16 octubre, 2008

Extrañamiento



En mi entrada del 23 de septiembre de 2008 (“Los amigos”) hablaba de Julio Cortázar y de su forma de trabajar el “extrañamiento” hasta volver ignotas o novedosas las cosas a las que, por trato y rutina, estamos más acostumbrados.

Una novela de Eduardo Mendoza (“Sin noticias de Gurb”) es otro ejemplo bastante claro de extrañamiento. La novela narra las peripecias de un extraterrestre de visita en la ciudad de Barcelona. Para ello Mendoza adopta la perspectiva del extraterrestre (la novela es, en rigor, una suerte de diario de viaje que éste lleva), de tal modo que vemos la vida humana a través de sus ojos:

“Los seres humanos son cosas de tamaño variable. Los más pequeños de entre ellos lo son tanto, que si otros seres humanos más altos no los llevaran en un cochecito, no tardarían en ser pisados (y tal vez perderían la cabeza) por los de mayor altura. Los más altos raramente sobrepasan los 200 centímetros de longitud. Un dato sorprendente es que cuando yacen estirados continuan midiendo exactamente lo mismo.”

No es Mendoza el primero en apelar al recurso del marciano de visita en este planeta. Recuerdo un viejo libro de Mark Twain llamado “Cartas desde la tierra”.

En cualquier caso, el efecto que suscita esta mirada suele ser muy conveniente para la sátira social, y Mendoza sabe sacarle buen jugo:

“Según parece, los seres humanos se dividen, entre otras categoryas, en ricos y pobres. Es ésta una division a la que ellos conceden gran importancia, sin que se sepa por qué. La diferencia fundamental etnre los ricos y los pobres parece ser ésta: que los ricos, allí donde van, no pagan por más que adquieran o consuman lo que se les antoje. Los pobres, en cambio, pagan hasta por sudar”.

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