29 septiembre, 2008

Los árboles enamorados



Constantino ofrece un ejemplo tomado de las “Geórgicas”, de Florencio: el de una palmera que amaba con fervor a otro árbol y que “no se consolaba hasta que su amado se tendía sobre ella y, de común acuerdo, ambos tendían sus ramas hasta abrazarse y besarse, manifestando así los signos de un amor recíproco”. Amiano Marcelino informa que ciertos árboles se casan entre sí y que muchos otros se enamoran al crecer uno al lado del otro. (…) Si alguien piensa que esto que digo es puro cuento, que lea la historia de las dos palmeras de Italia (historia que narra en un hermoso poema Giovanni Pontano, que en sus tiempos fue filósofo, tutor y secretario de Alfonso el joven, rey de Nápoles). La palmera macho crecía en Brindisi y la hembra en Otranto. Ambos árboles “eran estériles y lo siguieron siendo durante mucho tiempo”, hasta que crecieron en altura y pudieron verse, pese a que los separaban numerosos kilómetros.

Extracto de la inagotable “Anatomía de la melancolia”, de Robert Burton.
 

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