05 noviembre, 2008

Mariposones


Por Juan Forn

“Es pasmoso que las personas corrientes se fijen tan poco en las mariposas”, decía siempre Vladimir Nabokov. Para demostrárselo a un amigo, un día que iban subiendo juntos una colina en Suiza, le preguntó a un mochilero que bajaba si había visto mariposas a su paso. “Ninguna”, contestó el mochilero, para estupor del acompañante de Nabokov que veía un enjambre de ellas revoloteando entre los arbustos a espaldas del mochilero. En lo que sí se fija siempre la gente, en cambio, es en las personas que hacen el ridículo: “Y cuanto más viejo es el cazador de mariposas, más ridículo parece con la red en la mano”, reconoce Nabokov con resignación en sus memorias, donde confiesa los muchos aullidos de sorna que recibía de los coches que pasaban a su lado por caminos vecinales, y los críos diminutos que lo señalaban con el dedo a sus desconcertadas madres al verlo salir de la espesura, y el granjero que lo atrapó merodeando su propiedad y le señaló furioso el cartel de Prohibido pescar; y hasta la enorme yegua negra que lo persiguió dos kilómetros a campo traviesa en Nuevo México hasta que Vera lo rescató”.

(Fragmento de “Contra los mariposones”, excelente ensayo de Juan Forn aparecido en la contratapa del diario Página 12, de Argentina, del pasado miércoles 29 de octubre)

Versión completa:

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-114124-2008-10-29.html

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