05 mayo, 2008

En el nombre del padre


El diario Crítica de Buenos Aires publicó la siguiente entrevista con motivo de la aparición de mi nueva novela "La sombra del púgil".

Por Hernán Brienza

Eduardo Berti, autor de "Todos los Funes" y "La mujer de Wakefield", es una de las voces más interesante de la narrativa argentina actual. Nacido en 1964, este escritor, editor y periodista publicó en abril su nuevo libro "La sombra del púgil", una sutil novela sobre la relación entre tres hijos y su padre, quien les relata historias que están a medio camino entre la verdad y la módica mitología familiar. Actualmente en Francia, desde allí contestó las preguntas de Crítica de la Argentina.

Después de Todos los Funes, que es una novela con mucha intertextualidad, ¿por qué escribiste La sombra del púgil, una novela más formal, si se quiere?

–Estaba escribiendo los cuentos breves de La vida imposible y allí surgió una historia que dejé a un lado porque sentí que daba para más: la historia de un mediocre boxeador que en su último combate derrota a un púgil muy joven que debuta como profesional. Esta primera historia se combinó con otras que me venían rondando en los últimos tiempos. Historias de índole muy diferente: una romántica, otra familiar. Del entretejido final salió esta novela. La estructura la tuve bastante clara desde un inicio. Es algo vital para mí tener en claro la estructura y el punto de vista (la perspectiva), sin eso no puedo abordar una novela.


–¿Por qué vinculaste la acción con los años setenta y no hiciste una visión política?

–Porque hubiese sido lo más obvio, ¿no es cierto? Yo tuve primero la historia. Luego advertí que, por una serie de hechos que deseaba contar, la historia terminaría enmarcada en los años setenta. Entonces, pensé que así como el boxeo es importante pero al mismo tiempo está como fuera de campo (quiero decir que se habla de peleas, pero no se muestra ninguna en concreto, salvo una que está vista como fuera de foco, borrosa, confusa), de igual modo debía estar la política. Los narradores son niños y a ellos les llegan por vía indirecta (según los relatos de los mayores) tanto las leyendas vinculadas con el boxeo, como la humilde mitología familiar o la información política.


Bueno, pero el reloj marca una fuerte vinculación con el tiempo, con el pasado.

–Los narradores de esta novela son tres chicos que tienen alrededor de 10, 12 y 14 años en plena dictadura. El padre les cuenta historias del pasado (de sus antepasados, del boxeador ya retirado y sus combates, etc.) como un modo, acaso, de no hablar de lo que está ocurriendo en ese presente: la dictadura. Pero el presente se cuela de todos modos. Y cuando en los años posteriores, ya adultos, los hermanos se ponen a completar o a investigar los relatos del padre (y aun los de la madre, no siempre coincidentes) también ocurre, como no podría ser de otro modo, que su infancia y que la figura de su padre termina de dibujarse o, mejor dicho, adquiere una dimensión más compleja.


–¿Cuáles fueron las fuentes literarias de esta novela?

–Ésta es una novela que no trabaja las fuentes literarias de modo tan explícito como "La mujer de Wakefield" con el cuento "Wakefield" de Nathaniel Hawthorne, o como "Todos los Funes" con los personajes llamados Funes en la literatura en castellano (Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, Horacio Quiroga, Humberto Costantini.) Creo que en esta novela hay más un trabajo de autoconciencia, es decir: que es una novela que reflexiona sobre las múltiples versiones que puede haber de una historia, de cómo se cuenta, de cómo se concita la atención de un lector, de cómo se construye la así llamada verosimilitud. No hay tesis alguna detrás de esto, claro. Hay más preguntas que respuestas.


2 comentarios:

Bisca dijo...

Es increíble darse cuenta de que todavía hoy, donde todo está tan disperso en in-contables fragmentos, haya un escritor que no solamente crea en la narración sino que la cuente y nos la ofrezca. Gracias!
Acabo de terminar de leer tu última novela que reafirma una vez más que la narración simple es simplemente posible.

Anónimo dijo...

Enhorabuena por su blog, es un placer leerlo.
Aprovecho para felicitarlo por su artículo sobre Spooner del 6 de mayo en "Crítica de la Argentina": delicioso.
Saludos desde España.