09 octubre, 2008

La madre de los conejos

Por Eduardo Berti


En 1726 una muchacha de 25 años llamada Mary Toft se convirtió por unos meses en la gran sensación de Inglaterra al anunciar que había parido conejos. Trabajaba como sirvienta en el pueblito de Godalming (en el condado de Surrey), estaba casada con Joshua Toft y tenía ya tres hijos cuando, en septiembre, mandó llamar a su suegra, que era partera, y alumbró algo que era indudablemente un conejo. La noticia alborotó a la familia; John Howard, respetable médico de la zona, acudió deprisa y ayudó a Mary a parir ocho conejos más. Todos nacieron muertos y mutilados.

Deseoso de difundir la noticia, el doctor Howard guardó las “criaturas” en botellas y envió numerosas cartas a científicos y nobles de Londres. Finalmente resolvió escribirle al rey y, semanas más tarde, su hogar (donde Mary vivía como residente) recibió la visita del secretario del príncipe de Gales y de Nathaniel St. André, a la sazón anatomista de la corte de Jorge I.

Howard salió a recibirlos en medio de una gran agitación, ya que Mary Toft se disponía a parir –les dijo- otro conejo. Al cabo de unos minutos, los viajeros recibieron un cadáver dañado. El doctor Howard explicó que, a su entender, los conejos nacían despellejados debido a las violentas contracciones del útero de la madre. El doctor St. André se llevó unos cuantos conejos y escribió un informe puntilloso.

El rey ordenó entonces que Mary Toft fuera trasladada a Londres y sometida a una estricta revisación médica. La misión de buscarla estuvo a cargo del médico alemán Cyriacus Ahlers, quien, de paso, ayudó a traer al mundo al decimosexto conejo.

Como cuenta Jan Bonderson en su fantástico libro “Gabinete de curiosidades médicas” (Siglo XXI editores), el caso de Mary Toft removió viejas fantasías. “¿Acaso Plinio no escribió sobre la dama romana Alcippa, que dio a luz un elefante? ¿No mencionó Corrado Licostenes que una mujer italiana parió un gatito y luego un cachorro?”, enumera allí Bonderson.



Consultada por los médicos, Mary Toft contó que en ocasión de su último embarazo había sentido gran antojo de comer carne de conejo, y por ello había intentado cazar conejos en un bosque y hasta soñado varias noches con estos animales.



La imaginación humana es tan potente que la razón termina creyendo más de lo lógico y aceptable. No obstante, ciertos médicos de Londres, sobre todo Richard Manningham y James Douglas, se mostraron escépticos ante el caso de Mary Toft y, pese a las súplicas de Howard y St. André, interrogaron a la muchacha y la amenazaron con practicarle una terrible operación para explorar sus órganos.

Muerta de miedo, la muchacha confesó la verdad al día siguiente. Había fingido todo desde un principio para llamar la atención del rey y obtener alguna clase de ayuda económica. En su pueblo natal había sido fácil disimular partes de conejos en una bolsa, entre sus faldas; en Londres tuvo que sobornar a un portero. En cualquier caso, Mary no podía creer que eminentes hombres de ciencia se hubiesen tragado sus partos tan teatrales.

Jan Bonderson no es el único que ha escrito acerca de Mary Toft. Lo hizo hace poco Cliff Pickover (“The Girl Who Gave Birth to Rabbits”) y lo hizo hace casi dos siglos James Caulfield en su “Remarkable Persons”, donde define a la madre de los conejos como “la más imprudente, prodigiosa e indecente de todos los impostores”.

He leído también que, según ciertos historiadores de la magia, el célebre truco de sacar conejos de la galera habría nacido en Londres también a fines de 1726 y como una especie de tributo a la ilusionista Mary Toft.~



1 comentario:

JOHAN BUSH WALLS dijo...

Le voy a contar un cuento guatemalteco, ponga atención, pues verá que la realidad supera a la ficción, si ya sé, es un lugar común, todos lo dicen.


Nunca ha sido la misma mujer, pero varias guatemaltecas han parido animales, aunque no lo supieron desde el principio; a decir verdad, ni siquiera los médicos o comadronas que las atendieron, a cada una en su momento, notaron que los niños no eran niños. El descubrimiento se hizo muchos años despues, lo más curioso de todo es que fue en una secuencia curiosa, como cosa del destino. El primero que fue descubierto fue el coche Serrano, a principios de los 90s; luego vino el Pollo ronco; años despues, mire usted las coincidencias de la vida, el Conejo Berger apareció por ahí; el caso más reciente es el Gavilán Colom. Lo extraordinario es que no son casos aislados, pues todos tienen en común haber sido presidentes de Guatemala; desde 1990 hasta el presente.

No crea que somos un pueblo de animales, pero como decía aquel tipo, cuyo nombre no recuerdo, cada país tiene el gobierno que se merece.

Salú pue.