02 octubre, 2008

El traductor apresurado


Un muy novato editor de París, que dirigía una colección que daba preponderancia a los libros clásicos (no por amor a las “obras inmortales”, sino porque los literatos muertos no pretenden cobrar regalías), dio a traducir la novela Vathek , de William Beckford, sin saber que el inglés la había escrito originariamente en francés y que la versión que él tomaba como el texto madre no era otra cosa que la traducción del reverendo Samuel Henley. El traductor que recibió el encargo -un afable especialista en letras góticas- nada dijo del error; muy al contrario, fijó sus honorarios y apareció a los diez días en la casa editorial con la labor cumplida, vale decir, con una copia fiel, letra por letra, del original francés de Beckford. El editor se quedó atónito. Ya le habían dicho que este traductor era muy eficiente, pero tal celeridad le resultaba inconcebible.

Transcurrieron dos meses y el especialista en letras góticas recibió un llamado del editor. “La traducción está bastante bien pero me he permitido introducir algunos cambios para nada relevantes”. Decidido estaba el traductor a confesarlo todo, a aclarar el malentendido, cuando escuchó que el otro le recomendaba: “No se apresure tanto la próxima vez. Es innecesario y se nota”.


Eduardo Berti, "La vida imposible"

3 comentarios:

Virginia Avendaño dijo...

Muy interesante. No sé si conocés este caso, más actual (y de paso recomiendo a Makine):

"Nacido en la ciudad de Krasnoyarsk, al sur de la Siberia rusa, el escritor Andreï Makine (1957) vive en Francia desde sus treinta años y es allí donde ha desarrollado gran parte de su obra narrativa. Adoptando el francés como lengua para su literatura (lengua "abuelomaterna" tal como él la define, en alusión al legado de su abuela francesa), pero volviendo una y otra vez al territorio ruso como escenario de sus novelas, Makine representa el caso del escritor exiliado, formado híbridamente entre dos culturas y dos idiomas, que ha hecho de ese cruce una instancia productiva y determinante de su narrativa. (...)
Esta elección, empero, no siempre le deparó un fácil acceso a los lectores franceses. Con sus dos primeras novelas, Makine se vio obligado a tramar un insólito engaño para sortear los prejuicios de los editores sobre su manejo del idioma: inventó un apócrifo traductor francés y presentó sus novelas como traducidas del ruso; sólo así consiguió su inicial publicación."
De la reseña de La mujer que esperaba, de Makine, por Soledad Quereilhac.
http://www.lanacion.com.ar/915951

Muchas gracias por el blog, es fascinante.

Eduardo Berti dijo...

Sí, Virginia. Conocía el caso de Makine. Y también ese libro. Muchas gracias!

Unknown dijo...

al final quién es el protagonista del relato? editor o traductor?
saludos