13 septiembre, 2008

Charles Train, el verdadero Phileas Fogg



Por Eduardo Berti


¿Quién no intentó alguna vez una lista con los apellidos predestinados como César Carman (presidente del Automóvil Club Argentino) o el escritor alemán Hans C. Buch, por citar dos ejemplos al borde de lo inverosímil?

El caso del magnate estadounidense Charles Francis Train no se queda atrás. Nacido en 1829, en la entonces floreciente ciudad de Boston, Train supo hacer honor a su apellido: fue un pionero del transporte ferroviario, intervino en la construcción de los primeros tranvías ingleses y de dos proyectos faraónicos en su tierra natal: las líneas Union Pacific y Atlántico-Gran Oeste.

Aparte de estas actividades, Train llegó a presentarse en 1872 como candidato a la presidencia de los Estados Unidos, fue un apasionado militante de los derechos femeninos, asesoró a un grupo de revolucionarios australianos (quienes llegaron a proponerle que fuera presidente de dicho país) y, ante todo, fue un viajero incansable, a tal punto que una de sus mayores hazañas como trotamundos parece haber inspirado a Julio Verne su novela “La vuelta al mundo en 80 días” y su famoso héroe Phileas Fogg.

En efecto, a mediados de 1870 Train dio la vuelta al mundo en 80 días junto con un primo que oficiaba de secretario (George P. Bernis), alternando trenes con buques a vapor. El periplo no excluyó una pausa forzosa de casi dos semanas en Francia, donde Train se vio implicado en un oscuro episodio político, fue a dar a la cárcel y salió en libertad gracias a las gestiones del escritor Alejandro Dumas y a las presiones de los grandes diarios de Inglaterra y EE UU.

Viajar contra el tiempo a lo largo o, más bien, a lo ancho del mundo no tardó en volverse una excentricidad bastante usual a fines del siglo XIX.


Según los pocos biógrafos de George Train (entre ellos, Allen Foster), al estadounidense le disgustó que Verne usara su proeza sin dignarse a mencionarlo. En su defensa, Verne podría haber alegado que un amigo suyo, Jacques Arago, había escrito años atrás el “Voyage autour du monde” y que la idea se había vuelto posible y popular tras una serie de factores como la apertura del canal de Suez o la ampliación de la red ferroviaria en India.

De cualquier modo, en 1889 Train anunció que se disponía a batir su record y a dar la vuelta en 60 días. Pese a otra encarcelación (ahora, al parecer, por un escándalo financiero), partió en 1890 y fijó la marca de 67 días, y 13 horas. A grandes rasgos, lo que habría tardado la primera vez de no haber sido detenido en Francia.

Pero aquí no termina la historia. El incansable Train tenía 63 años cuando en 1892 logró por fin su anhelado objetivo: la vuelta al mundo en 60 días exactos. Julio Verne debió enterarse sin dudas de la noticia. Y acaso habrá reflexionado que la gran diferencia entre Phileas Fogg y ese hombre llamado Train consistía en que el primero era un hombre al que, casi con certeza, jamás se lo habría ocurrido repetir el viaje y superar su propia marca, mientras que de Train podía esperarse cualquier cosa.

Según Allen Foster, “Citizen Train” terminó sus días en los bancos públicos del Madison Square Park de Nueva York, obsequiando monedas a los paseantes y dirigiéndole la palabra tan sólo a los niños y a los animales.



(Versión abreviada del artículo publicado en el diario "Crítica" de Buenos Aires)

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