22 mayo, 2008

Fábulas sin moraleja

Por Eduardo Berti

De no haber existido Leonardo Da Vinci, es probable que Leone Battista Alberti hubiese ocupado su lugar como estereotipo de hombre del Renacimiento. Nacido en Génova, en 1404, muerto en Roma, en 1472 (cuando Leonardo tenía apenas 20 años), Alberti fue principalmente arquitecto, matemático y poeta, aunque también supo desempeñarse como arqueólogo, lingüista, músico y filósofo.



Alberti hizo aportes fundamentales a las artes plásticas y a la arquitectura: analizó las proporciones del cuerpo humano, definió las leyes de la perspectiva y estableció los cánones de la arquitectura moderna. También plasmó tratados sobre la familia, la lengua, el amor o las matemáticas. En paralelo, desde muy joven se consagró a la literatura: escribió una comedia autobiográfica y una novela satírica, ambas en latín, además de una suerte de elegía en broma en memoria de su perro muerto y varios elogios en la tradición del “Elogio de la mosca”, de Luciano.
En la vasta obra literaria de Alberti destacan, como perlas raras, las pequeñas fábulas sin moraleja llamadas “Apologhi centum” (Cien apólogos), muy poco conocidas por los lectores de lengua española. Según lo quiere la leyenda, estas cien microfábulas fueron escritas bajo el influjo de la fiebre en apenas una semana, entre el 16 y el 24 de diciembre de 1437.



El modelo para las fábulas de Alberti parece haber sido Esopo, a quien está dedicado el libro. Dos especialistas en literatura medieval y en la obra de Alberti (David Marsh y Consolación Baranda) han afirmado que, si bien el género de la fábula gozó de enorme popularidad durante la Edad Media, la traducción al latín de la obra de Esopo (publicada en Verona hacia 1479) fue determinante para que algunos humanistas empezaran a redactar nuevos apólogos en prosa. El primero de ellos fue Alberti (aunque sus “Apologhi centum” datan de antes de esta traducción) y otros siguieron sus pasos: Bernardino Baldi, Marsilio Ficino, el mismísimo Leonardo Da Vinci (cuyas fábulas siguen causando sorpresa) y especialmente Bartolomeo Scala, autor de apólogos inspirados en los de Alberti.



Desde tiempos antiguos existen, a muy grandes rasgos, dos clases de fábula: las fábulas apólogas y las fábulas milesias. Las primeras apuntan a alguna enseñanza, casi siempre moral; las segundas (así llamadas a partir de Arístides de Mileto) suelen definirse mediante dos rasgos centrales: buscan “divertir” al lector en vez de dejar una moraleja, y su contenido es más bien “licencioso” (cuando no erótico), como en el caso del “Asno de oro” de Apuleyo.



La originalidad de Alberti es tal que sus fábulas burlan ambas categorías y se ubican en una zona intermedia, más cercana a lo que hoy se entiende como “fábula sin moral”. Son “milesias”, podríamos decir, no por su tono subido sino porque a menudo eluden la moraleja o no la explicitan como era la regla en aquellos tiempos.



En un breve prólogo a sus "Apologhi centum", el propio Alberti admite que algunas de sus fábulas plantean un mensaje “ambiguo” y que por ello conviene leerlas más de una vez, aunque esto pueda causar “gran fastidio.



Lo que hace Alberti con la fábula no es tan distinto de lo que ocurrirá siglos después con el género del aforismo, el cual de un uso próximo a la máxima “apóloga” (Pascal, Montaigne) pasará (con Lichtenberg, Karl Kraus, Alphonse Allais o Gómez de la Serna) a un empleo cada vez más lúdico, apartado de la intención didáctica. Escritas hace más de 500 años, las fábulas de Alberti poseen elementos asombrosamente actuales, que las vinculan con el arte de las “fábulas sin moral” que en el siglo XX supieron cultivar Kafka, Ambrose Bierce o Italo Svevo, entre otros. Igual de actual es esta frase que se le adjudica a Alberti: “Los buenos libros son aquellos que el lector escribe a medias”.

Este texto fue publicado, en una versión un poco más extensa, el pasado fin de semana en el suplemento “Radar” del diario “Página/12”, de Buenos Aires, Argentina. Algunos ejemplos de las fábulas de Alberti, mañana en este mismo blog.

2 comentarios:

Laura dijo...

Me gustó el anuncio...mañana paso por acá sin falta.
Laura

Eduardo Berti dijo...

Viste, Laura?
Ya parezco uno de esos animadores de la TV que dicen "cuando volvamos de los anuncios..."

Saludos,
E.