13 octubre, 2008

Como la lluvia

Los nativos, que tienen un poderoso sentido del ritmo, no saben nada del verso, o al menos no saben nada hasta que no van a las escuelas, donde les enseñan himnos. Una tarde en el campo de maíz, donde habían estado recolectando, arracando las mazorcas y poniéndolas en los carros de bueyes, para divertirme hablé en verso swaheli a los trabajadores, que en su mayor parte eran jóevenes. Los versos no tenían sentido, los hacía simplemente siguiendo la rima: “Ngumbe na-penda chumbe, Malaya-mbaya, Wakamba na-kula mamba” (Al buey le gusta la sal/ las putas son malas/ el Wakamba come serpientes), y así logré captar la atención de los muchachos, que me rodearon. Rápidamente comprendieron que el significado en poesía no es lo importante (…), sino que esperaban ansiosamente la rima y se reían cuando llegaba. Intenté que ellos mismos encontraran la rima y terminaran el poema que yo había empezado, pero no podían o no quisieron hacerlo. Cuando se fueron acostumbrando a la idea de la poesía, empezaron a pedirme: “Habla otra vez. Habla como la lluvia”. Por qué sentían que la poesía es como la lluvia, no lo sé. Acaso porque es una expression de aplauso; acaso porque, en Africa, la lluvia siempre es deseada y bienvenida.



Isak Dinesen, “Memorias de Africa”