04 noviembre, 2008

El componedor de cuentos

Los que echaban a perder un cuento bueno o escribían uno malo lo enviaban a un componedor de cuentos. Este era un viejecito calvo, de ojos muy vivos, que usaba unos anteojos pasados de moda, montados casi en la punta de la nariz, y estaba tras de un mostrador bajito, lleno de polvosos libros de cuentos de todas las edades y de todos los países.

Su tienda tenía una sola puerta hacia la calle y él estaba siempre muy ocupado. De sus grandes libros sacaba inagotablemente palabras bellas y aún frases enteras, o bien cabos de aventuras o hechos prodigiosos que anotaba en un papel blanco y luego, con paciencia y cuidado, iba engarzando esos materiales en el cuento roto. Cuando se terminaba la compostura se leía el cuento tan bien que parecía otro.

De esto vivía el viejecito y tenía para mantener a su mujer, a diez hijos ociosos, a un perro irlandés y a dos gatos negros.


Mariano Silvia y Aceves (“Campanitas de Plata”, 1925)

3 comentarios:

Esteban Dublín dijo...

Tengo unos cuantos que mandarle al componedor.

Eduardo Berti dijo...

Como todos, Esteban, aunque estuve espiando tu página y los que allí publicas están muy bien.

pd: Lo que no sabemos es cuánto cobra este buen hombre... Alguna idea?

Esteban Dublín dijo...

Mmmmm, si vive de eso, tal vez me tenga que quitar ambos ojos de la cara y un riñón.

Y es una maravilla saber que te has pasado a escuchar los cuentitos. Me encantaría que alguna vez hablaras con ellos dejándole tus comentarios.