13 noviembre, 2008

Otra casa tomada

Había en Atenas una casa muy grande y espaciosa, pero desacreditada y abandonada. Con frecuencia, en el silencio más profundo de la noche, se oía en ella un ruido de hierros que chocaban entre sí, y, si se escuchaba con más atención, un ruido de cadenas que parecía venir de lejos y luego acercarse. No tardaba en verse un espectro viejo, flaco y abatido, con una larga barba, cabellos erizados y cadenas en las manos y en los pies pies que el pobre sacudía de forma ruidosa. La horrible aparición quitaba el sueño, los insomnios provocaban enfermedades que acababan de la forma más triste; porque durante el día, aunque no apareciese el espectro, la impresión que había causado hacía que uno lo tuviera siempre delante de los ojos, y el espanto seguía presente aunque hubiese desaparecido el ser que lo había causado.

Finalmente, la casa fue abandonada y dejada por entero al fantasma. No obstante, pusieron un cartel para anunciar que estaba en alquiler o en venta, con la idea de que alguno, ignorante de aquella molestia tan terrible, se dejase engañar.

Jan Potocki

Por esa época llegó a Atenas el filósofo Atenágoras. Ve el cartel y pregunta el precio. Es tan bajo que desconfía. Se informa. Le cuentan la historia y, lejos de hacerlo desistir, esto lo anima a cerrar el trato cuanto antes. Se aloja en la casa y por la noche ordena que le preparen la cama en la habitación de adelante, que le traigan sus papeles, que pongan luces y que los criados se retiren al fondo de la casa. Temiendo que su excesiva imaginación, animada por un temor frívolo, le haga ver vanos fantasmas, aplica su mente, sus ojos y su mano a escribir.

Al caer la noche reina en aquella casa, como en todas partes, el silencio. Pero él no tarda en oír un entrechocar de hierros y un rumor de cadenas. No alza la vista ni abandona la pluma. Trata de calmar y, por así decir, se empeña en no oír. El ruido aumenta. Parece que el ruido se produce tras la puerta de la habitación y después dentro de ésta. Alza los ojos entonces y ve al espectro, tal como se lo habían descrito.

El espectro está de pie y lo llama con un dedo. Con la mano, Atenágoras le hace señas de que aguarde un poco, y sigue escribiendo como si no ocurriese nada. El espectro empieza de nuevo con su estrépito de cadenas, que resuenan en los oídos del filósofo. Éste se vuelve y ve que nuevamente le hacen señas con el dedo. Se levanta, toma la luz y sigue al fantasma, que camina a paso lento, como abrumado por el peso de las cadenas.

Cuando llega al patio de la casa, desaparece de pronto, dejando allí a nuestro filósofo, quien recoge hierbas y hojas y las coloca en el lugar en que el espectro acaba de esfumarse, para poder reconocerlo. Al día siguiente, va en busca de los magistrados para que ordenen excavar en aquel sitio. Es lo que hacen, y encuentran huesos descarnados, atados por cadenas. Como las carnes habían sido consumidas por el tiempo y la humedad de la tierra, sólo habían quedado huesos en los paños mortuorios. Los juntan y la ciudad se encarga de sepultarlos.

Cuando por fin se cumplieron los últimos deberes con el difunto, no volvió a turbarse el orden de la casa.

Jan Potocki, “Manuscrito encontrado en Zaragoza”

(En este texto Potocki reescribe, en realidad, una muy antigua carta de Plinio el joven, la que se considera el caso primero y prototípico de relato de casas embrujadas. El mismo relato también es reescrito por Luciano de Samosata).

2 comentarios:

Emma dijo...

He de pensar entonces que los fantasmas solo quieren ser rescatados? Deberiamos, por tanto, crear una ONG para fantasmas.

Eduardo Berti dijo...

Creo que más que ser rescatado, querida Emma, lo que quiere este fantasma es una sepultura "como se debe". En esto, el relato de Plinio también funda otra tradición: la de las "almas en pena" que solicitan una (u otra) ceremonia fúnebre.
De todos modos, lo de la una ONG podría pensarse... por qué no? Algo así como "Fantasmas sin fronteras", no?
Un beso,
Eduardo