algo semejante a un Decamerón a doce voces, hecho de relatos independientes.

Para el proyecto de The Whole Family (de todas las novelas colectivas de ese período, la más leída y la que congregó a más autores de relevancia), Howells tuvo como principal aliada a Elizabeth Jordan, editora de Harper´s Bazaar de 1900 a 1913. En verdad, Jordan fue la gran organizadora de la novela y la encargada de que cada autor estuviera al tanto de lo que iban escribiendo los demás. En su listado original, Howells y Jordan incluyeron a varios escritores que rechazaron la invitación, entre ellos Mark Twain, Frances Hodgson Burnett o la recién mencionada Kate Douglas Wiggin, a la sazón amiga íntima de Jordan.

"Realmente no puedo escribir el capítulo de la madre; y me pregunto si usted se ofenderá mucho si le digo que, incluso si pudiera hacerlo, el proyecto no me atrae", reza una carta que la escritora Margaret Deland le envió a Jordan y en la que tilda a la iniciativa de "sándwich". Heidi Michelle Hanrahan cita esa carta en un completísimo ensayo consagrado a The Whole Family , el cual forma parte de un trabajo más extenso: Competing for the Reader . Allí señala asimismo que la misión de Jordan lejos estuvo de ser sencilla.

Montar lo que podría denominarse la primera superproducción editorial fue "un verdadero lío", según evocó años más tarde, en su autobiografía, la propia Elizabeth Jordan. A los problemas de ego o de incompatibilidad estética, se sumaron disputas económicas, por ejemplo, cuando Elizabeth Stuart Phelps exigió 750 dólares (unos 15 mil dólares actuales) por su texto.

La gran compensación fue que Henry James aceptó el reto de escribir el séptimo capítulo, el del hijo casado. Convocar al reverenciado James no fue una idea original de Howells sino de Jordan, según sostiene June Howard. Es muy posible que James aceptara, entre otras razones, porque conocía bien a Jordan o porque en 1882, en el marco de una polémica entre defensores de la ficción romántica y la ficción realista, Dean Howells había salido en su defensa, y en defensa del realismo en general, con un artículo publicado en The Century .

Que James escribiese un texto para una revista de moda, principalmente dirigida al público femenino, hoy puede llamar la atención. Sin embargo, como apunta Howard con gran perspicacia, de todas las revistas femeninas ninguna era más "jamesiana" que la cosmopolita y refinada Harper´s .

Como sea, lo cierto es que la "otra familia", la de los autores, quedó finalmente conformada, además de Howells y James, por Mary E. Wilkins Freeman (la tía), Mary Heaton Vorse (la abuela), Mary Stewart Cutting (la cuñada), la propia Elizabeth Jordan (la escolar), John Kendrick Bangs (el ahijado), Elizabeth Stuart Phelps (la hija casada), Edith Wyatt (la madre), Mary Raymond Shipman Andrews (el escolar), Alice Brown (Peggy) y Henry van Dyke (el amigo de la familia). ~


Fragmento del extenso artículo publicado hoy, sábado 22 de noviembre de 2008, en ADN Cultura, del diario LA NACION, de Buenos Aires, Argentina.

Versión completa:

http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1071792


2 comentarios:

Gatohombre en Paris dijo...

Es una lástima que no pueda profundizar sobre este artículo, es decir leerlo todo. Soy visitante de este blog, lo disfruto, pero no como debiera pues no puedo profundizar en las entradas. Por culpa del ritmo de estudio y de la ciudad en la que vivo, algo complicados. Por eso, me gustaría que diera una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Existen experimentos como el que Usted describe pero en América Latina? (no hablo precisamente del de Borges y co.; tal vez existen otros). Gracias por su atención.

Eduardo Berti dijo...

Hola y gracias por el mensaje. Si bien en mi artículo cito un ejemplo reciente a cargo de tres autores de lengua española (el de Noela Duarte), hasta donde yo sé no hubo un experimento parecido en América Latina: me refiero a tantos escritores (una docena) tratando de llevar, de forma colectiva, una novela a buen puerto. Pero tampoco he investigado el asunto tan a fondo. Por lo tanto, si alguien más ha oído hablar de casos semejantes en A.L. me encantará saber de ellos.